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La enfermedad de Chagas en el Uruguay:
el primer hallazgo por Rodolfo Tálice
HISTORIA DE LA MEDICINA
Dr. Augusto Soiza Larrosa ab
a) Miembro de Honor y expresidente de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina
b) Académico del Instituto Histórico y Geográco del Uruguay
Resumen
En el 2009 se cumplió el primer centenario del descubrimiento de la Enfermedad de Chagas. Uruguay es el
primer país sudamericano libre de la vinchuca, insecto hematófago que transmite la Enfermedad de Chagas,
parasitosis endémica en la región por Trypanosoma cruzi. Desde 1997 no se registró en Uruguay transmisión
de la enfermedad a través de la vinchuca ni por vía transfusional, a lo que se sumó la eliminación, ocialmente
reconocida en el 2012 por las autoridades sanitarias del insecto vector, Triatoma infestans (vinchuca) en todo el
territorio uruguayo. Los últimos focos se localizaban en los departamentos de Tacuarembó, Rivera y Colonia. En
la reunión del organismo Iniciativas Subregionales de Enfermedad de Chagas realizada en su sede de Buenos
Aires, Uruguay recibió la validación y reconocimiento internacional por ser el primer país en la región que eliminó
la vinchuca. Los representantes de Uruguay recibieron la distinción de la Organización Panamericana de la Sa-
lud (OPS) el 29 de agosto de 2012. En la cumbre de técnicos de todos los países de Sudamérica, el ministro de
Salud de la Argentina y el representante de OPS en Argentina entregaron el reconocimiento internacional a los
doctores uruguayos Ciro Ferreira (presidente de la Comisión Nacional de Zoonosis) y Julio Sayes (veterinario di-
namizador de la misma) por el trabajo realizado para erradicar la vinchuca. Tan preciado mérito para nuestro país
retrotrae al médico compatriota Rodolfo Tálice, quien en 1939 identicó y describió el primer caso de la Enferme-
dad de Chagas o Tripanosomiasis Americana en el Uruguay a partir de la sangre de una niña del interior del país.
Palabras clave: TRIPANOSOMIASIS SUDAMERICANA
ENFERMEDAD DE CHAGAS
TRIPANOSOMIASIS
Rodolfo Tálice había nacido el 2 de mayo de 1899 en
Montevideo y graduado como médico en 1924 en la
Facultad de Medicina de Montevideo. La biografía
de este gran médico uruguayo, de singular como
multifacética personalidad, muerto en su atesorada
vejentud como gustaba llamarle a su edad de 100
años (1999), ha sido evocada por el médico, biólogo
e historiador de la medicina Fernando Mañé Garzón
[1] y por el parasitólogo compatriota Ismael Conti Díaz
[2]. Se le considera el primer parasitólogo académico
en Uruguay, con lo cual se integra a la pléyade de los
grandes biólogos pioneros sudamericanos de su época.
Tempranamente se insertó en el Departamento de
Parasitología del viejo Instituto de Higiene Experimental,
de la Facultad de Medicina de Montevideo. Y se vinculó,
en periplo europeo como era hábito de los recién
egresados, con la Cátedra y Laboratorio homónimos
de la Facultad de Medicina de París en viaje que luego
rememoraría divertidamente en su disfrutable libro
de anécdotas de las “tres C”, cuentos, condencias,
confesiones [3]. Estaba en la época dirigido por el
profesor Emile Brumpt (1877-1951) y su distinguido
colaborador y jefe de trabajos prácticos, doctor Maurice
Langeron (1874-1950). Brumpt estaba interesado en la
tripanosomiasis americana descripta por Carlos Chagas,
para cuyo diagnóstico biológico había instrumentado
en 1913 la técnica llamada “xenodiagnóstico”,
procedimiento usado durante muchos años. Por esa
razón, como veremos, vinieron al Río de la Plata y
estuvieron en Uruguay [4]
Cuando la Guerra del Chaco Boliviano-Paraguaya
(1932-1935) Tálice estuvo en el terreno de combate
Recibido: Marzo 2013
Aceptado: Noviembre 2013
Doi: http://dx.doi.org/10.35954/SM2013.32.1.9
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La enfermedad de Chagas en el Uruguay:
el primer hallazgo por Rodolfo Tálice
como observador delegado de la Liga de las Naciones
para el control de las condiciones de los prisioneros
recluídos. Allí conoció al brasileño Carlos Chagas
(Olveira, 1879 - Río de Janeiro, 1934), cuyo nombre
lleva la enfermedad transmitida por la vinchuca y que
descubriera en la primera década del siglo XX. Chagas
fue discípulo del gran biólogo brasileño Oswaldo Cruz
(1872-1917). El encuentro con Carlos Chagas debe
haber sido una experiencia inolvidable para Tálice quien
pocos años después tendría el privilegio de descubrir el
primer caso uruguayo.
