Muy poco es lo que se conoce sobre este médico
oriental. El hallazgo de documentación en un repositorio
de infrecuente consulta por los historiadores (Estado
Mayor del Ercito, Sección Historia y Archivo) ha
permitido ilustrar algunos aspectos de su vida.
Los ancestros
Juan Francisco Correa nació en el “pueblo nuevo” de San
Carlos, localidad del actual Departamento de Maldonado
(Uruguay), el de julio de 1812.
Sus ancestros procedían de las islas Azores, Reino de
Portugal (Figura 2).
Sus bisabuelos: Joao Toste Da Costa, natural de la
feligresía de San Pedro de Ribeirinha, Isla Terceira casó
con Agueda Da Luz, de la misma isla. Joao falleció en
Río Grande, Brasil en 1754 (Libro de Obitos, fs. 66v) y
su viuda volvió a casar en 1757 con el soldado dragón
Manuel Leite Vieira, (viudo de María Ramos, sin
sucesión), natural de la isla de San Miguel, feligresía dos
Santos Reis Magos.
Agueda Da Luz moriría trágicamente el 10 de marzo de
1772 cuando al caer del carro que la transportaba con su
esposo Manuel Leite, una de sus ruedas le aplastó su
cabeza, en lo que sería el primer siniestro de tránsito de
que se tiene conocimiento.
Sus abuelos: de la unión de Joao con Agueda nació
Josefa Mariana de la Luz, bautizada en la isla Terceira,
feligresía de San Bartolomeu dos Regatos. Josefa casó
con Manuel Correa Simois, natural de la misma isla,
parroquia de San Antonio, Porto Judeu (hijo legítimo de
Pedro Correia y Francisca Machado).
Josefa y Manuel, ya en tierra americana se radicaron en
Minas Geraes donde nacieron alguno de sus hijos y
luego bajaron a Río Grande donde consta en 1757 haber
apadrinado el bautismo de Helena, hija legítima de
Antonio Moniz Leite (hermano de Manuel, el segundo
esposo de Agueda Da Luz) y de Francisca Fagúndez de
Oliveira. Fue desde Río Grande donde Josefa Mariana
de la Luz, ya viuda, pues Manuel Correa, su esposo,
murió en Río Grande (1) fue transplantada al territorio
oriental, cargada de hijos con destino al “pueblo nuevo”
de San Carlos (también conocido como “Maldonado
chico”) en carácter de fundadora en 1763.
Sus padres: uno de los hijos de Manuel Correa Simois y
Josefa Mariana de la Luz nacido en América fue Juan de
la Cruz Correa de la Luz (c. 1755-1827), luego Capitán
del Regimiento de Voluntarios de Caballería de
Maldonado y Alcalde de San Carlos. Natural de Río
Grande, Brasil, Juan de la Cruz vino con madre y
hermanos con apenas cinco años cuando el general
español Pedro de Cevallos envió a los “isleños” desde la
conquistada Río Grande para fundar un “pueblo nuevo”
en las afueras de Maldonado, que llamó San Carlos.
Casó en 1788 en Maldonado con Juana Felipa Angos
(1769- ¿?), natural de Montevideo. El “casal” tuvo varios
hijos, y uno de los siete fue el médico Juan Francisco
Correa Angos, bautizado en su pueblo de nacimiento
(Libro de Bautismos, III, San Carlos, f. 60v) (1-4).
HISTORIA DE LA MEDICINA
Aporte documental para la biografía del médico
Juan Francisco C
orrea Angos
(San Carlos, 1º julio 1812 – 2 setiembre 1876)
Doi: http://dx.doi.org/10.35954/SM2017.36.1.8
Dr. Augusto Soiza Larrosa
a
, Lic. Fabián Melogno Vélez
b
a)
Médico, Miembro de Honor de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina
b)
Licenciado en historia-genealogista. Presidente del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay
Recibido: Febrero 2017
Aceptado: Abril 2017
Correspondencia: 21 de setiembre 2713 CP.11300, Montevideo, Uruguay Tel.: (+598)27101418
E-mail: asoiza@adinet.com.uy
Salud Militar 2017; 36(1):58-69
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Salud Militar 2017; 36(1):58-69
Aporte documental para la biografía del médico
JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
Juan Francisco Correa tuvo como hermano al destacado
militar, Manuel (Figura 1), también natural de San Carlos
(1790-1851) que ostentó el grado de general de la
República. Es Manuel y no Juan Francisco a quien
destaca la historia. Se vistió de gloria en la Guerra del
Brasil al comandar el Batallón de Cazadores en la
batalla de Ituzaingó (Paso del Rosario, Río Grande, 20
de febrero de 1827). Fue ministro de Guerra y Marina del
gobierno de La Defensa durante la Guerra Grande
(1847). Le llevaba a Juan Francisco 22 os de
diferencia. De la unión de Manuel Correa con Manuela
Petrona Somellera nació Manuela Petrona Correa
Somellera (natural de Buenos Aires, aunque su partida
de defunción la hace nacer en Montevideo) quien será a
la vez sobrina y esposa de Juan Francisco.
En efecto, Juan Francisco Correa casó con la hija de su
hermano Manuela Petrona Correa en 1840. En 1842
bautizaron una hija, de la cual no se tienen más datos; en
la partida bautismal su padre figura como “el profesor de
medicina y cirugía teniente coronel honorario”.
Manuela Petrona Correa de Correa, ya viuda y sin hijos,
murió en Montevideo a los 81 años el 20 de marzo de
1905 en su casa de la calle Agraciada Nº 409
(numeración antigua, ex Camino al Paso del Molino),
barrio de La Aguada, por “carcinoma de estómago”
según certificó el doctor Pedro Lenguas (Registro del
Estado Civil, Libro C, Registro de Defunciones,
sección judicial de Montevideo, acta Nº 58, 21 de marzo
de 1905).
