Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 5
HOMENAJE
En oportunidad dE dar El nombrE dE EstE
distinguido médico compatriota a la bibliotEca
biomédica dE la dirEcción nacional dE sanidad
dE las FFaa, como justo rEconocimiEnto a la
donación dE su colEcción dE libros y rEvistas
con El mobiliario quE alojaba su gabinEtE dE
trabajo, hEmos incluído una rEsEña biográFica
dE héctor homEro muiños. pErsonalidad
dEstacada En El ambiEntE médico dE su época,
alumno dilEcto dE Francisco soca y El mEjor
biógraFo dE su maEstro, la colEcción quE
atEsoró durantE años FuE la clásica dE un
médico culto y sapiEntE, siEmprE actualizado
con la bibliograFía FrancEsa y anglosajona. y
también, amantE dE la historia dE la mEdicina,
FiEl EjEmplo dEl bagajE intElEctual dE aquEllos
galEnos dE FinEs dEl siglo XiX y principios
dEl XX. olvidado por las gEnEracionEs quE
lE siguiEron, FavorEcido EsE olvido por su
pErsonalidad dE médico dE costumbrEs nada
EstridEntEs, hoy rEvivE En los anaquElEs dE
Esta bibliotEca quE llEva su nombrE.
ESTUDIOS Y GRADUACIÓN
Es escaso el material publicado sobre Héctor Homero
Muiños Bidondogaray. El exdecano de la Facultad de
Medicina y expresidente de la Sociedad Uruguaya de
Historia de la Medicina, Washington Buño, escribió con
su natural maestría una detallada y amena biografía del
médico. Le conoció, como alumno, y tuvo en sus manos
una papelería que incluía los cuadernos de la época
escolar de Muiños (1).
Su hogar fue humilde y su juventud en medio de la
estrechez económica. No obstante, el medio familiar
debe haber inuído en el desarrollo de su personalidad,
pues no es común que haya brotado de él un hombre de
dotes intelectuales y profesionales como las que reveló
Muiños.
En Montevideo, el primer día de junio de 1888 nació
Héctor Homero de la unión de Ramón Nieves Muiños,
un director de faros e Isabel Bidondogaray, ama de
casa de origen vasco. De su madre habría sacado
un gran parecido físico y tal vez la fuerza que esa
colectividad impulsó al progreso, al trabajo tenaz y al
orden. Buño encontró en sus libretas comentarios de
lecturas destinados a ser utilizados posteriormente, tal
vez en discursos, escritos médicos o libros. Como el que
publicó bajo el título “Medicina, una noble profesión”.
HÉCTOR HOMERO MUIÑOS
Último Jefe de Clínica de Francisco Soca
Médico Jefe de Sala del Hospìtal Militar
Iniciador de la Biblioteca Biomédica (1888-1971)
Dr. Augusto Soiza Larrosa - MEDICO
Expresidente y miembro de honor de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina .
Académico del Instituto Histórico y Geográco del Uruguay
Doi: http://dx.doi.org/10.35954/SM2013.32.1.1
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Completado el ciclo formativo escolar y liceal, obtuvo
el pase de la Sección de Enseñanza Secundaria y
Preparatoria a la Facultad de Medicina el 7 de junio de
1910. Había cumplido veintidós años al comenzar su
carrera médica, algo mayor al común de los jóvenes que
iniciaban el nivel terciario, tal vez por haberse atrasado
en su época escolar por causa de enfermedad. Cursó
sin embargo con brillantez toda la Facultad y obtuvo el
título de médico cirujano con su último examen en la
Clínica de Niños. Fue médico a los 28 años de edad,
el 16 de setiembre de 1916. El mismo año en que el
director del recién creado Liceo Rodó, Miguel Lapeyre,
le designó para dictar las materias Geografía y Física,
clases que dictó por dilatado período.
No es común obtener referencias de los estudiantes
durante su pasaje por la Facultad. El curso febril de
los estudios y el ansia de nalizar con la graduación
no propician el registro metódico de las enseñanzas
recibidas, aunque meros “apuntes”, o apenas para una
memoria años después, ya deslucidos esos recuerdos
por el tiempo transcurrido. Dice Muiños “La promoción
de estudiantes a que pertenecemos ingresó ese año de
1910 a la Facultad. En 1912 lo conocimos [se reere
a Francisco Soca] como profesor”. Al segundo año de
su ingreso ya estaba cursando la Clínica Médica. “Del
deslumbramiento que sufrimos - sigue - es testimonio
la delidad con que lo seguimos en su enseñanza.