Oswaldo Cruz fue pionero en Brasil en el estudio de
enfermedades tropicales y en medicina experimental;
fundó en 1900 el “Instituto Sueroterapéutico Nacional”,
en el barrio de Manguinhos en la ciudad de Río de
Janeiro, el cual se transformó posteriormente, y en
su honor, en el Instituto Oswaldo Cruz, prestigiado
internacionalmente.
Oswaldo Cruz (1872 – 1917) [Wikipedia]
EL DESCUBRIMIENTO DEL PARÁSITO POR CARLOS
CHAGAS
El descubrimiento del parásito fue singular. En 1907
Chagas había sido designado por Oswaldo Cruz jefe de
la Comisión de estudios sobre la prolaxis de la malaria
en el Estado de Minas Gerais, donde el paludismo
hacía estragos entre los obreros del ferrocarril. Allí, en
el poblado de Lassande, observador sagaz, comprobó
la presencia de abundantes insectos hematófagos
(vinchucas o “barbeiros” para el Brasil) y los estudió en
su vagón de ferrocarril acondicionado como laboratorio.
Los triatomas o barbeiros – así llamados por picar en
la cara - se encontraban en gran número en las grietas
de paredes y techos de las casas de los trabajadores,
y contenían centenares a miles de un parásito agelado
hasta entonces no descripto. Al examinar el contenido
del intestino de los insectos encontró grandes cantidades
de ese agelado, un trypanosoma. Chagas quiso probar
si la picadura del insecto provocaba alguna infección en
monos locales, pero como no encontró monos sanos
envió vinchucas con tripanosomas al Instituto Oswaldo
Cruz para inoculación experimental. Un mes después,
Chagas encontró en la sangre de un macaco grandes
cantidades de tripanosomas no conocidos previamente.
Nació así un nuevo parásito que Chagas llamó
Schisotrypanum cruzi como homenaje a su maestro
Oswaldo Cruz. Posteriormente probó la infección en
cobayos, perros, conejos y macacos que murieron [5].
Chagas estudió entonces el ciclo de desarrollo del
trypanosoma en el laboratorio y en el insecto transmisor
pero no encontró al huésped denitivo para el parásito
y decidió profundizar las investigaciones. Volvió a Minas
Geraes, examinó niños enfermos de un mal desconocido,
buscó al parásito en los que vivían en habitaciones
infestadas por triatóminos y el 23 de abril de 1908
encontró el primer caso de la enfermedad. Identicó en
la sangre periférica de una niña de nombre Berenice, el
mismo agelado. Berenice Soares de Moura, niña de 2
años, fue el primer caso históricamente documentado de
enfermedad de Chagas. Su foto ilustró el primer trabajo
de Carlos Chagas y la hemos rescatado de Wikipedia
(documento de uso público) [6].
La niña había tenido una forma aguda y severa de la
enfermedad pero a la fecha (1908) se encontraba en
ese momento en aparente buen estado de salud. A los
15 días Chagas la encontró febril, con el bazo e hígado
aumentados de tamaño, ganglios linfáticos periféricos
dolorosos e inltración generalizada. La fotografía
muestra esa inltración. Un año después, abril de 1909,
la vio por última vez, su temperatura era normal y los
parásitos sanguíneos habían desaparecido.