El médico
Juan Francisco Correa fue uno de los 24 uruguayos que
estudiaron medicina y cirugía en Buenos Aires entre
1825 y 1900. No existiendo en su país natal una Facultad
o Escuela de Medicina (que recién se establecería por
decreto en 1875), los jóvenes orientales debían dirigirse
a las Facultades europeas o a la más cercana de Buenos
Aires. Ésta Facultad o como se le llamó, Departamento
de Medicina se erigió por decreto de Bernardino
Rivadavia en 1821 como integrante de la Universidad
(Figura 3). Los cursos regulares de la Escuela de
Medicina bonaerense se iniciaron en 1822. Desde 1827
por decreto se instituyó la presentación de una tesis
médica dentro del reglamento de exámenes para aspirar
al grado de doctor, además del examen general. En sus
aulas estudiaron y defendieron sus tesis varios orientales
que luego retornaron a su patria, en tanto otros
permanecieron en la tierra hermana. Juan Francisco
Correa fue uno de los que regresó al suelo oriental (5).
A la fecha nada se conoce de su permanencia en Buenos
Aires ni de su tesis. Pero es seguro que se tituló en
Buenos Aires, como se desprende de su presentación a
la Junta de Higiene de Montevideo el 23 de febrero de
1839 para registrar su título de doctor en medicina,
exhibiendo el correspondiente diploma expedido por el
Tribunal de Medicina de Buenos Aires y constando haber
presentado tesis en 1835, cuyo título no se consigna.
Tenía 27 años (6).
El 12 de agosto de 1821 se inauguró oficialmente la
Universidad de Buenos Aires gracias al impulso de
Bernardino Rivadavia. En sus comienzos incorporó las
instituciones docentes que ya existían; en cuanto a la
Escuela o Departamento de Medicina (1822) se le
integró el Instituto Médico Militar de 1813 fundado por el
médico Cosme Mariano Argerich. A partir de la creación
de la Universidad las funciones docentes del Instituto
dico Militar y el control del ejercicio dico y
expedición de tulos pasaron al Departamento de
Medicina y al Tribunal de Medicina respectivamente. Las
materias curriculares de introducción progresiva en su
primera etapa (cuatro años desde 1827, año en que se
graduó la primera generacn de médicos) fueron
anatomía y fisiología, patología y clínica médica, ídem
quirúrgica, materia médica y farmacia, medicina legal,
práctica de partos, enfermedades de niños y paridas
(suprimidas estas tres últimas en abril de 1835 por
decreto de Juan Manuel de Rosas). Desde 1833, se
agregó higiene y se prolongaron los cursos a cinco años.
Se reglamentaron los estudios mayores; las exigencias
para el egreso. Incluyeron por decreto del 11 de agosto
de 1821:
1. Un examen de preguntas precisas por tres
catedráticos en la Facultad de grado, sin ceñirse a ningún
tratado particular, por espacio de una hora.
60
Publicación de la DNSFFAA
2. Una disertación que debe así mismo durar una hora,
sobre un punto sacado por suerte, la cual debe
examinarse y censurarse por los mismos examinadores
luego que la entregue el funcionante que será a las
cuarenta y ocho horas.
3. Aprobada la disertación debe el funcionante leer en
público su disertación, sostener una tesis, y sujetarlas a
las réplicas y preguntas que le hagan los mismos
catedráticos y examinadores”.
“Sostener una tesis” no es lo mismo que “redactar una
tesis”. El reglamento en ese aspecto no es claro. Pero
más allá de esta incertidumbre, lo cierto es que la
formalidad en la presentación de la tesis fue reglamen-
tada recién en 1827 (decreto de Bernardino Rivadavia,
21 de junio). No es de extrañar que la tesis de Juan
Francisco Correa de 1835 no aparezca; sucesivos
traslados edilicios de la Universidad (incluyendo el
abandono que de ella hizo el gobierno de Rosas),
trastocaron la conservación y organización de un archivo
en buena forma; el arreglo de la papelería se hizo años
después. Algunas tesis, sobre todo manuscritas (pues su
impresión era muy onerosa y no fue obligatoria en
medicina hasta 1852) se extraviaron o literalmente
desaparecieron. Entre 1827 y 1851 se conocen 82 tesis
bonaerenses (sólo 27 impresas). Las hay de medicina y
de cirugía, pues se otorgaba el grado de doctor en una u
otra especialidad (o en ambas). El Tribunal de Medicina,
que otorgaba el título de profesor de medicina y cirugía,
no exigía tesis, pero sí la Facultad, Escuela o
Departamento.
La biblioteca de la Facultad de Medicina de Buenos Aires
tiene una colección de 2761 tesis (no completa), y no
registra la de Juan Francisco Correa. Tampoco lo hace el
catálogo cronológico del Dr. Marcial R. Candiotti que
cuenta 8686 tesis de todas las profesiones universitarias
entre 1821 y 1919 (7). Por tanto es probable que haya
sido una tesis manuscrita y debe considerarse perdida.
Su ejercicio profesional
Su historial médico es de difícil reconstrucción y surge de
datos sueltos extraídos de documentos y obras de
referencia. Habiendo sido por años cirujano de ejército y
afecto a Manuel Oribe es llamativo que obra tan ilustrada
como la de Mateo Magariños de Mello “El gobierno del
Cerrito” no tenga sino una sola cita donde figura Juan
Francisco Correa, y ésta como “D. Francisco Correa”.
