
Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 9
rioplatenses (Prensa Médica Argentina, Revista de los
Hospitales, Día Médico Uruguayo, Anales de la Facultad
de Medicina, Revista Uruguaya de Medicina, Cirugía
y Especialidades, Revista Tisiológica). Conservaba
todos los libros que había adquirido en su viaje de
beca a París y los que adquiría en Montevideo, incluso
a pedido expreso de tal o cual obra. De su interés
universal por la medicina existían en su biblioteca libros
sobre deontología médica y medicina legal, incluyendo
la responsabilidad de los médicos, un tema del cual en
aquella época no existían casos judiciales en nuestro
país. Para conservar ese vasto conjunto, dispuso de un
mobiliario de roble fabricado a pedido, con dos grandes
mesas del mismo material para disponer cómodamente
del material a consultar. Suponemos que, ávido lector,
esas mesas estaban colmadas de revistas y libros
destinados a la búsqueda del dato necesario, de la
referencia bibliográca, o meramente para la lectura
de actualización o la preparación de una conferencia,
pues era un asiduo conferencista. En su casa de Punta
del Este, “La Loma”, donde pasaba largos períodos
luego de cesada su etapa profesional activa, tenía un
ambiente que hizo construir para el recogimiento y la
lectura. Era un hombre intelectualmente muy cultivado,
amante de los buenos libros, de las artes visuales y la
música. Sin ser un ermitaño, “refugiado en su profesión,
en su copiosa biblioteca, rodeado de sus obras de arte,
querido y admirado (no parece haber cosechado odios
ni envidias) en su trajín diario o en el retiro a que acudía
para sus lecturas y sus escritos - dice Buño – logró
aislarse del mundo y pasar sin comprometerse a través
de un mundo convulsionado y conictual que parece no
haberlo afectado”. Es curioso que tan cultivado lector y
disponiendo de aquel precioso material, no hubiera sino
publicado escasos trabajos médicos, y aún de menor
relevancia. Sus dos obras mayores ya citadas, que no
son obras médicas, fueron su más destacado legado en
letras de imprenta.
A su muerte, la biblioteca, es tradición no documentada
que le habría sido ofrecida a la Facultad de Medicina, y
ésta habría rechazado aquel material. Es preciso tener
en cuenta que la Facultad disponía ya del mismo acervo
en revistas y libros, por lo que no es extraño haber
desatendido esa donación que no sería pues de utilidad.
La viuda de Muiños, Orlia Peirano la habría ofrecido
entonces a la Sanidad Militar incluyendo el mobiliario,
que fue aceptado sin retaceos. Esto último nos pone
en la pista de que tal vez el verdadero destino de
aquella colección haya sido de inicio el Hospital Militar,
siendo irrelevante donar los muebles a la Facultad. Una
pequeña chapa de bronce, identicó cada una de las
estanterías con el nombre de Muiños, Alguna de ellas
aún conserva esa identicación.
¿Cuántos volúmenes incluyó en esa donación?.
Sabemos que fueron al menos 715 volúmenes con el
mobiliario, y este fue el núcleo de inicio de la actual
Biblioteca Biomédica. Se agregó una donación de libros
por la representación diplomática norteamericana, otra
del Servicio de Sanidad de la División I de Ejército, de
varios laboratorios farmacéuticos de plaza y también de
otros médicos. Así integrada, se instaló precariamente
en 1976 en el subsuelo de la sala 3 luego de su
conveniente refacción, aunque tuvo posteriormente
diferentes locaciones hasta nalizar en la actual (5).
Esa instalación fue seguida por el nombramiento de
su primer Comisión de Biblioteca Biomédica, que por
entonces pertenecía al Hospital Militar Central. La
Comisión fue presidida por el Cnel. (R) Enrique Blas
Dos Santos, y como vocales los doctores Héctor Morse,
Antonio Farcic. Paz Santurtún, Lilian Legazcue, Roberto
Quadrelli y Eduardo Laluz; como bibliotecaria Efgenia
Wilk de Posada (Orden de la Dirección del S.S. FF.AA
Nº 3258, Montevideo, 21 de julio de 1976). Esa Orden
incluyó como “Anexo” el primer Reglamento de la
biblioteca biomédica. La jefatura de la repartición quedó
a cargo de un Bibliotecario Jefe, bajo dependencia
directa del entonces denominado Subdirector Técnico
del hospital. La Comisión de Biblioteca fue su órgano
asesor. En informe que no lleva fecha, pero por cierto
cercano a la instalación de la biblioteca, la Bria.
Efgenia Wilk consignaba que la colección incluía 1946
volúmenes de libros, se recibían 51 títulos de revistas
por suscripción y 54 por canje con la “Revista del SS.FF.
AA.”, que se publicaba tres veces al año.
Es de lamentar que la mayor parte de la biblioteca de
Héctor Muiños, en sucesivas reorganizaciones, se
dispersara como ya hemos dicho. Algunos volúmenes,
de interés histórico por su antigüedad o por su tema
pasaron al Departamento de Historia de la Medicina
de la Facultad. También fue infructuosa por años la
iniciativa del que esto escribe, para que su nombre (o
HÉCTOR HOMERO MUIÑOS