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Berenice sobrevivió y pasaron 53 años (1961) para
que investigadores de la Facultad de Medicina de Belo
Horizonte de la Universidad de Minas Geraes localizaran
a Berenice y revisaran a tantos años su evolución. Dicen
los investigadores:
“En abril de 1961, esta paciente fue sometida a una
revisión pertinente y su xenodiagnóstico encontrado
positivo (la cepa de Trypanosoma cruzi aislada está
ahora en estudio). Todos los resultados de una serie
de exámenes fueron sorprendentemente pobres, en
relación a las formas conocidas de la enfermedad de
Chagas. Este caso, históricamente documentado,
parece que señala la posibilidad de infección en el
humano por T. cruzi por medio siglo, sin producir
manifestaciones clínicas reconocidas”. [7]
Berenice Soares, primer caso humano de la enfermedad de Chagas
(del trabajo original de Carlos Chagas, 1909) [Wikipedia]
Berenice durante toda su vida permaneció asintomática,
con algunas quejas vagas de alteraciones referidas a
varios sistemas, como disfagia ocasional, palpitaciones
y dolor precordial espontáneo o producido por alguna
emoción.Sin embargo, la historia clínica, a lo largo de su
vida, no mostró datos de mayor relevancia.
El caso de Berenice le permitió describir la “Nova
trypanosomiasis humana” que publicó en las Memorias
del Instituto, año 1909 con 29 casos comprobados
[8]. Es la trypanosomiasis brasileña, luego llamada
Americana o Enfermedad de Chagas. El trabajo de
Chagas fue un hito en la historia de la medicina, por ser
el único investigador que pudo describir por completo
una enfermedad infecciosa, es decir, el patógeno, su
vector y hospedero, las manifestaciones clínicas y la
epidemiología. Cabe mencionar que la enfermedad
de Chagas es un caso singular en la historia de las
enfermedades infecciosas: primero se describió el
agentes etiológico y el transmisor y posteriormente la
enfermedad.
Carlos Chagas fue nominado por dos veces al Premio
Nóbel de Medicina (1913 y 1921), pero no lo consiguió y
murió modestamente a los 55 años, sin alguna riqueza
material.
Carlos Chagas (1879 – 1934) [Wikipedia]
HALLAZGO POR RODOLFO TÁLICE EN URUGUAY
No fue hasta la década de 1920 que despertó el interés
por la enfermedad en el maestro de Tálice, el médico
uruguayo Angel Gaminara (1881-1960), primer profesor
de parasitología, quien demostró la infección por
Trypanosoma cruzi de vinchucas en Uruguay [9, 10].
La infestación por el trypanosoma de las vinchucas
americanas es precolombina y andina. “Vinchuca”
es vocablo de origen quechua y signica dejarse
caer. Probablemente derive del quechua “chivincha”,
“borracho con el frío”. ¿Chucho por la primoinfección?.
Publicación de la DNSFFAA
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En el siglo XIX se describió abundantemente la existencia
de los triatóminos transmisores de la Trypanosomiasis
americana. Es la “etapa entomológica” señalada por
Rodolfo Tálice en su monografía de 1940 que luego
comentaremos.
La “vinchuca” fue referida reiteradamente en el siglo XIX
en las comarcas del Río de la Plata.