Su vida médica, ya en suelo oriental, habría comenzado
no antes de 1835. Y fue en el ámbito militar. En su legajo
que se conserva en el Departamento de Estudios
Hisricos del Estado Mayor del Ejército (División
Historia y Archivo, Sección Oficiales) consta que empezó
a servir a la Patria como cirujano en el escalafón militar
con el empleo de sargento mayor desde el 1º de agosto
de 1835, apenas expedido su título de doctor en
medicina por el Tribunal de Medicina de Buenos Aires.
Comenzó su ejercicio médico durante el gobierno del
brigadier general Manuel Oribe, segundo presidente
constitucional de la República. El grado con que se
empleó en el ejército, sargento mayor, era el habitual con
que se enganchaban los médicos (los boticarios como
capitán, y los practicantes como alféreces).
Rápidamente ascendió al grado siguiente de teniente
coronel el 21 de octubre del mismo año, todo lo que surge
documentadamente del petitorio de pensión de su viuda
en 1876 [documento 1].
Los avatares de la guerra le esperaban. El 1º de marzo
de 1835 el brigadier general Manuel Oribe fue electo
como segundo presidente constitucional de la República
Oriental, sustituyendo a su homónimo jerárquico
Fructuoso Rivera. Pero éste se levantó en armas e
invadió el país en julio de 1836, comenzado un dilatado
período de guerra.
En su calidad de cirujano presupuestado del ejército
constitucional de la República, Juan Francisco Correa
acompañó a las fuerzas del gobierno. Sirvió en la batalla
de Carpintería y mereció por ello el diploma de
“Benemérito de la Patria” según documento que se
custodia en el Archivo General de la Nación (8).
La batalla de Carpintería tuvo lugar en las costas del
arroyo homónimo, departamento de Durazno, el 19 de
setiembre de 1836, enfrentados el ejército al mando de
Ignacio Oribe, hermano del presidente constitucional en
ejercicio y Juan Antonio Lavalleja, al ejército invasor que
respondía al brigadier general y expresidente constitu-
cional Fructuoso Rivera acompañado por el general Juan
Lavalle. Fue en esa batalla que los ejércitos lucieron sus
colores blanco y colorado respectivamente, lo que desde
entonces distingue a nuestros dos partidos políticos
tradicionales.
61
Salud Militar 2017; 36(1):58-69
En la acción de las costas del río Yi (21 de noviembre de
1837) fue herido con un golpe de lanza en un brazo.
Sabemos de su participación en ambos combates pues
el presidente constitucional y general en jefe del ejército
de la República Manuel Oribe le distinguió con una
recomendación al ministro del ramo, enfatizando su
valentía, patriotismo y ardor puesto en su labor de
cirujano [documento 2].
En esa época, los médicos o cirujanos de ejército
formaban en primera línea de combate, por lo que
podían ser muertos o heridos. Repárese en el tipo de
herida recibida por Juan Francisco Correa: un lanzaso. A
estar por la documentación, no parece haber quedado
secuela de la misma ni haber sido invalidado para el
servicio del ejército.
En 1838, el de julio le fue ordenado presentarse en la
casa de un tal “Sr. Iriarte” para reconocer [examinar,
autopsiar] el cadáver del coronel mayor del ejército
constitucional (equivalente a general de brigada) Manuel
Britos, muerto pocos días después de la batalla de
Palmar (departamento de Paysandú, 15 de junio de
1838) [documento 3]. El general Manuel Britos había
sido detenido por el hermano del presidente, general
Ignacio Oribe acusado de negligencia en la lucha y
culpándolo de la derrota de la batalla. Le envió a
Montevideo (se dijo que engrillado) desde Paysandú
abordo de la goleta nacional “Minerva”, ya enfermo
[documento 4]
¿De qué murió Britos?. Murió antes de llegar al puerto
de Montevideo el de julio. Los rumores se hicieron oir,
obligando al gobierno a dilucidar el porqué de su muerte
y deslindar responsabilidad en ella. La autopsia
determinó que falleció como consecuencia del
recrudecimiento de una “enfermedad vesical anterior”
según Fernández Saldaña (9); en tanto los cirujanos
Praderi y Bergalli la tipifican de “antigua enfermedad
vésico-renal” sin entrar en detalles ni identificar la fuente
(10). Lo cierto es que no se habrían encontrado lesiones
de violencia ni vinculo de su muerte con el apresamiento,
y a una enfermedad previa, es decir, se trataba de una
muerte de causa natural.
En setiembre de 1838 pasó como “cirujano general del
ejército” a la División del general Servando Gómez
[documento 5].
Dividido el país durante la Guerra Grande (1843-1851),
Juan Francisco Correa permaneció en el gobierno del
Cerrito presidido por el depuesto presidente Manuel
Oribe, sitiando Montevideo. Curioso destino de
hermanos, el mayor y suegro a la vez - Manuel - estaba
enrolado en el gobierno de la Defensa, de Fructuoso
Rivera.
En abril de 1843, por orden superior hubo de establecer
en el Paso de las Duranas (un vado sobre el arroyo
Miguelete) lo que se llamó “Hospital Militar de la
derecha”, en referencia al extremo de la línea sitiadora.
Allí permaneció hasta 1845, en que pasó a hacerse
cargo del Hospital Militar de Canelones hasta su retorno
a los aledaños del sitiado Montevideo. Un aviso
aparecido en el periódico oribista “El Defensor de la
Independencia Americana” (Nº 144, 27 de julio de 1846)
anuncia que “El profesor de medicina y cirugía que firma
[Juan Francisco Correa] participa a sus amigos y a todas
las personas que quieran favorecerlo con su confianza,
que ha vuelto a fijar su residencia en el Paso del Molino
en el Miguelete en donde se le hallará pronto para el
desempeño de su facultad” (11).
