HOMENAJE
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Salud Militar 2016; 35(1):5-8
Recibido: Marzo de 2016
Aceptado: Mayo de 2016
Correspondencia: 21 de setiembre 2713, C.P. 11300 Mdeo, Uruguay. Tel.: (+598)27101418
E-mail: asoiza@adinet.com.uy
Coronel (H) Dr. Alberto Mañé Algorta
1884 - 1960
Dr. Augusto Soiza Larrosa
Médico
. Miembro de Honor y expresidente, Sociedad Uruguaya de Historia de la
Medicina Miembro y vicepresidente, Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay
Fechado el 6 de mayo de 1999, el doctor Fernando Mañé Garzón me entregó la biografía que había redactado sobre su
padre, el doctor Alberto Mañé Algorta, y que personalmente le había pedido. La acompañó con una tarjeta de visita que
decía “Como le prometí aquí va una semblanza de mi padre. Aff. Fernando Mañé Garzón”. Posteriormente, la publicó en
“Médicos Uruguayos Ejemplares” (F. Mañé Garzón y Antonio Turnes, eds.; Montevideo, 2006, tomo III, p. 147-48) y la
recogió en su página web el Sindicato Médico del Uruguay (Historia de la Medicina en el Uruguay). En ocasión de
cumplirse el centenario de la instalación del Hospital Militar de Montevideo, la semblanza fue parcialmente reproducida
en el libro alusivo a la conmemoración (Centenario del Hospital Militar Central de las Fuerzas Armadas 1908-2008,
Montevideo, 2008, capítulo 10º). La semblanza que aquí insertamos sigue fielmente la escrita por su hijo, a la que he
agregado acontecimientos y anécdotas que complementan la vida muy atareada y la personalidad del que fue Director
del Hospital Militar de Montevideo, cirujano del mismo y prestigioso médico, político y diplomático en la primera mitad del
siglo XX. El grado de coronel le fue concedido por la República de Paraguay en agradecimiento a su labor pacificadora
en la Guerra del Chaco.
Nació en Montevideo el 30 de mayo de 1884 y allí murió en
1960. Fueron sus padres Pablo Mañé Rius y Ana María
Algorta Villademoros. Cursó sus estudios en la Universidad
de la República obteniendo el título de Doctor en Medicina
y Cirugía en 1908. Fue Practicante Interno de la Asistencia
Pública Nacional desempeñando sus funciones en los
Servicios del Dr. Bernardo Etchepare en el Hospital
Vilardebó, y en el Hospital Maciel en el Servicio de Cirugía
del Dr. Luis P. Lenguas, su inolvidable maestro donde
orientó la vocación hacia la cirugía. Había servido como
practicante médico de la Guardia Nacional en la revolución
de 1904, que enfrentó al Partido Blanco contra el Partido
Colorado en ejercicio del gobierno de la República Oriental
del Uruguay.
Viajó inmediatamente de concluídos sus estudios universi-
tarios a Europa, acompañado por su colega y amigo de toda
la vida José Iraola (1881-1967) con fines de perfecciona-
miento en cirugía, frecuentando los más importantes centro
médicos de Francia, Alemania y Suiza, permaneciendo
luego en París donde asistió a los principales servicios de
clínica quirúrgica, complementando así su formación en
dicha actividad médica, lo que le permitió aportar a nuestro
país importantes conocimientos en los aspectos
asistenciales, que pronto se vería en condiciones de aplicar
a la organización sanitaria uruguaya, todavía incipiente.
Doi: http://dx.doi.org/10.35954/SM2016.35.1.1
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Publicación de la DNSFFAA
Luego de 4 años de permanencia en Europa volvió al
país en 1912, y fue designado ese mismo año por el
entonces Presidente de la República, Don José Batlle y
Ordoñez, médico ayudante de Sanidad Militar en cuyo
Hospital Militar Central (instalado en 1908) y en el
Servicio de Cirugía General, desarrolló la mayor parte de
su actividad. Ejercía entonces como director del hospital,
el primero que fuera nombrado en ese cargo, el doctor
Ricardo Vecino. El cirujano Mañé fue designado años
después (1932) como Director General de dicho hospital,
tras Ricardo Vecino (1908-1912), André J. Chiozza
(hasta 1921), Eduardo Blanco Acevedo (1921-1925) y
Roberto Rivas Costa (1925-1931). También ejerció la
jefatura de cirugía siguiendo a Eduardo Blanco Acevedo
(1919-1921), Clivio Nario (1921-1923) y Juan A. Romeu
(1932).