Dámaso Antonio Larrañaga en sus “Escritos”, principios
del siglo XIX reere las “vinchucas” del Uruguay,
semejantes a las que encontrara en la Argentina y
describió el efecto de su picadura, por lo que se trataría
de vinchuca “domiciliaria” (acotación referida por Tálice)
Charles Darwin, que visitara como naturalista a bordo
del “Beagle” nuestro país en 1833, señaló la existencia
de vinchucas “silvestres” en los campos sobre la costa
del Río Uruguay. Se especula con la posibilidad que
Charles Darwin haya sufrido la enfermedad de Chagas
como resultado de una picadura del llamado gran bicho
negro de las pampas (verosimilmente, la “vinchuca”). El
episodio de la picadura fue reportado por Darwin en su
diario del viaje del Beagle (Bitácora de Darwin):
«... Dormimos en el pueblo de Luján, que es un lugar
pequeño, rodeado de jardines, y forma la zona más
cultivada en el sur de la provincia de Mendoza, está
a cinco leguas al sur de la capital. Por la noche tuve
un ataque (porque no se merece menos el acto) de la
benchuca, una especie de Reduvius, el insecto grande
y negro de las Pampas. Es muy desagradable sentir
insectos sin alas suaves, de aproximadamente una
pulgada de largo, arrastrándose sobre su cuerpo. Antes
de succión son bastante delgados, pero después se
vuelven redondos e hinchados de sangre, y en este
estado pueden ser fácilmente destruidos. Uno que me
llamó la atención en Iquique, (ya que se encuentran en
Chile y Perú), estaba muy vacío. Cuando lo puse sobre
una mesa, rodeado de gente; si se le presenta el dedo,
el intrépido insecto inmediatamente muestra su lechón
(¿punzón?), pica, y si se le permite, realiza extracción
de sangre. Ningún dolor fue causado por la herida. Era
curioso observar su cuerpo durante el acto de la succión,
al igual que en menos de diez minutos pasó de ser tan
plana, como la oblea, a una forma globular. Esta es
una de las representativas, se mantuvo obesa durante
meses enteros, pero, después de la primera quincena
del mes, estaba lista para tener otra succión”. [11]
En 1837, casi un año después de volver Darwin a
Inglaterra, comenzó a sufrir una forma intermitente
de síntomas pocos comunes, que lo incapacitaron
casi el resto de su vida.. Por otro lado, se ha sugerido
que Darwin era hipocondriaco y siempre se quejó
de palpitaciones y dolor precordial ocasionado por
alguna emoción. Igual que Berenice. Se ha inferido sin
mayor prueba que tanto Berenice como Darwin fueron
portadores de la infección más que de la enfermedad.
Varios intentos de examinar los restos de Darwin en la
Abadía de Westminster, usando la tecnología moderna
de ADN por PCR han sido negados por el conservador
del museo. [12, 13, 14, 15]
Víctor Martín de Moussy, médico y geógrafo francés,
que residió largamente en Montevideo, mencionó la
“vinchuca” (también referido por Tálice).
William Henry Hudson (Quilmes, Argentina, 1841-
Londres, 1922) de padres norteamericanos, estuvo en
el Uruguay entre 1868-1869 a la edad de 27 años, y
se alojó en la estancia “La Virgen de los Dolores” de
propiedad de George Keen. Los datos como buen
observador adquiridos allí los utilizó para su novela “La
tierra purpúrea” que escribió en Inglaterra a los 33 años y
fue su primer libro (The purple land that England lost, 1ª
ed., London, 2 volúmenes, 1885). En ella se lamentaba
que las tierras orientales se hubieran perdido para Gran
Bretaña sin derramar sangre. Describió la “vinchuca”
y su hábito hematófago nocturno, con un realismo y
simplicidad tan notables que incluso sería de utilidad
para la docencia en la Facultad de Medicina.