Fig. 1. Su hermano mayor y suegro, el general Manuel
Correa Angos.
Aporte documental para la biografía del médico
JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
Publicación de la DNSFFAA
62
Recibió del presidente Manuel Oribe el encargo de
inspeccionar las boticas de la Restauración (Villa de La
Unión), reconocer el estado de las medicinas a
despachar y formar un arancel al que debían ajustarse
los boticarios al expenderlas. Asimismo, fue integrante
de la Comisión Clasicadora [de esclavos] de
Montevideo presidida por el jefe político Andrés Viana.
Es pertinente, por ser bastante poco conocido cuál era el
cometido de esta Comisión. Fue la consecuencia de la
ley de abolición de la esclavitud decretada por Manuel
Oribe (28 de octubre de 1846), emancipación no exenta
de un objetivo militar: los emancipados varones serían
destinados al servicio de las armas (lo que ya venía
funcionando desde 1842) siendo el Estado deudor a su
anteriores dueños bajo modalidad que se dejaba
librada para después de nalizada la guerra. Esa
emancipación ha sido calificada de “leva en masa de
esclavos para el ejército”. En el decreto reglamentario,
un día después del cúmplase a la ley (29 de octubre) se
estableció la Comisión Clasificadora (Nacional y para los
Departamentos) que tenía por cometidos la filiación de
los esclavos y el estudio de los “títulos de propiedad”,
expidiendo luego un certificado por cada esclavo a los
fines de la indemnización a sus dueños. Es que sólo se
indemnizaría por esclavos legítimos, comprados y con
título de propiedad, no los adquiridos de facto. Uno de los
miembros de la Comisión, de ser posible debía ser
médico aunque no queda claro el ¿porqué? (¿examina-
ría la aptitud del esclavo para las armas?). Por el decreto
siguiente (11 de noviembre) se designó a los miembros
de la Comisión Nacional y para ella al médico José
Previtali. Para Montevideo, la Comisión Clasificadora
Departamental contó con “D. Francisco Correa”, que no
era otro que Juan Francisco Zoilo Correa (11).
Poco tiempo pudo estar en Montevideo, pues finalizada
la tarea de la Comisión Clasificadora hubo de trasladarse
al pueblo del Rosario donde por orden del Comandante
Militar del departamento de Colonia, el teniente coronel
Lucas Moreno, se hizo cargo de asistir a la tropa allí
acantonada. Siguió luego a San José por orden del
propio Oribe para dirigir el hospital militar local, y en ese
destino se mantuvo hasta el fin de la Guerra Grande.
Fig. 2. Azores. Isla Terceira
63
Salud Militar 2017; 36(1):58-69
En 1852, creada el 19 de noviembre la Sociedad de
Medicina de Montevideo, la integró desde su inicio,
siendo pues miembro fundador. Fue ésta la segunda
sociedad médica oriental, pues la primera, Sociedad de
Amigos Médicos o Tertulia Médica, se creó en 1831,
presidida por el médico andaluz Juan Gutiérrez Moreno,
aunque de fugaz duración. Las dos únicas interven-
ciones que tuvo Juan Francisco Correa en la sociedad
médica de 1852 fueron suscribir el acta fundacional, y
solicitar ser excusado de la concurrencia a las sesiones
el 4 de abril de 1854 esgrimiendo razones personales.
El 22 de octubre de 1853 murió inopinadamente en el
llamado Fuerte de Montevideo, sede del gobernador en
la época colonial (se levantaba en la actual Plaza
Zabala) el brigadier general Juan Antonio Lavalleja, uno
de integrantes del triunvirato gobernante (con Fructuoso
Rivera y Venancio Flores). La muerte fue brusca, en su
despacho y estaba presente Venancio Flores. También
corrieron rumores de muerte “sospechosa”. La autopsia,
ejecutada en su propia casa, actual sede del Museo
Histórico Nacional y en la mesa del comedor, fue
conducida por una junta médica impresionante, que
prácticamente congregó a todos los médicos de la
ciudad. Juan Francisco Correa fue uno de los
participantes y firmantes del dictamen de muerte natural.
Hasta el día de hoy se discute la causa de la lesión
encontrada en la apertura del cráneo. Nuestra
explicación, basada en las autopsias hospitalarias y
médico legales realizadas por años, pasa por un mero
fenómeno postmortem y no por un hematoma extra-
cerebral (12).
Finalizada la guerra, y autorizado por el presidente de la
República Joaquín Suárez y el general Eugenio Garzón
pudo por fin radicarse en Montevideo. El dico
ostentaba un grado militar en carácter de “honorario”, lo
que no le aseguraba estipendio seguro y continuado. Un
socorro mensual le había sido habitualmente fijado por el
propio presidente Oribe. Había recibido también “alguna
ligera gratificación” por oficinas del Estado pero no en
forma regular. Solamente gozó del sueldo de su grado
mientras formó parte de la Comisión Clasificadora, de
breve duración. Tal lo que se desprende de su detallado
memorial elevado al ministro de Guerra y Marina en 1854
[documento 6] y de la petición pensionaria por su viuda
[documento 1]. Pidió entonces se le concediera el sueldo
de teniente coronel, agregando como antecedente “cuya
gracia ha sido otorgada a los cirujanos [Cornelio]
Espilman (sic), [José] Ballesteros y...”.