Desarrolló la cirugía en forma general, con departamento
radiológico, laboratorio de análisis clínicos, anestesió-
logos y laboratorio de anatomopatología, este último a
cargo del Dr. José Verocay, recientemente reintegrado al
país luego de su profesorado realizado en Viena. Es
interesante enfatizar en el acierto que tuvo Mañé en
convocar y conseguir el nombramiento de Verocay,
desdeñado por la Facultad de Medicina pese a sus
enormes méritos académicos en Europa. En 1906, bajo
decanato del profesor Alfredo Navarro, cuando se
estableció el Instituto de Anatomía Patológica (que a la
vez albergaba la cátedra respectiva) y que desde 1908
funcionó en elamante edificio de la Facultad de
Medicina en la avenida General Flores, aquel decano le
ofreció la dirección a Verocay, que en ese entonces
estaba transitoriamente de paso por Paysandú, pero
nunca tuvo el sanducero respuesta definitiva a ese
ofrecimiento, y Francisco Caffera fue el primer director.
Dice Fernando Mañé Garzón en su libro sobre Pedro
Visca (Montevideo, Barreiro, 1983, tomo I, p. 229-30)
“pese a lo destacado de su personalidad [Verocay] y a la
importancia que tenía para la Facultad de obtener un
docente con impecable formación [obviamente no la
tea en similar grado Caffera] en esa importante
materia, así como los esfuerzos del decano Alfredo
Navarro [pero que no informó a Verocay de su
desestimiento por la Facultad], fue confirmado Francisco
A. Caffera en la cátedra, despreciándose los indispensa-
bles servicios de José Verocay”.
No sabemos porqué se tomó esa decisión.
El Laboratorio de Anatomía Patológica del hospital fue
creado por Resolución del 13 de julio de 1921 como
Subsección Anatomía patológica para citología,
histología y autopsias”. José Verocay fue nombrado
Médico Ayudante de Sanidad el 1º de marzo de 1921 y
Jefe de Subsección, luego de creada ésta, en el mes de
noviembre del mismo año. Es evidente que la creación
de esa dependencia estuvo ligada al ingreso de Verocay
y para Verocay. Desconocemos la vinculacn que
tuvieron Mañé y Verocay, pero es posible que ese
conocimiento datara del viaje de perfeccionamiento del
primero, en que frecuentó países de habla alemana. El
fin de Verocay (que murió por enfermedad cardíaca en
Bohemia en 1927) fue lamentable. En 1924, cuando se
llamó a aspirantes a la dirección de Instituto y Cátedra
por retiro de Caffera, el tribunal desestimó nuevamente a
Verocay y tomó decisión por Eugenio Lasnier. El actual
Servicio de Anatomía Patológica del hospital lleva desde
1958 su nombre, que alguna vez estuvo inscripto en una
placa de bronce que hoy ya no está; nada hay allí (salvo
una foto) que lo recuerde.
En el marco de la docencia “extraordinaria” fuera de la
Facultad de Medicina, autorizada por decreto del Poder
Ejecutivo en el año 1920, Mañé fue nombrado en 1925
por el Consejo Directivo de la Facultad de Medicina,
siendo Decano el Dr. Manuel Quintela, profesor (docente
libre) de Clínica Quirúrgica, impartiendo dicha enseñan-
za en su servicio del Hospital Militar Central, donde formó
numerosos discípulos. Rodeado de un selecto grupo de
colaboradores pudo realizar una extensa labor quirúrgica
gracias a sus dotes de sagaz clínico y hábil cirujano,
llevando a la práctica las más modernas técnicas y
tratamientos quirúrgicos.
Desde 1921 fue Asistente de la Cátedra de Clínica
Terapéutica del Dr. Juan B. Morelli (profesor titular desde
1917) en el Hospital Maciel. Este cargo en la vida
profesional de Mañé fue muy importante. Morelli fue el
iniciador de la neumología y tisiología clínica. Siendo su
asistente un cirujano experto como lo era Mañé, le
encargó nada menos que la cirugía de la tuberculosis.