“Como a las once me fui a acostar, y tendiéndome
en el suelo, sobre mi tosco lecho de ponchos en
una pieza contigua a la cocina, bendije a esa llana y
hospitalaria gente. <¡Caramba! – pensé - ¡qué campo
tan glorioso le espera aquí a algún nuevo Teócrito! ¡Qué
indeciblemente trillada y articial parece toda la poesía
idílica a la fecha escrita, cuando uno se sienta a cenar y
toma parte en el airoso cielo o pericón en una de estas
lejanas estancias medio incultas sudamericanas! Juro
yo mismo volverme poeta y regresaré algún día a la
hastiada Europa y la sorprenderé con algo tan . . . tan
. . . ¿qué diablo fue eso?> Mi soliloquio a medio dormir
terminó de improviso y de un modo poco concluyente,
pues había un sonido aterrador, ¡el inequívoco zumbido
de un insecto! ¡Era la detestable vinchuca! He ahí un
La enfermedad de Chagas en el Uruguay:
el primer hallazgo por Rodolfo Tálice
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enemigo contra el cual el valor británico y los revólveres
no sirven de nada . . . Los naturalistas nos dicen que
es el connorhinus infestans . . . Es indígena de Chile,
la Argentina y los países orientales, y es conocido
por el nombre de vinchuca . . . se le ha concedido
conservar el antiguo nombre que le dieron los primitivos
moradores. Es de color tostado oscuro, del ancho de
la uña del pulgar de un hombre; y plano como la hoja
de un cuchillo ¡cuándo está en ayunas! Se esconde
de día, como las chinches en las rendijas y grietas de
las paredes; pero apenas se apagan las velas sale en
busca de alguien a quien pueda devorar, pues <como
la pestilencia, anda en la oscuridad> Puede volar, y en
una pieza oscura sabe donde uno está y también sabe
encontrarle. Después de escoger una tierna y sabrosa
parte del cuerpo, penetra el cutis con su pico y chupa
vigorosamente durante dos o tres minutos, y por raro
que parezca, no se siente la operación aun estando uno
enteramente despierto. Al terminar es tanta la sangre
que ha chupado, que el bicho, antes tan enjuto, llega a
adquirir la forma, el tamaño y aspecto general de una
grosella madura. Apenas se va empieza la parte picada
a hincharse y arder como cuando a uno le pican las
ortigas. Que la comezón venga después y no durante
la picadura, es algo muy ventajoso para la vinchuca,
y dudo mucho que en este aspecto haya otro parásito
chupador tan favorecido por la naturaleza”. [16]
Lo que Hudson describió por la picadura es el chagoma
de primoinoculación. Se lo relaciona directamente con
la enfermedad de Chagas ya que es una manifestación
casi característica de ésta aunque no se produce en
todos los casos. Se observa de preferencia en partes
del cuerpo habitualmente descubiertas. Es de tamaño
variable, casi siempre altera el colorido de la piel, como
simple mácula rosada, y otras se asemejan a procesos
piógenos (impétigo, ántrax, forúnculo). Es poco o nada
doloroso, característica que permite diferenciarlo de los
procesos piógenos citados que siempre lo son. Según
Hudson es muy pruriginoso. Puede semejar también la
picadura de un insecto. El chagoma desaparece entre
los 30 y 60 días de la enfermedad pero el parásito sigue
en la sangre.
Carlos Berg, naturalista, en sus publicaciones sobre
hemípteros argentinos (1879) menciona a Uruguay
como asiento de Triatoma rubrovaria y Triatoma
circummaculata (no hemos accedido a esa fuente,
también referida por Tálice).
Existen actualmente descriptas 117 especies
reconocidas de Triatóminos (5 tribus, 14 géneros). Unas
105 especies ocasionan la enfermedad en América y
la mitad de ellas están infectadas naturalmente por el
parásito. [17]
El desarrollo del ferrocarril en Sudamérica extendió la
propagación del vector junto al mal que trasmitía. Así
se desarrolló en el nordeste brasileño, donde describió
Chagas la enfermedad en la década de los años 20’.
La red ferroviaria y la enfermedad se difundió luego al
Chaco argentino y a toda Sudamérica.
En 1927 habían estado en Uruguay Emile Brumpt y
Maurice Langeron, recorriendo los departamentos
de la campaña sin encontrar el parásito en la sangre
de los investigados en Durazno y Tacuarembó [18].
¿Existía entonces o no la enfermedad en nuestro país?.
Vinchucas infectadas por el parásito descubierto por
Chagas había en Uruguay, pero sin casos conocidos de
la enfermedad. Tálice estaba convencido de que tenían
que haber enfermos no diagnosticados.
Escribe Mañé, “Tálice, siguiendo la línea aprendida
junto a su primer maestro Gaminara, así como junto a
Brumpt, emprenderá la detección en nuestro país de
la tripanosomiasis americana, enfermedad de Chagas.
Esta enfermedad descrita por el distinguido médico
brasileño en 1909, había sido motivo de minuciosos
estudios nosológicos y anatomopatológicos. En 1922,
Gaminara había encontrado el agente vector de la
afección, la vinchuca, en ejemplares recogidos en
nuestro territorio, lo que hacía prácticamente segura la
existencia de la enfermedad en el país. Inuenciado por
éste y por el ejemplo dado por Salvador Mazza, en el
norte argentino, aunando esfuerzos con el distinguido
médico pediatra de Paysandú, Benito Rial, Tálice
comenzó la investigación sistemática de ella, que se
muestra tan ecaz que en 1935 [1937] describieron el
primer caso procedente del litoral [19].