Fig. 3. Hospital de Hombres, barrio de San Telmo, Buenos Aires primera escuela de medicina hasta 1858 (foto 1880)
Aporte documental para la biografía del médico
JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
Publicación de la DNSFFAA
64
Pero es del caso que el citado cirujano artiguista Cornelio
Spielman, a cargo del hospital principal del gobierno del
Cerrito tampoco había tenido sueldo fijo, sino algún
socorro nada brillante, además de las raciones que se
distribuían a todos los servidores del Estado (11). Así de
mal se retribuía en la época a los médicos al servicio del
ejército. La documentación no permite establecer el
resultado de la gestión de Juan Francisco Correa, pero a
estar de la solicitud de su viuda, que más adelante
citaremos, es seguro que logró su propósito.
En 1857, durante la epidemia de fiebre amarilla, estuvo
en la primera línea para asistir a los infectados por la
picadura del desconocido agente del virus amarílico, el
mosquito Aedes Aegyptii. Su nombre figura en la lista de
los médicos que enfrentaron la epidemia según Heraclio
Fajardo (13). Por entonces, había fijado residencia en la
zona de la Aguada.
Consta en su legajo que en 1858, bajo presidencia
constitucional de Gabriel Antonio Pereira, Juan
Francisco Zoilo Correa, por entonces cirujano del
Batallón del Cuerpo de Guardias Nacionales obtuvo
licencia del Estado Mayor del Ejército por dos meses
para reponer su salud [documento 7]. El escribano José
Gil a nombre del jefe político y de policía del
Departamento de Minas coronel Manuel Carabajal
certificó que efectivamente “se halla en su Estable-
cimiento de Estancia” en Cebollatí [documento 8]. ¿Qué
estancia era esa?. Es probable que se tratara de la que
poseía el jefe político y de policía del departamento de
Minas (hoy Lavalleja), el afamado lancero Manuel
“Manduca” Carabajal que libra el certificado bajo firma de
un escribano. Estaba en la confluencia del arroyo
Piranga con el río Cebollatí. Allí levantó su “Azotea de
Manduca”, construcción tipo fortaleza emplazada en una
loma que dominaba los extensos valles, con un torreón
cuadrangular, de lisos muros, sin aberturas, verdadero
atalaya en tiempos de acechanzas y asaltos. Javier de
Viana la describió en su novela “Gurí” como una ruina
vigorosa, un castillo feudal donde ningún árbol le da
sombra ni tierra de labranza le rodea. Uno de los nietos
del militar, el abogado Santiago De Brum Carabajal
levantó allí el casco de su “Estancia Manduca”, tal vez
sobre los cimientos de la azotea de su abuelo (14).
En 1865, a las apuradas, se decretó la formación de un
cuerpo sanitario militar ante la inminencia del asedio y
sitio de Montevideo por las tropas invasoras del general
Venancio Flores luego de la derrota que infligiera a las
fuerzas constitucionales de Paysandú comandadas por
Leandro Gómez en los primeros días del año. Leandro
mez fue ejecutado en Paysandú y el victorioso
Venancio Flores bajó a los aledaños de Montevideo. El
gobierno constitucional, con fecha 20 de enero de 1865
dictó un decreto organizando un Cuerpo Médico Militar, a
todas luces irrealizable. Por su artículo se creaban tres
ambulancias, eufemismo por médicos móviles que
debían correr a la asistencia de heridos en un hipotético
frente de batalla. A Juan Francisco Correa, como cirujano
del ejército se le encargó la jefatura de la ambulancia
ubicada sobre la derecha de la línea defensiva, asistido
por su colega Ramón Sebastiá. Sería provista del
instrumental, medicamentos y vendajes necesarios para
las primeras curaciones y operaciones de urgencia. Las
arcas del Estado no estaban preparadas para el costo de
esta compleja organización médico-quirúrgica, y una
Comisión Auxiliar de Guerra debía promover suscrip-
ciones y colectas necesarias “para el mejor cumplimiento
de este decreto”. Aparece como una ilusión que ante un
asedio inminente, las arcas estatales esperaran
suscripciones y colectas. Es incierto que esta organiza-
ción se haya efectivizado. Los médicos fueron
obviamente renuentes a participar. Montevideo por cierto
fue bloqueada entre el 2 y el 20 de febrero, pero se logró
la paz por el Pacto de La Unión el 20 de febrero de 1865.
Ni el Cuerpo Médico Militar ni la organización hospitalaria
decretada subsistieron más allá de ese pacto (15).
Hasta su muerte, el 2 de setiembre de 1876, computó
más de 41 años de servicios como cirujano del ejército.
Su viuda inició, a los pocos días, el periplo de obtener su
pensión [documento 1], derecho que le era reconocido
por el Estado (16) según la ley del 19 de marzo de 1835:
“Viudedad que deben gozar las viudas de los jefes y
oficiales. El Senado y la Cámara de RR, etc:
“Art. 1º. Las viudas de los jefes y oficiales del Estado, y a
falta de ello sus hijos varones hasta la edad de 21 años y
mujeres hasta que tomen estado cuyos maridos o padres
hayan vencido su antigüedad en el servicio del mismo desde
ocho años hasta veinte, gozarán la tercera parte del sueldo
que aquel gozare en el acto de su fallecimiento; la mitad de
veinte a treinta para arriba”.
Para el cómputo de años de servicio se tendría presente
según el artículo 4º: a) se contaría la antigüedad del
servicio desde el de mayo de 1825; b) los servicios
previos a esa fecha sumarían 16 años; c) se aumentaría
hasta 30 años de servicios en caso de su prestación en la
guerra contra el Imperio del Brasil.