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Coronel (H) Dr. Alberto Mañé Algorta
Mañé puso entonces a punto el tratamiento quirúrgico de
la tuberculosis pulmonar y realizó las primeras
intervenciones de cirugía torácica en nuestro medio,
siendo el creador de este importante y fecundo campo
quirúrgico en el Uruguay y Sudamérica. Debe hacerse
particular mención de sus estudios junto con Morelli
sobre las indicaciones, técnica de realización y
resultados del neumotórax artificial, una variante técnica
de colapsoterapia creada por Carlo Forlanini (1847-
1918) en Italia, primer intento de resultados positivos en
el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. Fruto de esta
actividad terapéutica de enorme beneficio para los
enfermos, fue la obra publicada por Morelli con su
constante colaboración quirúrgica: “Neumotórax artificial
y otras intervenciones en la tuberculosis pulmonar.
Estudio crítico y clínico” (Montevideo, Imprenta Nacional,
1918).
Morelli y Mañé intervinieron en el tratamiento de la
tuberculosis de la hija del presidente de la República,
José Batlle y Ordóñez, Ana Amalia. Ha sido divulgado en
varias publicaciones, pero lo que sigue fue relatado por el
hijo del cirujano Mañé (“Enfermedad y muerte de Ana
Amalia Batlle Pacheco”, en Fernando Mañé Garzón y
Ricardo Pou Ferrari, “Juan B. Morelli”, Montevideo,
Impresora El Toboso, 2004, p.121-134). En abril de 1912,
enfermó Ana Amalia, la hija del Presidente Batlle, con
síntomas de una afección pulmonar cronificada de
carácter tuberculoso. Ricaldoni, médico tratante la derivó
a Morelli, conocido opositor político a Batlle. Morelli
reclamó una autorización escrita del médico tratante,
pero además que el propio Batlle se lo pidiera. Hubo un
encuentro Batlle-Morelli y en pocas palabras: “Vengo en
busca del médico”, dijo Batlle. “El médico y el hombre
están a sus órdenes”, respondió Morelli. La hija de Batlle
y Ordóñez, fue trasladada a la estancia Arazatí, a orillas
del Río de la Plata, en el departamento de San José.
Morelli fue acompañado por el cirujano Alberto Mañé
quien le realizó el tratamiento de colapsoterapia desde el
29 de noviembre hasta el 16 de enero de 1912. La
enferma murió en Montevideo, en la quinta paterna de
Piedras Blancas el 24 de enero de 1913.
Prosiguiendo luego los progresos del tratamiento
quirúrgico de la tuberculosis realizó las nuevas técnicas
creadas y desarrolladas principalmente en Alemania por
Ernest Sauerbrüch y su escuela, adquiriendo desde su
servicio del Hospital Militar Central y de los servicios de la
Asistencia Pública Nacional amplia experiencia en la
toracoplastia, apicolisis y frenicectomía. Realizó también
un completo y documentado estudio epidemiológico
sobre la incidencia de la tuberculosis pulmonar en el
ejército, con amplia repercusión sobre la prevención y
detección precoz de dicha enfermedad. Por la
experiencia adquirida fue designado por el Poder
Ejecutivo y por la Facultad de Medicina delegado del
Uruguay al Primer Congreso Panamericano de la
Tuberculosis realizado en Córdoba en 1927, donde
presentó los primeros aportes sudamericanos en la
cirugía de tórax (toracoplastias, apicolisis y frenicec-
tomías), publicados posteriormente en las actas de dicho
Congreso (Córdoba, 1928). Ejerció como cirujano de la
Asistencia Pública Nacional vinculado también al
tratamiento quirúrgico de la tuberculosis pulmonar. En
varias ocasiones fue designado por la Alta Corte de
Justicia (hoy Suprema Corte) su delegado en relación a
problemas de índole médica o social.
Fue condecorado por Pío XI con la orden de San
Gregorio Magno en 1928.
En el curso de su larga actuación quirúrgica en sus
aspectos asistencial, docentes y de investigación
introdujo y perfeccio muchas cnicas de cirugía
general, en particular en lo referente a la anestesia local.
