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Salud Militar 2016; 35(1):56-65
Discoespondilitis Tuberculosa
Cada año en el mundo se reportan de 8 a 10 millones de
casos nuevos de tuberculosis, y cerca de 3 millones
fallecen a causa de la enfermedad. Veinte millones están
activos y un tercio de la población mundial ha tenido
contacto con el bacilo tuberculoso. De acuerdo con la
Organización Mundial de la Salud, la Tuberculosis es la
primera causa de muerte por un agente infeccioso. En
América Latina, se calculan 400 mil casos nuevos al año,
y entre 60 y 75 mil personas mueren por Tuberculosis
anualmente (4).
De la extensa casuística del Dr. Suárez Meléndez con
382 pacientes a lo largo de 36 años de trabajo, se
desprende el concepto de transformación evolutiva de
esta enfermedad, pasando a primer plano la terapéutica
quimio-antibiótica frente a las históricas y obligadas
cirugías complementarias (extra e intra focales) (5).
De acuerdo a datos actuales de nuestro país existe una
incidencia de 2,86 casos por cada millón de habitantes, lo
que se corresponde con un 1% de los casos de
tuberculosis, y desde los años 1988-1990 constituye la
segunda forma en frecuencia de tuberculosis extra-
torácica, precedida por la forma ganglionar (6).
En cuanto a la edad de aparición es más frecuente en la
edad adulta, sobre todo en mayores de 45 años, con un
pico de incidencia máxima a los 65 años y predominio de
sexo femenino (7).
En un relevamiento de 58 paciente afectados por
tuberculosis vertebral, llevado a cabo a lo largo de 10
años (1988 a 1998) por el Centro de Deformidades de
Columna (CE. DEF. CO) se destaca el predominio del
sexo femenino (60%) sin diferencias geográficas, con un
95% de los casos en mayores de 20 años (5).
CUADRO CLÍNICO
El concepto más importante a la hora de sospechar una
tuberculosis vertebral es la variabilidad del cuadro
clínico; aún con los adelantos imagenológicos actuales
se llega al diagnóstico en forma tardía, si bien ya no se
evidencian con tanta frecuencia las complicaciones
neurológicas compresivas (5).
La tríada sintomática de Pott descripta por Sir Percival
Pott ya en 1779: giba, absceso osifluente y paraplejia de
la era pre-radiológica, no hablaría de un diagnóstico
temprano sino todo lo contrario; traduce una etapa muy
evolucionada y se describe hoy en día como una
complicación de la enfermedad (6).
El síntoma más común es el dolor lumbar, de evolución
insidiosa, presente en hasta 90% de los casos.
De los síntomas presentes la raquialgia o “dolor Póttico”
es el más constante, pudiéndose hallar en más del 90%
de los casos; como característica se da en forma
espontánea o provocada, progresivo, insidioso, de
naturaleza mecánica al inicio, con impotencia funcional
de la articulación afectada. Los síntomas constitu-
cionales, fiebre y adelgazamiento, suelen faltar,
estimándose que están presentes en menos de 40% de
los casos. Estas dos características diferencian a la TBC
vertebral de las espondilodiscitis bacterianas
inespecíficas, si bien esto no es específico y el
diagnóstico diferencial suele ser un desafío (7).
Es común que el cuadro clínico se desencadene luego de
un traumatismo, lo que puede llevar a errores en la
interpretación de los síntomas. Como signo evocador se
evidencia la rigidez del raquis que se ve y se palpa,
acompañando casi constantemente a la raquialgia
determinando respuesta antálgica. Puede existir sin
dolor porque la contractura es analgésica al provocar la
inmovilidad de la región afectada (5).
La giba predomina en la región torácica, con una
deformación angular o redondeada según el número de
vértebras afectadas.
En los casos donde se sitúe en la región cervical y/o
lumbar (normalmente lordósicos) la deformidad se
manifiesta por la desaparición de la lordosis.
Por lo tardío del diagnóstico, la infección suele estar
extendida a los tejidos blandos peri-vertebrales, con la
formación de un absceso osifluente, que generalmente
traduce 1 a 2 años de evolución del proceso. En cuanto a
la localización del mismo dependerá de la topografía de
la lesión ósea que puede ser:
Cervical localizado en sector pre-vertebral y retro-
visceral provocando trastornos deglutorios. En su
crecimiento migran a región supraclavicular y más
raramente al sector posterior (“nuca empastada”).