Art. 6º. Todos los jefes y oficiales del ejército tendrán de
descuento, para el objeto, el sueldo de un día en cada mes; y
la diferencia de sueldo de un grado a otro en los ascensos
por sólo el primer mes que hayan de percibir en el empleo a
que asciendan”.
Aporte documental
Documento 1. Petición de pensión por la viuda del
cirujano teniente coronel honorario Juan Francisco
Correa. Montevideo, setiembre 12 de 1876. E.M.E.,
Sección Historia y Archivo.
“Montevideo, setiembre 12 de 1876.
Estado Mayor General. Carpeta del asunto de Manuela
Correa viuda del teniente coronel Dn. Juan Fco. Correa.
Se presenta solicitando cédula [ilegible] de acuerdo a las que
se encuentran en igual caso; previos los informes de esta
oficina a falta de despacho.
Acompaña la siguiente documentación: 1º fe de casada (24 de
Setiembre del 40) 35 años 4 meses y 14 días; fe de óbito (2 de
setiembre de 1876) 10 días; 3º certificado del juez de paz en
que se acredita que ha vivido en perfecto consorcio con su
esposo hasta su fallecimiento; fe de viuda del cura párroco.
Nota al margen: Falta los despachos militares de su esposo y
la fe de bautismo de los hijos si los tiene.
Honorable Exmo. Sr: Manuela Correa viuda del teniente
coronel cirujano de ejército Dn. Juan Fco. Correa solicita la
cédula con los servicios correspondientes a los de su esposo y
acompaña a la vez los documentos que acreditan sus derechos
de esposa legítima. En este Estado Mayor General consta al
folio 84 del escalafón militar que el finado Dn. Juan Fco.
Correa empezó a servir al país en el empleo de sargento mayor
cirujano de ejército el 1º de agosto de 1835 y que ascendió a
teniente coronel el 21 de octubre de 1835; falleciendo el 2 de
setiembre del corriente año con un período de cuarenta y un
años, un mes y dos días de servicios al país en que sufrió con
toda regularidad el descuento de montepío señalado en el
artículo de la ley de 19 de marzo de 1835 (16). La Sra.
Peticionaria no acompaña los despachos por haberse
extraviado; pero su anotación consta en este Estado Mayor
General en el libro respectivo y en el escalafón. No acompaña
tampoco partida de bautismo por ser mayor de edad los hijos
que sobreviven.
A la Sra. Peticionante le corresponde el goce de las dos
terceras partes del sueldo que gozaba su finado esposo de
conformidad con el articulo de la ley antes citada.
El día 20 de setiembre de 1876 le fue concedida la cédula y éste
cómputo pasa al archivo (rúbrica) Rodríguez”.
Documento 2. Oficio del presidente de la República y
general en jefe del Ejército Manuel Oribe al ministro de
Guerra y Marina sobre el cirujano Juan Francisco Correa
solicitando sea beneficiado con un aumento de su
sueldo. Cuartel General en [tachado] Noviembre [¿20?]
1837. Arch. Gral. Nación, Montevideo.
El Presidente de la República.
General en Jefe del Ejército.
Al Exmo. Sor. Ministro de la Guerra y Marina.
El teniente coronel honorario cirujano Dn. Juan Fco. Correa,
que tan bizarramente se portó en la acción de la Carpintería,
acaba nuevamente de acreditar su ardimiento y patriótico
entusiasmo en la acción del Durazno el 21 del presente, de la
cual salió herido de un lanzaso (x) y yo considero muy justo
suplicar al Gobierno recabe de las Honorables Cámaras una
autorización para aumentarle su sueldo hasta la cantidad de
cien pesos mensuales.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años.
Cuartel General [tachado] Noviembre [cortado] de 1837”
(x) Al margen con diferente caligrafía“y yo considero como
un deber de justicia recomendarlo como lo hago al Gobierno
por conducto de Vuestra Excelencia”.
Documento 3. Oficio enviado del Estado Mayor General
al cirujano del ejército Juan Francisco Correa, sobre el
reconocimiento del cadáver del general Manuel Britos.
Montevideo, julio 1º de 1838. E.M.E., Sección Historia y
Archivo.
“Estado Mayor General.
Montevideo, Julio 1 de 1838.
La Superioridad ha dispuesto que a las once y media de la
mañana de este a se incorpore Vd. a la reunión de
Facultativos que ha de hacerse en la casa del Señor Iriarte
para reconocer el cadáver del Señor General D. Manuel
Britos, que se hallará en ella a la hora expresada.
Dios guarde a Vd. muchos años.
Por orden del Sor. General
(rúbrica) Carlos De San Vicente.
Al cirujano de ejército Don Juan Fran.co Correa”.
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Aporte documental para la biografía del médico
JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
Publicación de la DNSFFAA
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Documento 4. Fructuoso Rivera a Andrés Lamas sobre
el apresamiento del general Manuel Britos, Arroyo
Grande, Julio 2 de 1838. AGN, Fondo M. H. N. caja 107.
“Julio 2 de 1838 Arroyo Grande
Hoy se han presentado tres pasados de la guarnición de
Paysandú que salieron antes de anoche, lo que ratificaron la
noticia de que Oribe condujo preso a Britos el día que él
embarUruguay abajo. Dicen los pasados que Oribe y los
oficiales que le acompañaban culpaban a Britos la pérdida de
la batalla. Sería célebre que los Oribe fusilasen a Britos
después que no ha mucho tiempo era el hombre en quien tenían
toda la confianza para la guerra”.