Algunos de nuestro grupo nunca más desertamos de su
clínica. Adherido a él como alumno, como jefe de clínica
adjunto, como jefe de clínica titular, continuó siendo
nuestro maestro hasta 48 horas antes de su muerte”.
“Los alumnos de Soca salíamos de su cátedra con la
idea clara y humana de los casos. Las lecturas o los
comentarios posteriores no hacían sino decorar la
imagen nítida, sincera e imborrable que Soca había
pintado en dos brochazos. Aquella armación suya de
que “la medicina es una ciencia de imágenes” que deslizó
en una de sus clases tiene una profundidad denitoria.
Es la armación de lo que vale la práctica en un médico
que, frente a un caso clínico evoca, no el recuerdo más
o menos diluído de los libros más o menos digeridos,
sino el de un caso clínico visto en el hospital, o si se
tiene ya experiencia personal, en el desle de casos que
han originado esa frasecita tan vulgar, tan manoseada
de que no hay enfermedades sino enfermos, repetición
humilde del axioma de Heráclito que “nadie se baña
dos veces en el mismo río”. La imponente gura de
Soca se impuso fuertemente en Muiños e impresionó
tanto su espíritu que luego, su extenso prólogo a la
“Selección de Discursos” del Maestro, se convertirá en
una obra antológica en su desarrollo como en la belleza
de sus párrafos, logro magníco cuando lo que estaba
haciendo era historia escrita (2).
El azar del destino vincularía a Soca con Muiños. Una
reciente biografía sobre la hija de Soca, Susana, reere
los extraños designios que vincularon de otra forma
a Muiños con aquel gran clínico. Del matrimonio de
Juan Peirano Soracco y Antonia Falco Accinelli nació
Orlia, que fue la menor de cinco hermanos. Cuando
apenas tenía ocho años, Orlia debió acompañar a su
padre en un penoso viaje a Europa buscando la cura
de la enfermedad de la madre, Antonia, afectada de
un mal pulmonar que nalmente le produjo la muerte.
Pero lo curioso de este viaje, año 1903, es que Juan
Peirano se hizo acompañar por el que era considerado
entonces el mejor médico de Montevideo: Francisco
Soca, y que le había recomendado un período de cura
en Suiza. No llegó a Suiza pues murió en Génova. Con
el cadáver embalsamado, y en su camarote, padre e hija
retornaron a Montevideo, mientras Soca siguió a París.
Orlia Peirano guardó en su memoria las vicisitudes de
aquel triste viaje, apenas distraída por las atenciones
que dispensara aquel hombre ya maduro que era Soca
a la pequeña niña, con excursiones por la montaña,
la visita a un circo, o algunos días de esparcimiento
que disimularon apenas aquel duelo anticipado por la
muerte de su madre. “El fallecimiento de la enferma
interrumpió aquel viaje infortunado - dirá Muiños - pero
la niña, toda inteligencia y lealtad, conservó un hondo
cariño por Soca, a quien dedicó un recuerdo perpetuo
y emocionado hasta que un día se casó con un hombre
- curioso azar - que hizo del culto de Soca una de las
grandes directrices de su vida., Aquella niña es hoy mi
mujer” (3).
BECA EN PARÍS
Al obtener las calicaciones más altas de su generación
(no concursó para el cargo de Practicante Interno)
ganó la beca de estudios, lo que le permitió, apenas
nalizada la Gran Guerra, partir para Europa el 16 de
setiembre de 1918. Arribó a París, ciudad que pese a
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la guerra, mantenía el encanto de sus monumentos,
viejos edicios, cafés y calles evocadoras que Muiños
seguramente conocía de sus lecturas y que impresionó
vivamente al joven médico. Pero lo fue seguramente
más el ambiente médico, su Facultad y sus hospitales,
que habían sido la cuna de la medicina que le habían
enseñado sus maestros en Uruguay. Francia era por
entonces todavía la meca de los estudios médicos,
favorecida porque su idioma era cultivado por muchos
de los estudiantes latinos, al contrario del anglosajón
o el alemán, y porque sus maestros habían sido a su
vez alumnos de Francia y se habían formado en París.
