
Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 59
En el siglo XIX se describió abundantemente la existencia
de los triatóminos transmisores de la Trypanosomiasis
americana. Es la “etapa entomológica” señalada por
Rodolfo Tálice en su monografía de 1940 que luego
comentaremos.
La “vinchuca” fue referida reiteradamente en el siglo XIX
en las comarcas del Río de la Plata.
Dámaso Antonio Larrañaga en sus “Escritos”, principios
del siglo XIX reere las “vinchucas” del Uruguay,
semejantes a las que encontrara en la Argentina y
describió el efecto de su picadura, por lo que se trataría
de vinchuca “domiciliaria” (acotación referida por Tálice)
Charles Darwin, que visitara como naturalista a bordo
del “Beagle” nuestro país en 1833, señaló la existencia
de vinchucas “silvestres” en los campos sobre la costa
del Río Uruguay. Se especula con la posibilidad que
Charles Darwin haya sufrido la enfermedad de Chagas
como resultado de una picadura del llamado gran bicho
negro de las pampas (verosimilmente, la “vinchuca”). El
episodio de la picadura fue reportado por Darwin en su
diario del viaje del Beagle (Bitácora de Darwin):
«... Dormimos en el pueblo de Luján, que es un lugar
pequeño, rodeado de jardines, y forma la zona más
cultivada en el sur de la provincia de Mendoza, está
a cinco leguas al sur de la capital. Por la noche tuve
un ataque (porque no se merece menos el acto) de la
benchuca, una especie de Reduvius, el insecto grande
y negro de las Pampas. Es muy desagradable sentir
insectos sin alas suaves, de aproximadamente una
pulgada de largo, arrastrándose sobre su cuerpo. Antes
de succión son bastante delgados, pero después se
vuelven redondos e hinchados de sangre, y en este
estado pueden ser fácilmente destruidos. Uno que me
llamó la atención en Iquique, (ya que se encuentran en
Chile y Perú), estaba muy vacío. Cuando lo puse sobre
una mesa, rodeado de gente; si se le presenta el dedo,
el intrépido insecto inmediatamente muestra su lechón
(¿punzón?), pica, y si se le permite, realiza extracción
de sangre. Ningún dolor fue causado por la herida. Era
curioso observar su cuerpo durante el acto de la succión,
al igual que en menos de diez minutos pasó de ser tan
plana, como la oblea, a una forma globular. Esta es
una de las representativas, se mantuvo obesa durante
meses enteros, pero, después de la primera quincena
del mes, estaba lista para tener otra succión”. [11]
En 1837, casi un año después de volver Darwin a
Inglaterra, comenzó a sufrir una forma intermitente
de síntomas pocos comunes, que lo incapacitaron
casi el resto de su vida.. Por otro lado, se ha sugerido
que Darwin era hipocondriaco y siempre se quejó
de palpitaciones y dolor precordial ocasionado por
alguna emoción. Igual que Berenice. Se ha inferido sin
mayor prueba que tanto Berenice como Darwin fueron
portadores de la infección más que de la enfermedad.
Varios intentos de examinar los restos de Darwin en la
Abadía de Westminster, usando la tecnología moderna
de ADN por PCR han sido negados por el conservador
del museo. [12, 13, 14, 15]
Víctor Martín de Moussy, médico y geógrafo francés,
que residió largamente en Montevideo, mencionó la
“vinchuca” (también referido por Tálice).
William Henry Hudson (Quilmes, Argentina, 1841-
Londres, 1922) de padres norteamericanos, estuvo en
el Uruguay entre 1868-1869 a la edad de 27 años, y
se alojó en la estancia “La Virgen de los Dolores” de
propiedad de George Keen. Los datos como buen
observador adquiridos allí los utilizó para su novela “La
tierra purpúrea” que escribió en Inglaterra a los 33 años y
fue su primer libro (The purple land that England lost, 1ª
ed., London, 2 volúmenes, 1885). En ella se lamentaba
que las tierras orientales se hubieran perdido para Gran
Bretaña sin derramar sangre. Describió la “vinchuca”
y su hábito hematófago nocturno, con un realismo y
simplicidad tan notables que incluso sería de utilidad
para la docencia en la Facultad de Medicina.
“Como a las once me fui a acostar, y tendiéndome
en el suelo, sobre mi tosco lecho de ponchos en
una pieza contigua a la cocina, bendije a esa llana y
hospitalaria gente. <¡Caramba! – pensé - ¡qué campo
tan glorioso le espera aquí a algún nuevo Teócrito! ¡Qué
indeciblemente trillada y articial parece toda la poesía
idílica a la fecha escrita, cuando uno se sienta a cenar y
toma parte en el airoso cielo o pericón en una de estas
lejanas estancias medio incultas sudamericanas! Juro
yo mismo volverme poeta y regresaré algún día a la
hastiada Europa y la sorprenderé con algo tan . . . tan
. . . ¿qué diablo fue eso?> Mi soliloquio a medio dormir
terminó de improviso y de un modo poco concluyente,
pues había un sonido aterrador, ¡el inequívoco zumbido
de un insecto! ¡Era la detestable vinchuca! He ahí un
La enfermedad de Chagas en el Uruguay:
el primer hallazgo por Rodolfo Tálice