Documento 5. El general José Brito del Pino al cirujano
Juan Francisco Correa. Montevideo, setiembre 3 de
1838. E.M.E., Sección Historia y Archivo.
“Secretaría del Ministerio de Guerra y Marina
Montevideo, setiembre 3 de 1838
Con esta fecha la Superioridad ha dispuesto pase Vd. a
prestar los servicios de su facultad a la División del señor
general D. Servando Gómez, en cuyo destino tendrá Vd. su
residencia.
Lo que se le comunica para su cumplimiento.
Dios guarde a vuestra a Vd. muchos años.
(firmado) José Brito del Pino.
Al cirujano general del ejército D. Juan Fco. Correa”
Documento 6. El teniente coronel honorario cirujano
Juan Francisco Correa al Ministro de Guerra y Marina
pide se le abonen sueldos y se dicte resolución
ministerial. Año 1854. E.M.E., Sección Historia y Archivo.
“Excelentísimo Señor
Don Juan Francisco Correa, médico y cirujano, miembro
fundador de la Sociedad de Medicina Montevideana, teniente
coronel honorario ante Vd. respetuosamente se presenta y dice
que por los adjuntos despachos verá Vd. que sirvo a mi país en
mi profesión médica desde el año de 1835 sufriendo los
[ilegible ¿avatares? ] de penosas campañas.
Como mis servicios Excelentísimo Señor son más que los que
aparecen en mis despachos, voy a hacer una reseña de ellos
para el superior conocimiento de Vuestra Excelencia.
Después de los servicios anteriores, en abril de 1843 por orden
del señor general D. Manuel Oribe establecí en el Paso de las
Duranas en el Miguelete el Hospital Militar de la derecha al
que asistí hasta el año de 1845 en que fui a hacerme cargo del
Hospital Militar de Canelones siendo comandante de aquel
Departamento el teniente coronel Don Juan Angel Gofarini.
Allí permanecí hasta el año 1847. Obligado entonces por el
mal estado de mi salud a regresar al Miguelete, fui
comisionado por el señor general Oribe para inspeccionar las
boticas de la Villa de La Unión, reconocer el estado de las
medicinas que se despachaban en ellas y formar un arancel
para el cual debían guiarse los farmacéuticos de aquel destino.
En ese mismo tiempo fui nombrado por dicho señor general
don Manuel Oribe miembro de la Comisión Clasificadora de
Esclavos de la que era presidente el señor don Andrés Viana,
jefe político en aquella época. Terminada esta Comisión pasé
al pueblo del Rosario en donde por orden del comandante de
aquel Departamento Dn. Lucas Moreno me hice cargo de la
asistencia profesional a los militares que allí existían; estando
en este puesto recibí orden del Sr. general Oribe para
establecerme en el pueblo de San José poniéndome al frente del
Hospital Militar que allí existía y hecho cargo de la asistencia
profesional de las familias de los Guardias Nacionales de
aquel Departamento del que era comandante el mayor Dn.
Juan Angel Alvarez. En este destino permanecí hasta que
terminó la guerra retirándome a la capital con permiso del Sr.
general Garzón y del Sr. presidente de la república Dn. Joaquín
Suárez para ocuparme de asuntos de familia.
Por estos servicios Exmo. Sr. sólo he recibido algunas ligeras
gratificaciones que me han abonado por la Receptoría del
Uruguay siendo el receptor el teniente coronel Dn. Rafael
Eguren. Estos son hechos Exmo. Sr. de notoriedad pública pero
no estando munido de certificados que los justifiquen, pido a
V.E. se digne pedir informe al Sr. teniente general Dn.
Francisco Lasala, que era el jefe del Estado Mayor General.
Le consta a Ud. que en la administracn anterior fui
nombrado miembro de la Comisión Militar Clasificadora con
el sueldo de teniente coronel mientras permaneciera en
ejercicio dicha Comisión, cuyos sueldos me fueron abonados
por la tesorería general.
Estos antecedentes, Exmo. Sr. me hacen esperar de la rectitud
de V.E. que ese premio a mis continuados servicios al país, se
digne concederme el sueldo de teniente coronel cuya gracia ha
sido otorgada a los cirujanos del ejército Espilman,
Ballesteros y Lons.
Confío Exmo. Sr. en que mi calidad de ciudadano natural de
este país y la asidua contracción con que me he desempeñado
siempre que la superioridad ha tenido a bien emplearme, me
hacen acreedor a esta gracia por tanto.
A V.E. suplico que en vista de lo expuesto se sirva decretar
como dejo solicitado pues es justicia.
Exmo. Sr.
(rúbrica) Juan Franco. Correa
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Aporte documental para la biografía del médico
JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
Ministerio de Guerra y Marina
Montevideo, Agosto 2 / 854
No estando el gobierno en posesión de dar altas no ha lugar,
pero reconociéndose en el suplicante haber prestado
servicios en los ejércitos, pase a la Comisión Clasificadora
para los objetos a que es acreedor.
(rúbrica) Martínez.
49 Exmo. Sr.
La solicitud del recusante sufrió extravío en su tramitación
por cuya causa no fue elevada a su tiempo y como en la
actualidad militan las mismas causas porque pide sea dado
de baja el que se presenta y visto que el Sr. Cirujano Mayor
del Ejército lo considera en su informe V.E. en su mérito
resolverá lo que estime conveniente.
Montevideo, 14 agosto/854
(rúbrica) Fiscal General
Ministerio de Guerra y Marina
Montevideo, agosto 17 de 1854
Expídasele la excepción: a sus efectos vuelva al Estado
Mayor General.
(rúbrica) Martínez
Estad . . .