Soca, el Maestro de Muiños era el ejemplo perfecto, al
punto de ser miembro académico en aquella ciudad.
Para Muiños, “París era Soca”.
Fue en esa ciudad alumno del profesor Ferdinand
Widal, en la Clínica Médica del Hospital Cochin. Visitó
como pasante otras clínicas en el Hospital St. Antoine
(Prof. Chauffort), Beaujon (Prof. Achard); Hôtel Dieu
(Prof. Gilbert). Buño agrega como dato interesante
su asistencia a la clínica de niños del profesor Victor
Hutinel, ya que Muiños tuvo un prematuro aunque
temporario interés en especializarse en pediatría, lo que
luego desechó para elegir la clínica médica de adultos.
En esa época descollaban además el neurólogo Pierre
Marie y el cardiólogo Louis Vaquez. Era habitual estar
atento al aviso de las clases de los profesores en los
varios hospitales parisinos. Enterado de que el Prof.
Gilbert iba a dar cuatro conferencias magistrales en
sábados sucesivos, fue al Hôtel Dieu por primera vez y
entró al histórico anteatro donde habían conferenciado
el eminente Armand Trousseau y George .Dieulafoy (el
compañero de estudios de Pedro Visca). Estuvimos allí
y también sentimos la impresión de pisar un anteatro
histórico. En el piso se apreciaban las rejillas de hierro
por donde en invierno escapaba el aire caliente para
calefaccionar el enorme salón. Dice Muiños que el
primer sábado un ayudante de Gilbert, previo al ingreso
del profesor escribió en una gran pizarra el nombre
propio de los autores que iba a citar en su conferencia .
. . en la lista estaba el de Francisco Soca.
Buño reere que, un espíritu tan renado y ávido de
conocimientos como el de Muiños, no debe haber
desdeñado disfrutar de la vida intelectual de París en
los dos años que vivió allí. Podemos asegurar que así
fue, pues de su biblioteca, antes del primer descarte
que la mutiló malamente, pudimos rescatar, además de
muchos libros en francés de los más destacados clínicos
de la época, algunos - pocos - referidos a la historia
de la medicina y biografías médicas que seguramente
compró, de acuerdo a la vetustez de su estado, en sus
visitas a los libreros de viejo de París. Muiños debe ser
considerado un ocasional historiador de la medicina
pese a su escasa producción escrita. Se reveló en
ese carácter en su extraordinario prólogo-historia a los
discursos de Soca ya mencionados. Para esta obra
tuvo en sus manos preciosas reliquias bibliográcas del
Maestro que le arrimaron algunos contemporáneos. El
Dr. Augusto Turenne (que fue Médico Superior, asimilado
a general de brigada y desempeñó entre 1921-1924 la
Dirección de la Sanidad Militar del Ejército y la Armada,
primer médico que alcanzó la mayor jerarquía dentro
del Ejército Nacional) le envió una libreta de apuntes
de Soca con las lecciones de Patología Interna de
1892, recogidas por el propio Turenne y conservada
como joya. Pocos años después, José May y Conrado
Pelfort le cedieron un tomo de más de 200 páginas
dactilograadas y encuadernadas con las lecciones de
Soca durante un semestre de 1909, versión taquigráca
que aquellos habían tomado como estudiantes de su
clínica.
JEFE DE CLÍNICA MÉDICA DE FRANCISCO SOCA
Muiños fue docente de la Facultad de Medicina desde
su graduación. Francisco Soca, ojo avizor como pocos,
debe haber reparado en Muiños durante su pasaje por
la clínica. Lo que explica su ofrecimiento de retenerlo
como Jefe de Clínica Adjunto (honorario) en la sala
“Argerich”, propuesta que el elegido presentó al Decano
en 1917 como argumento para dilatar el usufructo de
la beca de estudios. Ocupó luego en 1920 la jefatura
titular. Como Soca murió en 1922, fue su último Jefe
de Clínica. El cargo siguió desempeñándolo con el
Profesor Juan Carlos Dighiero, que sucedió a Soca,
quien a su vez murió en 1923. Entre 1925 y 1937 fue
Asistente honorario de Clínica Terapéutica (Prof. César
Bordoni Pose). No se presentó al cargo de Profesor
Agregado, aunque el Consejo de la Facultad le designó
en tal carácter como honorario. Obviamente tampoco
alcanzó el grado de Profesor Director, para el cual no le
faltaban méritos, y la Facultad le honró en 1959 como
HÉCTOR HOMERO MUIÑOS
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Profesor ad Honorem. Por tanto, Héctor Homero Muiños
fue Profesor de la Facultad de Medicina.
