
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
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que la presencia de cirujanos puede asociarse a
la dependencia virreinal del Perú. Ese período
coincide con la presencia de gobernadores de
Chiloé “ilustrados”, quienes tal vez hayan busca-
do la categorización de la zona, efectivizándose
en consecuencia la presencia de estos profesio-
nales. De todas formas, por desgracia no pueden
ofrecerse (salvo alguna excepción) muchos datos
biográcos de estos responsables de la salud,
debiéndose contentar esta nota las más de las
veces con simples referencias circunstanciales.
El sueldo anual de los médicos era de 150 pe-
sos, y el de los cirujanos de 80 a 100 pesos (18).
A continuación, se listan las noticias halladas so-
bre cirujanos en distintas fuentes documentales y
bibliográcas, y que suman en total once perso-
nas. El registro cronológico, que les saca del pos-
tergado anonimato en que estaban, es el siguiente:
• 1788: D.n Juan Isidro Zapata. Cirujano peruano
de origen mulato (19), que se rmaba doctor (20).
Participó de la expedición de reconocimiento del
camino de Osorno por los ríos (que empezaba en
Valdivia y terminaba en Maullín), elaborando un
diario de viaje (12/2/1791-24/4/1791), en donde
da cuenta de los diversos trabajos, precauciones
con los indígenas, una epidemia de disentería,
además de describir vegetales, aves, y otros gé-
neros de animales (20). Trabajó luego en 1799 en
la isla de Juan Fernández, en 1809 en Talca y
en 1810 en Valparaíso (19); nombrado cirujano
del Batallón de Granaderos de Chile por la Jun-
ta de Gobierno (28/3/1811), condenado a muerte
después de la batalla de Rancagua, fue conmu-
tada su pena por el destierro a la Argentina esta-
bleciéndose en Mendoza en donde se incorporó
en 1815 al Hospital Militar de San Antonio (19).
• 1788: Fabián Salas. Cirujano. Junto a D.n Juan
Isidro Zapata solicita medicinas para los enfermos
de la isla de Chiloé, tramitado por Juan José de
Aguirre (18/9/1788) (21).
• 1791: D.n Ramón Pacheco y Ureta, llamado usual-
mente Ramón Ureta. Cirujano en la Compañía de
con el continente, y sumida en un gran abandono
material. Según las reglamentaciones militares,
en 1753 no estaba estipulado el cargo de ciru-
jano, ni en la Compañía de Infantería del fuerte
de San Miguel de Calbuco, ni en la Compañía de
Caballería del fuerte de San Antonio de Chacao
(14), siendo lógico pensar que en las otras vein-
ticinco compañías de milicias provinciales antes
existentes tampoco hubiera nadie con este ocio,
ya que estas últimas no eran regladas y por tanto
tampoco recibían sus mílites erario alguno (15).
Desde el año 1768, la gobernación de Chiloé dejó
de depender de la Capitanía General de Chile para
pasar a hacerlo directamente desde el Virreinato
del Perú. Esta dependencia generó un lógico vín-
culo entre ambos lugares, cristalizado en distintas
facetas sociales, económicas, etc., y esto permite
relacionar con facilidad a algunos cirujanos con la
provincia austral.
Sin embargo, el entonces gobernador de Chiloé,
D.n Carlos de Beranger (16) indica para el año
1773 que:
“Es Castro cabeza de esta provincia,
no tiene casa alguna de piedad, ni refujio para los
pobres de solemnidad, ni hospital para la curación
de los enfermos hallándose esta provincia desti-
tuida de recurso alguno en facultativos i medica-
mentos, jeneralmente en toda su estension”.
En el lapso 1788-1824 sí hay constancia de ci-
rujanos en la zona de Chiloé; aunque en el año
1791 sin embargo, vuelve a quedar patente la
inexistencia de profesionales de la salud, ya que
el cronista Francisco González de Agüeros indi-
ca “En Chilóe carecen de Hospital, de Médico, y
Medicinas” (17), referencia que parece tratarse
de un inacabado conocimiento de la situación, ya
que en el mismo año D.n Ramón Pacheco y Ureta
consta por cirujano de la Compañía de Infante-
ría de Chiloé, activo en la zona ya desde 1762.
Las causas por las que consta información en
el mencionado período 1788-1824, quizá se en-
cuentren en que se haya preservado la documen-
tación, pero lo que parece acertado es considerar