
En cambio, la segunda epidemia de fines de 1867-
verano de 1868 fue atribuida por Segura a la
propagación de la enfermedad desde el Paraguay.
Ello coincide con la cronología del desarrollo del cólera
en el ejército aliado pues los primeros casos en soldados
del ejército argentino datan del 23 de setiembre,
llegando a los 300 en octubre.
¿Qué explicación dio German Segura al cólera
paraguayo? En abril de 1867, cuando la ciudad de
Corrientes tenía enfermos de cólera, esta enfermedad
azotó los campamentos en el Paraguay, no por
surgimiento espontáneo, sino por transmisión a
través de portadores del microbio que arribaron al
Paraguay desde los países ribereños del Río de la
Plata donde existía la enfermedad aportada por los
inmigrantes italianos. Los portadores eran contingentes
militares o proveedores de insumos que salían de
Buenos Aires o Montevideo y llegaban al del puerto de
Corrientes, foco endémico.
Sabemos hoy que el cólera no puede brotar espontá-
neamente, pues siendo enfermedad transmisible debe
provenir de alguien colonizado por la bacteria (enfermo o
portador) que a su vez lo transmite a otro. Es
epidemiológicamente posible que la enfermedad, con
períodos de crisis y acalmias haya comenzado en el Río
de la Plata traído por los inmigrantes, pasado al
Paraguay y de aquí retornado al Rio de la Plata a través
de contingentes militares desmovilizados contaminados
por la bacteria, o directamente enfermos. Un verdadero
“ping-pong”.
La evolución de la epidemia en el tiempo es compatible
con la hipótesis de Germán Segura. En abril de 1867
había un foco de cólera en Corrientes. De abril a octubre
hubo en el ejército aliado en el Paraguay 300 casos con
50% de mortalidad. A fines de noviembre de 1867 volvió
el cólera a Buenos Aires con extensión a las provincias. A
comienzos de diciembre atacó Montevideo, tal vez
propagado por pasajeros de buques procedentes de la
vecina orilla no cuarentenados. De la zona urbana de la
Ciudad Vieja se propagó a los arrabales e invadió
algunas zonas del interior del país, incluyendo ciudades
tan distantes como Mercedes y Paysandú, cuyo
importante puerto fue cerrado.
La epidemia montevideana fue atroz. El Uruguay era
un país escasamente poblado. El censo de 1860 registró
221.248 habitantes (65,18 % nativos y 34,82 %
extranjeros). Montevideo tenía la densidad poblacional
más alta: 57.861 almas (52% nativos y 48% extranjeros).
Estas cifras fueron registradas para la Exposición
Universal de Viena de 1873, recogidas por el estadígrafo
Adolfo Vaillant a pedido de la Asociación Rural del
Uruguay y publicadas en libro en ese mismo año (5).
Según estimación de Germán Segura, entre diciembre
de 1867 y marzo de 1868, hubo 2952 víctimas
mortales. Para el estadígrafo Adolfo Vaillant, basado en
los cuadros de mortalidad levantados por la
Municipalidad, habrían muerto en Montevideo en 1868
por cólera en el área urbana, incluyendo Cordón y
Aguada 1405 personas, y 542 en el área rural,
entendiendo por tal Villas de La Unión y del Cerro, y
distritos del Reducto y del Paso del Molino.
La mortalidad por cólera debe aceptarse como muy
elevada: en 5 años (1865-69) murieron por todas las
causas en el área urbana 15.263 personas; en 1868 y
sólo por cólera murieron 1.405 afectados, es decir
casi el 10%. Y en el área rural, en los 5 años murieron
2.815 personas, y de ellas 542 por cólera en 1868, casi
el 20%. Aun así las estadísticas vitales deben tomarse
con precaución para esa época (pese a que desde 1847
existía la Oficina Estadística del Estado). En años
siguientes se dispondrá de información para formar
mejores estadísticas en un plan general de moderniza-
ción del país: nomenclatura de enfermedades y causas
de muerte (1874), denuncia obligatoria de enferme-
dades sospechosas a la Oficina de Salubridad (1879), y
un reglamento para la certificación de las defunciones
(1889).
La tesis doctoral de Germán Segura recogió todo lo que
en su época se sabía de la enfermedad, con las
limitaciones propias de los países alejados de los
centros del saber científico. Pero es particularmente
valiosa por la cadena epidemiológica que describió por
su experiencia en pleno foco epidémico.
Radicado en Uruguay fue designado cirujano mayor de
su ejército en 1869, gobierno de Lorenzo Batlle, casi al
final de la guerra. Fue médico del Hospital de Caridad,
una de cuyas dependencias lleva su nombre, en
reconocimiento de sus importantes servicios y de los
generosos legados –era parece hombre de fortuna- con
que a su muerte fue favorecida la asistencia pública.
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Salud Militar 2017; 36(2):57-64
Dos tesis médicas por uruguayos sobre el cólera y la Guerra del Paraguay
Su transmisión al territorio del Uruguay