Don Carlos de San Vicente, coronel de ejército y oficial
mayor del Ministerio de Guerra y Marina
Certifico que en las listas de clasificación para la reforma de
jefes y oficiales consta la asistencia en el Cuerpo de Sanidad
del profesor Juan Fco. Correa considerado como teniente
coronel, con diecinueve años de servicio y con [ilegible] a la
suma diecisiete mil doscientos pesos.
Y de orden superior por pedimiento del interesado se le da el
presente en Montevideo a 15 de diciembre de 1854.
(rúbrica) Carlos de Sn. Vicente.
Exmo. Sr.
Don Juan Fran.co. Correa médico y cirujano y teniente
coronel del ejército ante V.E. respetuosamente parezco y
digo: que como aparece de los documentos adjuntos he
solicitado del Superior Gobierno [ilegible] de la calidad de
honorario asignándome el sueldo que gozan los empleados
de mi clase.
Este hecho acaba de ser reconocido por V.E. y de su
consecuencia el oficial mayor del Ministerio de Guerra y
Marina coronel Dn. Carlos San Vicente ha expedido el
certificado que con la debida solemnidad adjunto, por el que
resulto acreedor en la suma de diecisiete mil doscientos
pesos.
El decreto de V.E. de fecha 2 de agosto de 1854 dice que no
estando en función el gobierno de dar altas, no ha lugar, ha
impedido aún cuando reconoce mis servicios y cuando pasa
el expediente a la Comisión Clasificadora para ser
clasificado, como en efecto ha sucedido y aparece del
certificado adjunto.
V.E. comprende bien que yo no puedo ser despojado de mis
derechos adquiridos como empleado de la nación; que no
podía dejar al reconocimiento de altas desde que fui dado [de
alta] en octubre de 1836 con la toma de razón respectiva, y
desde que se me reconoce acreedor de esos sueldos que con
arreglo a mi grado acaban de clasificarme por la Comisión
especial.
En mérito de lo expuesto vengo a suplicar a V.E. se sirva
ordenar se me tenga por tal teniente coronel de ejército y me
haga reconocer por tal a quien corresponda con el sueldo y
[ilegible] de mi clase.
Asimismo se ordene a la Contaduría General forme los
ajustes correspondientes, que me sean entregados fechas de
mis despachos todo original a los usos que me convengan por
tanto.
A V.E. suplico que habiéndome presentado con los
documentos adjuntos se sirva proveer [ilegible] por ser
justicia.
Exmo. Sr.
Ministerio de Guerra y Marina
(rúbrica) Juan Franco Correa
Ministerio de Guerra y Marina
Montevideo, diciembre 5 de 1855.
Al Sr. Fiscal Gral.
(rúbrica ) Cortes
Publicación de la DNSFFAA
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Exmo Sr.
Dígnese V.E. ordenar que el Estado Mayor General informe si
son considerados en el Estado Mayor General los cirujanos
que se mencionan en la anterior solicitud del Sr. Correa.
Montevideo, enero 7 /855
(rúbrica) Cnel. Regúnaga
Montevideo, enero 15 de 1856
Al Estado Mayor General a los efectos que indica el Sr. Fiscal
General.
(rúbrica) Cortes
Exmo. Sr.
Los cirujanos a que hace referencia la vista fiscal, revistaban o
eran considerados como teniente coroneles; dos no existen y la
viuda de uno de ellos obtuvo la cédula y sigue percibiendo el
sueldo que le correspondía a su finado esposo; Dn. Lorenzo
Lelong [¿Lons?] viviente aún; el único que no figura ahora es el
nombre del finado cirujano de ejército Espilman. Queda
cumplido el superior decreto que precede.
Montevideo, enero 17 de 1856
(rúbrica) Oficial Antonio López
Documento 7. Oficio del jefe del Batallón de Guardias
Nacionales al Inspector General de Armas solicitando
reemplazo del cirujano del Cuerpo Juan Francisco
Correa por licencia. Sin fecha. E.M.E., Sección Historia y
Archivo.
“2º Batallón de GG.NN. de la Capital
Por nota fecha 10 del corriente se avisó a esta Mayoría que el
Teniente Coronel Cirujano de Guardias Nacionales Doctor D.
Juan Francisco Correa se le había concedido licencia por dos
meses para salir al campo.
Teniendo este Cuerpo algunos enfermos que han pedido el
reconocimiento médico, espero de Ud. se sirva decirme a que
facultativo se ha de dirigir esta Mayoría.
El Jefe del Cuerpo propone si Ud. lo tiene a bien al Doctor D.
N. [Isidro] Muñoz y Pérez para que interinamente y mientras
dure la ausencia de dicho Doctor Correa, sea el [que] proceda
al reconocimiento de [texto amputado].
Al Sr. Inspector Gral. De Armas General D. Andres A. Gomez”.
Documento 8. El escribano José Gil en nombre del Jefe
Político y de Policía del Departamento de Minas certifica
la presencia de Juan Francisco Correa en su estancia.
Cebollatí, 15 de marzo de 1858. E.M.E., Sección Historia
y Archivo]
“Jefe Político y de Policía
Del Depto. De Minas
Certifico que el Doctor en Medicina y Cirujía del Ejército
Teniente Coronel don Juan Fco. Correa se halla en su
Establecimiento de Estancia en este Departamento con
licencia del Estado Mayor General á consecuencia del mal
estado de su salud, y á los fines consiguientes lo firmo el
presente certificado en Cebollatí á 15 de Marzo de 1858.
Por el General Manuel Carabajal firma El Escribano José
Gil”.
Fig. 4. Rúbrica de Juan Francisco Correa (expediente de 1854).
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Salud Militar 2017; 36(1):58-69
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JUAN FRANCISCO CORREA ANGOS
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