Mañé se reere al argentino Salvador Mazza, quien
“redescubrió” la enfermedad descripta por Chagas al
hacerse cargo de la Misión de Estudios de Patología
Regional Argentina (MEPRA). Esta Misión tuvo
como meta diagnosticar y estudiar las enfermedades
Publicación de la DNSFFAA
Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 61
desconocidas del norte argentino, entre ellas la
enfermedad de Chagas [20]. La MEPRA había sido
fundada por Salvador Mazza en 1926. A la forma
crónica descripta de la enfermedad por Chagas en
Brasil, agregaron Salvador Mazza y Cecilio Romaña en
Argentina en 1934 las formas agudas, por inoculación
del parásito consiguiente a la picadura periorbital que
hace la vinchuca. Documentaron el edema palpebral
unilateral, indoloro, y la adenopatía satélite (síndrome de
Romaña y Mazza). El signo, inconstante pero bastante
revelador persiste entre 30 y 60 días.
En su libro Memorias de un siglo [21] Tálice narró cómo
hizo el primer hallazgo de un enfermo. Siendo Asistente
del Departamento de Parasitología (entonces en el
añoso edicio de la primitiva Facultad de Medicina, el
Instituto de Higiene Experimental, esquina de Sarandí
y Maciel, donde se mantuvo desde 1896 a 1940), bajo
la égida del primer profesor formal de parasitología
de nuestra Facultad, Angel Gaminara, en mayo de
1939 [error de datación, por 1937] Tálice recibió un
paquete postal conteniendo “gotas espesas” obtenidas
de una niña sospechosa de estar afectada por una
primoinfección chagásica. La enferma residía en las
afueras de Paysandú, y quien enviaba era el médico
pediatra Benito Rial. Inmediatamente colocó bajo el
objetivo del microscopio el portaobjeto, e identicó
el Trypanosoma cruzi, que a pesar de su morfología
alterada por la técnica poco ortodoxa, mostraba sus
típicos caracteres tintoriales. El primer caso uruguayo
de la enfermedad quedó establecido y publicado en
1937 [22]. Pero solamente para Tálice . . .
Rodolfo Tálice, joven médico, 1925 [Rev Med, 1999, cit]
Aceptar el nexo etiológico entre el trypanosoma y la
enfermedad descripta por Chagas no fue rápido ni
sencillo para la comunidad médica. “Hube, no obstante
– dice Tálice – que sufrir momentos amargos después
de las primeras conrmaciones. Los microbiólogos
superiores del Instituto de Higiene acudieron a
contemplar los trypanosomas, deformados siempre,
del primer caso uruguayo. Retiraban las cabezas del
microscopio y con un gesto de visible incredulidad
murmuraban ¿serán trypanosomas esas “manchitas”
coloreadas?. Tuve que convencerlos aportando
argumentos supletorios. Sangre solicitada (citratada) de
la enfermita sanducera, inoculada a cobayo produjo en
ellos la infección trypanosomiásica, con trypanosomas
típicos, visibles, movedizos entre sus glóbulos rojos. No
quedaba en pie la menor duda”.
Hasta 1939 Tálice (sólo o con Angel Gaminara) repasó
más de mil especímenes de “gota espesa”, muchas
negativas, alguna positiva. Y éstas exigieron más de diez
horas de observación tenaz. Hubo de acostumbrarse
a reconocer tripanosomas deformados por la técnica
de confección de la “gota espesa”. Examinó “lotes de
vinchucas”, el vector hematófago del trypanosoma.
Unas quinientas cartas dirigió a las escuelas del interior
del Uruguay para pedir su colaboración. Centenares de
ejemplares de folleto explicativo fueron enviados a los
maestros. Miles de kilómetros recorrió con su “maltrecho
Ford” en pos de las vinchucas y de la enfermedad de
Chagas. Visitó innumerables ranchos en busca del
insecto vector. Fotograó; recolectó datos.
