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Publicación de la DNSFFAA
Los cirujanos informaron que debido al sangrado profuso
era imposible realizar la hemostasia y reconocer las
estructuras anatómicas. Se solicitó de inmediato la
transfusión de 1400 mL de plasma (7 volúmenes), 900
mL (3 volúmenes) de sangre desplasmatizada y 7
unidades de plaquetas. Se constató: hipotermia de 35ºC
de temperatura esofágica, hipotensión severa con pulso
intomable (presión arterial por medida invasiva de 50-60
mmHg de presión sistólica) y acidosis severa (ph =7.18).
Se inició la reanimación hemodinámica con inotrópicos
y vasoconstrictores: adrenalina en bolos de 30 mcg.,
fenilefrina en bolos de 200-300 mcg y goteo de
noradrenalina a dosis crecientes de hasta 0.1
mcg/kg/minuto. Se constató livideces de miembros y
anuria. Se recibió el hemograma extraído durante la
cesárea que mostró 4 gr/dL de Hg y se solicitaron nuevos
exámenes de laboratorio: hemograma, crasis, iono-
grama con calcemia (total e iónica), gasometría, función
renal y glicemia.
Se informó la situación a equipo quirúrgico y se decidió
en conjunto realizar “packing” pélvico y pausa quirúrgica
para completar la reanimación hematimétrica y del medio
interno de forma más efectiva. Durante ese tiempo se
corrigió la hipotermia, la acidosis, la hipocalcemia, la
anemia, la discrasia y la hemodinamia. Se colocó aire
caliente forzado y algodón laminado en extremidades.
Se administró 200 mL de bicarbonato al 1 Molar, 6
gramos de gluconato de calcio, 1 gramo de sulfato de
magnesio, 90 mg de ácido tranexámico, 1 litro de suero
Ringer Lactato, 2 volúmenes de sangre desplasmatizada
(600 mL), 3 volúmenes de plasma (600 mL) y 10
concentrados plaquetarios. La pausa quirúrgica fue de
una hora luego de lo cual se corroboró la corrección
clínica de las variables fisiológicas: decoloración de piel y
mucosas, desaparición de las livideces y normalización
del relleno capilar, normotensión, temperatura de 36.5º C
esofágica y diuresis de 0.5 mL/Kg. Los cirujanos
informaron acerca de la presencia de coágulos en el
campo y se acordó reiniciar el procedimiento quirúrgico.
La histerectomía se realizó sin complicaciones.
Al finalizar la cirugía se recibieron los exámenes de
control que mostraron la mejoría de las variables de
laboratorio: ionograma y gasometría normales,
hemoglobina de 9 gr/dL y exámenes de coagulación
dentro de límites normales. Persistió la mejoría clínica y
se redujo la necesidad de inotrópicos hasta que fueron
innecesarios. Se mantuvo a la paciente estable en sala
de operaciones durante 45 minutos comprobándose un
índice PaFi de 400 con ventilación espontánea y la
persistencia de la estabilidad hemodinámica sin
reincidencia del sangrado. Se extubó en sala de
operaciones y se trasladó a terapia intensiva donde
ingresó con discreta palidez cutáneo-mucosa,
normotensa y con frecuencia cardiaca de 90 ciclos por
minuto, sin dolor. Subjetivamente refiere sentirse “muy
bien” y con deseos de conocer a su recién nacido. Cursó
las primeras 12 horas en cuidados intensivos y se inició la
lactancia materna precozmente.
ANÁLISIS Y DISCUSIÓN
La mortalidad global en la hemorragia masiva varía
según los autores entre un 15 y un 54% (4,13,14) y se
relaciona con el número de concentrados hemáticos
transfundidos, la relación entre el volumen de sangre
desplasmatizada, plasma y plaquetas usados durante la
reposición (14,15), la presencia o no de coagulopatía y la
capacidad o no de control quirúrgico. La mortalidad en la
hemorragia masiva aumenta a cifras de 75% cuando se
presenta coagulopatía, hecho que fue descrito ya en el
año 1970 (16). Esta complicación es multifactorial y su
abordaje terapéutico debe estar dirigido a cortar el
círculo vicioso que se produce entre: hemorragia,
hemodilución, acidosis e hipotermia, discrasia y mayor
sangrado (17,18). La presencia de acidosis, discrasia e
hipotermia es conocida como la “tríada de la muerte” o
“tríada letal” (19,20) y requiere de una reposición
enérgica y simultánea de hematocomponentes que fue
aprendida en las situaciones de guerra: plasma, sangre
desplasmatizada y plaquetas en relación aproximada de
1-1y 1 (21-23). Evitar la tríada de la muerte es necesario
en las cirugías en las que no se puede detener el
sangrado ni controlar el daño tisular, pues los factores de
la coagulación y las plaquetas se consumen durante el
sangrado llevando al círculo vicioso mencionado.
Sin embargo, la necesidad de plasma y de plaquetas
durante el sangrado quirúrgico controlado no suele ser
necesaria y puede ser deletéreo (24). En ese caso si se
presenta coagulopatía no es por consumo sino por
hemodilución y ello se produce cuando hay menos de un
30% de los factores de la coagulación y el sangrado ha
excedido el 70% de la volemia: aproximadamente 3 litros
para un paciente de 70 kg. Si se mantiene la
normovolemia, la normotermia y el equilibrio ácido base,
raramente se requiere la transfusión de plasma y de
plaquetas.