No es objeto ni momento para referirme a un libro de
Muiños que, según su prólogo fue “la condensación de
ideas que a cualquier médico, después de varios lustros
de ejercicio profesional, le ha dictado la experiencia”.
Nos referimos a “Medicina una noble profesión” de 1958,
el año de la lucha por la Ley Orgánica de la Universidad
(4), libro al que estupendamente Buño calica de
“reacción apasionada frente a cambios que no pudo
asimilar, que modicaron radicalmente las formas de
ejercer la profesión a la que había entregado toda su
vida”. Este libro, fue proyectado con la intención de ser
entregado a cada egresado, lo que no pudo ser llevado
a la práctica. Otros intereses, otros designios, otras
formas de encarar el ejercicio médico, otros caminos
seguidos por la Universidad y su Facultad de Medicina
desalentaron probablemente aquel propósito, quedando
la obra como una “rareza” dentro de la bibliografía, ya
fuera de época, aunque conoció una segunda edición
en 1966 y ¡oh paradoja!, a pedido de los estudiantes.
Pero el autor y su libro, sin ninguna modicación a pesar
de los años transcurridos, estaban irremediablemente a
destiempo.
MUIÑOS Y LA MUERTE DE FRANCISCO SOCA
El día antes de su muerte, 27 de marzo de 1922, Soca
había dado una brillante clase clínica en un rincón
de la sala San José del Hospital Maciel. Al retirarse
le recomendó a Muiños que no olvidara enviarle a
su consultorio privado a un enfermo a quien le iba a
realizar un examen radioscópico esa tarde. El enfermo
fue efectivamente enviado, pero el profesor se sentía
mal y no hubo consulta. Al día siguiente, Muiños fue
enterado por el doctor Dighiero que en la noche del 27
al 28 el Maestro había sufrido un ataque cerebral. Y le
encargó cuidar al enfermo, ya en coma, en la siguiente
noche. La pasó en compañía de otro grande, el poeta
Julio Raúl Mendilaharsu, casado con la hermana de
la esposa de Soca. En presencia de Muiños murió, y
al día siguiente fue velado y conducido al Cementerio
Central. Los restos mortuorios de Francisco Soca están
en el Panteón Nacional, traslado dispuesto por la Ley
Nº 7465.
MÉDICO DEL HOSPITAL MILITAR
Como muchos de los médicos de su época tuvo extensa
clientela privada, y pocos cargos rentados. Uno de
ellos lo fue precisamente en la Sanidad Militar. Médico
personal del presidente Juan Campisteguy (el dato es
de Buño), fue designado Médico Ayudante de Sanidad
asimilado a teniente con fecha el 31 de julio de 1930 con
cargo en policlínicas y Jefe de Sala de hospitalización.
En 1946 y hasta su retiro en 1952 como Equiparado a
Mayor (Médico), fue el Jefe de los Servicios de Medicina
de Tropa. No fue el único discípulo de Soca que prestó
servicios en este hospital; también José Pedro Escuder
Núñez (1922), Solís Otero y Roca (practicante en 1923),
y José María Estapé, médico ayudante de la policlínica
de neuropsiquiatría (1923-24) y del Servicio de Medicina
(1925).