Hubo que recoger muchos casos y experimentar profu-
samente para que ese parásito fuera denitivamente re-
conocido como el agente causal de aquella enfermedad.
Brasil, Argentina y Uruguay dieron a la ciencia médica
notables investigadores a quienes debemos reconocer
su talento y perseverancia.
En 1939, comunicó el primer caso con muerte en una
niña del departamento de Rivera [23].
Como resultado de estas fatigosas búsquedas e
investigaciones de Rodolfo Tálice y sus colaboradores
en la Sección Parasitología del Instituto de Higiene de
Montevideo (Sección que había sido creada en 1926
a instancias de Arnoldo Berta), se dio a la prensa en
1940 el primer libro sobre la Enfermedad de Chagas
La enfermedad de Chagas en el Uruguay:
el primer hallazgo por Rodolfo Tálice
62
en Uruguay y el primero en lengua castellana;
una monografía sobre los 100 primeros casos
nacionales agudos registrados de la enfermedad [24].
Típico “rancho” de la campaña del Uruguay, alrededores de la ciudad
de Paysandú. Es la vivienda donde contrajo la enfermedad la niña
cuya sangre examinó Tálice y que fue el primero en que se diagnosticó
la enfermedad de Chagas en el Uruguay (foto Nº 24, original de la
monografía de Tálice y colaboradores, 1940, página 71).
Es obra conjunta que rmaron Tálice, Radamés S.
Costa, Benito Rial y Juan J. Osimani, La monografía
está dedicada “a cuatro sudamericanos ilustres”: Carlos
Chagas, descubridor de la Tripanosomiasis Americana;
Arnoldo Berta, Director del Instituto de Higiene de
Montevideo; Angel Gaminara, Catedrático Ad Honorem
de la Facultad de Medicina de Montevideo; Salvador
Mazza, Jefe de la Misión de Estudios de Patología
Regional Argentina .
Con esta obra se cerró la primera etapa de la historia del
mal de Chagas en Uruguay.
Rodolfo Tálice (fotografía por Ninón Tálice, publicada en “El País”, supl.
El Escolar, chas coleccionables Biografías)
Monografía por Rodolfo Tálice y colaboradores sobre los 100 primeros
casos uruguayos, año 1940.
SUMMARY
Year 2009 marked the rst one hundred years since
the discovery of the Chagas Disease. Uruguay is the
rst South American country free of the vinchuca, the
hematophagous insect transmitting Chagas Disease, an
endemic parasitosis in the region by the Trypanosoma
cruzi. Since 1997 there have been no records in
Uruguay about the transmission of the disease by the
vinchuca or by means of a transfusion; in addition, it
was eliminated, and ofcially acknowledged in 2012 by
the health authorities, the vector insect, the Triatoma
infestans (vinchuca) all over the Uruguayan territory.
The last foci were localized in the departments of
Tacuarembó, Rivera and Colonia. At the meeting of the
Sub regional Initiatives on Chagas Disease agency,
which took place in its Buenos Aires headquarters,
Uruguay received an international validation and
acknowledgement, being the rst country in the
region to accomplish the elimination of the vinchuca.
Representatives from Uruguay received the distinction
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Salud Militar Vol. 32 Nº 1 Año 2013 63
from the Pan American Health Organization (PAHO) in
August 29, 2012. At the summit of technicians from all
the South American countries, the Minister of Health
of Argentina and the representative of the PAHO in
Argentina presented this international acknowledgement
to the Uruguayan doctors Ciro Ferreira (President of
the National Zoonosis Commission) and Julio Sayes
(Veterinarian development agent) for the work carried
out in order to eradicate the vinchuca. Such a signicant
distinction for our country takes us back to our fellow
citizen Rodolfo Tálice, who, in 1939, identied and
described the rst case of the Chagas Disease or
Trypanosomiasis Americana in Uruguay, from the blood
of a girl living in the inland region of the country.
Key Words: TRYPANOSOME CRUZI
CHAGAS DISEASE
TRYPANOSOMIASIS
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Publicación de la DNSFFAA