
Reabsorción cervical invasiva
57
Salud Mil 2021; 40(1):52-59. http://dx.doi.org/10.35954/SM2021.40.1.7
dental forzada. La selección del tratamiento depen-
derá de la severidad, localización, estado pulpar
y posibilidades de restauración del defecto (5,9).
Heithersay realizó un trabajo fundacional de la
RCI basado en la combinación de factores clíni-
cos, radiográcos, epidemiológicos e histopatoló-
gicos. Observó que existen varios grados de pro-
gresión, indicando que la condición evoluciona en
diferentes etapas.
El tratamiento y pronóstico actual de la RCI aún
se basa en su clasicación.
Clase I: pequeña lesión cervical con penetración
supercial en la dentina
Clase II: lesión bien denida cerca de la pulpa co-
ronal pero con poca o ninguna extensión hacia la
dentina radicular
Clase III: invasión más profunda de la lesión en el
tercio coronal de la raíz
Clase IV: lesión extendida más allá del tercio
radicular.
Como cabría esperar, los defectos pequeños son
los que tienen un mejor pronóstico a largo plazo.
Aunque la pulpa no esté involucrada, tiene riesgo
de exposición o afectación, por lo que la endo-
doncia debería ser realizada en la mayoría de los
casos (2).
Si bien esta clasicación es útil para evaluar y ma-
nejar lesiones en las caras proximales de los dien-
tes, presenta dos grandes carencias: solo tiene en
cuenta la extensión bidimensional de la lesión y
no considera la naturaleza dinámica y reparativa
de la RCI.
La TCCB se ha convertido en una herramienta
imprescindible para los problemas endodónticos
complejos. Brinda una imagen tridimensional más
exacta y real de la lesión, sin superposición de
otras estructuras anatómicas, permite visualizar
las nas proyecciones de la lesión dentro de la
dentina, conocer el tamaño real de la lesión, su
localización exacta, su extensión circunferencial,
la proximidad al canal radicular, su relación con
el hueso alveolar y el mejor lugar para el acceso
quirúrgico (5,6).
afectados son los incisivos centrales superiores y
no hay una diferencia signicativa en la incidencia
por sexo. Como la patología suele ser de progre-
sión lenta y los factores causales son acumulati-
vos, se ve con más frecuencia en el grupo etario
de 24 a 50 años (7,8).
Independientemente del factor causal, el diagnós-
tico de la RCI suele darse años después que éste
ha actuado, cuando ya no se encuentra presente,
y solo se descubre luego de un completo interro-
gatorio de los antecedentes (1,3,4).
Un cuidadoso examen local buscando una man-
cha rosada en la zona cervical del diente es de
rigor. Es importante el diagnóstico diferencial de
la RCI con la caries subgingival, que tiene una
consistencia más blanda y no se presenta como
una mancha rosa. El sondaje causa un profuso
sangrado por la naturaleza vascular del tejido re-
absortivo. Una vez que el tejido de granulación
ha sido removido de la cavidad, las paredes se
sienten duras y mineralizadas. Los bordes son
usualmente nos y losos. El diente con RCI nor-
malmente responde de manera positiva a los test
térmicos, ya que la pulpa solo se afecta en esta-
díos avanzados (1).
La severidad y extensión de la RCI determina su
apariencia radiológica. Las lesiones situadas en
las supercies proximales de los dientes son más
fáciles de diagnosticar por la menor cantidad de
estructuras superpuestas. Inicialmente aparecen
como lesiones radiolúcidas, pero las más avan-
zadas pueden tener una apariencia moteada. Su
característica principal es la continuidad del con-
ducto radicular, lo que permite diferenciarla de la
reabsorción radicular interna.
Las limitaciones de la radiografía para diagnós-
tico de ésta patología han sido descritas por
varios autores.
La literatura describe varios enfoques terapéuticos
que usualmente se basan en reportes de casos
aislados. Se han planteado, el reimplante inten-
cional, regeneración tisular guiada, el tratamiento
exclusivamente a través del conducto y la erupción