Menciona Buño que Muiños siempre fue reconocido
por sus pares con la talla de un verdadero Profesor, de
sólidos conocimientos y acertado criterio clínico. Dejó
honda impresión a su retiro del hospital. Una sala del
Servicio de Medicina llevará desde entonces su nombre,
cuya placa fue colocada en ceremonia que presidió el
Ministro de Defensa Nacional general Olegario Magnani,
con la presencia de los jefes de las tres fuerzas, la viuda
del homenajeado Orlia Peirano y familiares. En nombre
de la Comisión de Homenaje trazó su semblanza el
teniente coronel médico Rodolfo Deambrosis. El primer
jefe de la sala Muiños fue el Profesor Agregado José
Scherchener.
También un ala del Hospital Sanatorio Español lleva
el nombre de “Sector Héctor Homero Muiños”, quien
desde 1922 y por más de cuarenta años fue médico de
policlínica y de sala.
LA BIBLIOTECA DE MUIÑOS PASA AL HOSPITAL
MILITAR
¿Cómo llegó la biblioteca de Muiños al Hospital Militar?
Muiños tenía, como los médicos de su época, una vasta
biblioteca donde conservaba todas las revistas a las que
estaba suscripto en Francia y que recibía regularmente
(Gazette des Hôpitaux, Revue Neurologique), así
como anglosajonas (British Medical Journal, Journal
of the American Medical Association) y por supuesto
Publicación de la DNSFFAA HÉCTOR HOMERO MUIÑOS
Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 9
rioplatenses (Prensa Médica Argentina, Revista de los
Hospitales, Día Médico Uruguayo, Anales de la Facultad
de Medicina, Revista Uruguaya de Medicina, Cirugía
y Especialidades, Revista Tisiológica). Conservaba
todos los libros que había adquirido en su viaje de
beca a París y los que adquiría en Montevideo, incluso
a pedido expreso de tal o cual obra. De su interés
universal por la medicina existían en su biblioteca libros
sobre deontología médica y medicina legal, incluyendo
la responsabilidad de los médicos, un tema del cual en
aquella época no existían casos judiciales en nuestro
país. Para conservar ese vasto conjunto, dispuso de un
mobiliario de roble fabricado a pedido, con dos grandes
mesas del mismo material para disponer cómodamente
del material a consultar. Suponemos que, ávido lector,
esas mesas estaban colmadas de revistas y libros
destinados a la búsqueda del dato necesario, de la
referencia bibliográca, o meramente para la lectura
de actualización o la preparación de una conferencia,
pues era un asiduo conferencista. En su casa de Punta
del Este, “La Loma”, donde pasaba largos períodos
luego de cesada su etapa profesional activa, tenía un
ambiente que hizo construir para el recogimiento y la
lectura. Era un hombre intelectualmente muy cultivado,
amante de los buenos libros, de las artes visuales y la
música. Sin ser un ermitaño, “refugiado en su profesión,
en su copiosa biblioteca, rodeado de sus obras de arte,
querido y admirado (no parece haber cosechado odios
ni envidias) en su trajín diario o en el retiro a que acudía
para sus lecturas y sus escritos - dice Buño – logró
aislarse del mundo y pasar sin comprometerse a través
de un mundo convulsionado y conictual que parece no
haberlo afectado”. Es curioso que tan cultivado lector y
disponiendo de aquel precioso material, no hubiera sino
publicado escasos trabajos médicos, y aún de menor
relevancia. Sus dos obras mayores ya citadas, que no
son obras médicas, fueron su más destacado legado en
letras de imprenta.
A su muerte, la biblioteca, es tradición no documentada
que le habría sido ofrecida a la Facultad de Medicina, y
ésta habría rechazado aquel material. Es preciso tener
en cuenta que la Facultad disponía ya del mismo acervo
en revistas y libros, por lo que no es extraño haber
desatendido esa donación que no sería pues de utilidad.
La viuda de Muiños, Orlia Peirano la habría ofrecido
entonces a la Sanidad Militar incluyendo el mobiliario,
que fue aceptado sin retaceos. Esto último nos pone
en la pista de que tal vez el verdadero destino de
aquella colección haya sido de inicio el Hospital Militar,
siendo irrelevante donar los muebles a la Facultad. Una
pequeña chapa de bronce, identicó cada una de las
estanterías con el nombre de Muiños, Alguna de ellas
aún conserva esa identicación.
¿Cuántos volúmenes incluyó en esa donación?.