Afecto políticamente al Partido Colorado militó en el
grupo que dirigía el Dr. Julio María Sosa (“el Sosismo”),
fracción opuesta al “batllismosiendo electo Represen-
tante Nacional en las legislaturas 1919-1923 y 1927-
1931. Fallecido Julio María Sosa, quedó al frente de esta
fracción del Partido Colorado. Integrante y promotor del
Comité Nacional a la candidatura del Dr. Gabriel Terra a
la presidencia de la República, tuvo activa participación
en los movimientos políticos que culminaron con su
ascensión a la primera magistratura el de marzo de
1931. Integró su primer gabinete desde esa fecha como
ministro de Guerra y Marina, realizando una intensa labor
en pro del fomento de las Fuerzas Armadas de la nación.
Tal vez el nombramiento, tan sorprendente para un
médico en esa cartera, hubo de estar vinculado a la
anécdota que relatara su hijo: “el de marzo de 1931, en
el acto de toma de posesión el electo presidente Gabriel
Terra le dijo <Alberto, usted tiene que ser ministro de
Guerra y Marina porque le auscultó el corazón a todos los
generales>” (“Crónicas Migrantes”, blog de Armando
Olveira, en: http://armandolveira.blogspot.com.uy/2008/
02/observa-escucha-palpa.html: consultado 12/07/16).
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El 13 de febrero de 1933 pasó a ocupar la cartera de
Relaciones Exteriores y cúpole desempeñar el mismo
año la presidencia de la VII Conferencia Internacional
Americana en el que tuvo destacada actuación en la
gestión de paz en la Guerra del Chaco, conflicto armado
fronterizo entre Paraguay y Bolivia. Lo que culminó en la
aprobación de un armisticio que le valió ser designado
por el gobierno de la República de Paraguay como
coronel honorario del Ejército Paraguayo. La citada
conferencia marcó de una manera eficaz y concreta la
realidad del panamericanismo, por lo que tanto lucharon
los países latinoamericanos y en especial el Uruguay. En
mérito a esta intensa y fructífera actuación de
repercusión americanista fue condecorado con los más
altos grados por casi todos los países de América.
Al iniciarse la labor de la Convención Nacional
Constituyente en 1934, tuvo particular influencia en la
creación del Ministerio de Salud Pública como centro
rector de los problemas de higiene y salud de la nación.
En 1934 pasó a presidir el Banco de Seguros del Estado
durante cuya actuación se desarrollaron a su influjo los
servicios médicos especializados en accidentes del
trabajo y enfermedades profesionales. En marzo de
1936 fue designado Ministro Plenipotenciario y Enviado
Extraordinario del Uruguay en Francia, donde permane-
ció hasta 1938, habiendo sido representante del país
ante la Exposición Internacional de París de 1937.
Concretó con Francia varios acuerdos culturales y
comerciales, que le valieron al fin de su actuación en
París, ser condecorado con el grado de Gran Oficial de la
Legión de Honor. Durante el mismo período fue delegado
del Uruguay ante la Sociedad de las Naciones en
Ginebra, habiendo integrado varias comisiones de dicho
organismo internacional.
Vuelto al país, ocupó una banca en el Senado hasta el
golpe de Estado del general Alfredo Baldomir el 21 de
febrero de 1942, en que disolvió por decreto ambas
cámaras legislativas, sustituyéndolas por un Consejo de
Estado asesor.
Fue autor de numerosos trabajos publicados en revistas
científicas nacionales y extranjeras sobre cirugía,
particularmente referente a los aspectos epidemioló-
gicos y de tratamiento de la tuberculosis; sobre patología
y técnica quirúrgica, y contribuciones sobre aspectos
culturales, de fomento de la investigación científica y
reafirmación de los ideales democráticos.
Terminaremos esta reseña biográfica con el juicio que
sobre la personalidad del Dr. Alberto Mañé emitió en una
de sus obras el famoso médico y humanista español
Gregorio Marañón (Madrid, 1887-1960): “ejemplo de
bondad e inteligencia, maestro de todas las delicadezas;
de aquellas impregnadas de hondo sentimiento humano
y no de falaz cortesanía; es decir de las que no se olvidan
jamás” (Ensayos, 1945).
José Iraola y Alberto Mañé en París