
NEFROANGIOESCLEROSIS Y NEFROPATIA DIABETICA
Cap. (M) Eleonora Guimaraens
una presión diastólica de base de 90 mmHg o mayor.
La edad promedio de este grupo al inicio fue de 46,5
5,9, la presión promedio de 143/97 y la creatinina
promedio de 1,1 0,14. Se descendió la diastólica a
menos de 90 mmHg y a los 2 años, la creatininemia
había descendido, excepto en un 5.6% de esta
población en que se observó pérdida de la función
renal de un 3% o más anual. Este ascenso de la
creatininemia fue mayor en los de mayor edad, en
negros y en los que tenían mayor HTA al inicio del
seguimiento. La caída del filtrado glomerular en un 3%
anual o más, de persistir, lleva a la IR terminal en 25 a
30 años, es decir que a los 65-70 años, se encuentra el
pico de incidencia de entrada a diálisis por
nefroangioesclerosis que coincide con los 67 años
promedio registrados en EUA.
Toto y cols, lograron mantener durante 4 años, dos
grupos de pacientes con nefroangioesclerosis: uno con
diastólica de 81 0,8 mmHg y otro con 86,7 1,1
mmHg y no encontraron diferencias significativas en la
caída del filtrado glomerular entre ambos grupos,
observando que en ambos era muy lenta, por lo que
creían que un seguimiento a 10 años recién podría
mostrar diferencias. También observaron que algunos
pacientes mejoraban o estabilizaban la función, y que
unos pocos de todas formas progresaban a la
insuficiencia renal terminal.
¿Cuál es la presión recomendable a lograr para
retardar la progresión de la nefropatía? Sería igual o
menor a 130/85, siempre y cuando el paciente no
requiera niveles algo más elevados por otra patología
vascular asociada. Se jerarquiza más el control de la
presión diastólica, ya que evidencia vasoconstricción
sistémica, que isquemiaría aún más el parénquima
renal. Se van a lograr mejores resultados cuanto menor
sea el grado de insuficiencia renal de inicio.
Con niveles mayores de 3 a 4 mg/dl de
creatininemia, el control de la hipertensión no detendría
la marcha a la IR terminal.
La IR es un potente factor de riesgo de muerte, y es
de destacar que con creatininemia mayor de 1,7 mg/dl
se ha observado una triplicación de la mortalidad.
3. Importancia de la proteinuria:
Los mecanismos fisiopatológicos de la microalbu-
minuria son aún controvertidos, pero básicamente son
alteraciones morfológicas y funcionales del glomérulo,
principalmente aumento de la presión de filtración
glomerular y del daño vascular. Actualmente se estudia
la acción de una citoquina, el factor de crecimiento
endotelial, potente factor de permeabilidad, que se
vería estimulada su producción pon la anoxia, y tendría
su acción a nivel de la célula endotelial del glomérulo.
La prevalencia de la microalbuminuria varía entre 5
y 30% y de la macroproteinuria alrededor del 11% en
los pacientes con HTA esencial. Ocasionalmente se
han descrito proteinurias de rango nefrótico, aún sin
estar frente a una nefroangioesclerosis maligna.
La proteinuria se ha visto asociada a varios factores
de riesgo cardiovascular como la resistencia insulínica,
un perfil lipídico aterogénico (aumento de Lp(a), de la
relación LDL/HDL, y del descenso de HDL, y a
disfunción endotelial (aumento de los niveles del factor
Von Willebrand) así como a daño de órganos blanco de
la HTA (hipertrofia ventricular izquierda, retinopatía
hipertensiva y aumento del grosor de la pared
carotídea).
La presencia de albuminuria por encima de los
niveles de 30 mg/día, se correlaciona con aumento del
grado de progresión de la nefropatía, y también se
asocia con incremento de la mortalidad de causa
cardiovascular.
¿Es importante vigilar la albuminuria en un paciente
on HTA esencial? c
Sí, importaría para:
valorar el riesgo cardiovascular
valorar la eficacia del tratamiento
antihipertensivo
reconocer la disfunción renal precozmente,
aunque no siempre la proteinuria aparece antes
de la IR
VI. NEFROANGIOESCLEROSIS EN LA NEFROPATIA
DIABETICA
La glomerulopatía diabética en su etapa avanzada,
es la nefropatía en que se ve la nefroangioesclerosis
con mayor severidad, siendo una característica
importante de esta. Se verían lesiones isquémicas
inducidas por hialinosis que obliteran vasos pequeños y
medianos en el riñón diabético y esta lesión contribuiría
a la glomeruloesclerosis global disminuyendo aún más
el filtrado glomerular. La oclusión glomerular se
corresponde con el territorio de las arterias
interlobulares en la corteza renal, que se hialinizan. El
grado de obstrucción y de obliteración de los vasos se
correlaciona inversamente con el grado de función
renal y directamente con la mayor severidad de la
glomerulopatía diabética y de la fibrosis intersticial.
También la hialinosis arteriolar tiende a ser más severa
en los pacientes con nefropatía manifiesta. Además, el
hecho de que 20% de los glomérulos están totalmente
ocluídos en los pacientes con nefropatía manifiesta,
mientras que menos del 10% de los glomérulos lo
están en pacientes menos afectados, sugieren que la
oclusión vascular puede representar un mecanismo
importante de pérdida de glomérulos en los individuos
afectados más severamente.
Esta sería una descripción de nefroangioesclerosis
instalada en una nefropatía diabética clásica, como se
ve en el diabético Tipo I, en quien la manifestación
clínica sigue las etapas descriptas de:
a) microalbuminuria con normotensión o HTA leve, b)
macroproteinuria no selectiva que llega al rango
nefrótico, con HTA y ascenso de la creatininemia, que
alcanza por último, c) IR terminal con riñones de
tamaño normal, asociada a retinopatía diabética en el
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