Sabemos que fueron al menos 715 volúmenes con el
mobiliario, y este fue el núcleo de inicio de la actual
Biblioteca Biomédica. Se agregó una donación de libros
por la representación diplomática norteamericana, otra
del Servicio de Sanidad de la División I de Ejército, de
varios laboratorios farmacéuticos de plaza y también de
otros médicos. Así integrada, se instaló precariamente
en 1976 en el subsuelo de la sala 3 luego de su
conveniente refacción, aunque tuvo posteriormente
diferentes locaciones hasta nalizar en la actual (5).
Esa instalación fue seguida por el nombramiento de
su primer Comisión de Biblioteca Biomédica, que por
entonces pertenecía al Hospital Militar Central. La
Comisión fue presidida por el Cnel. (R) Enrique Blas
Dos Santos, y como vocales los doctores Héctor Morse,
Antonio Farcic. Paz Santurtún, Lilian Legazcue, Roberto
Quadrelli y Eduardo Laluz; como bibliotecaria Efgenia
Wilk de Posada (Orden de la Dirección del S.S. FF.AA
Nº 3258, Montevideo, 21 de julio de 1976). Esa Orden
incluyó como “Anexo” el primer Reglamento de la
biblioteca biomédica. La jefatura de la repartición quedó
a cargo de un Bibliotecario Jefe, bajo dependencia
directa del entonces denominado Subdirector Técnico
del hospital. La Comisión de Biblioteca fue su órgano
asesor. En informe que no lleva fecha, pero por cierto
cercano a la instalación de la biblioteca, la Bria.
Efgenia Wilk consignaba que la colección incluía 1946
volúmenes de libros, se recibían 51 títulos de revistas
por suscripción y 54 por canje con la “Revista del SS.FF.
AA.”, que se publicaba tres veces al año.
Es de lamentar que la mayor parte de la biblioteca de
Héctor Muiños, en sucesivas reorganizaciones, se
dispersara como ya hemos dicho. Algunos volúmenes,
de interés histórico por su antigüedad o por su tema
pasaron al Departamento de Historia de la Medicina
de la Facultad. También fue infructuosa por años la
iniciativa del que esto escribe, para que su nombre (o
HÉCTOR HOMERO MUIÑOS
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al menos una placa recordatoria) fuera colocada en la
Biblioteca Biomédica y me complazco que ese propósito
haya cristalizado por n. La institución y sus médicos se
honran sin duda en reconocer a quien por años prestó
destacadísimos servicios profesionales en el Hospital
Militar, con sapiencia y dignidad. Primero lo hizo con las
dos placas recordatorias que el hospital colocó en las
salas donde ejerció. Ahora su nombre queda ligado a
esta biblioteca que, si poco conserva hoy de su original
donación, tal vez remueva en cada uno de los que
ingresan a sus salas el interés por saber algo más de
aquel médico, discípulo y Jefe de Clínica de Francisco
Soca, que dedicó más de dos decenios de su vida
profesional a la asistencia en las salas del viejo Hospital
Militar.
Murió súbitamente el 19 de agosto de 1971 luego de un
breve lapso de síntomas neurológicos.
BIBLIOGRAFÍA
(1) BUÑO W. Héctor H. Muiños (1888-1971). En: Horacio
Gutiérrez Blanco (ed.), Médicos uruguayos ejemplares.
Montevideo: Imprenta Rosgal, 1989. Tomo 2. p.289-299.
(2) MUIÑOS, Héctor Homero (prologuista), Francisco
Soca. Selección de Discursos. Montevideo: Biblioteca
Artigas, 1972, 3 vols (Clásicos Uruguayos, Nº142 a 144).
(3) AMENGUAL, Claudia, Rara Avis. Vida y obra de Su-
sana Soca, Montevideo: Taurus-Santillana, 2012. p. 79.
(4) MUIÑOS, Héctor Homero, Medicina, una noble
profesión”. 1a. ed. Montevideo : Editorial Ciencias, 1958.
2a. ed. Montevideo : Editorial Cientíca de la Facultad
de Medicina, 1966.
(5) BLAS DOS SANTOS, Enrique. Local para la
Biblioteca Biomédica. Boletín Informativo del Servicio de
Sanidad de las FF. AA, Montevideo 1976; Nº 6, pág. 14.
Publicación de la DNSFFAA