SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
Eq.Mayor (Med) AUGUSTO SOIZA LARROSA
Jefe del Dpto. Médico Legal del Hospital Militar
Académico del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay
Correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid
Miembro de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina
La sanidad oriental y el hospital patriótico
No hubo un Cuerpo de Sanidad “móvil” agregado
al ejército oriental en operaciones, mal endémico
de las guerras de independencia y civiles uruguayas
durante todo el siglo XIX. Ningún ejército en ninguna
época pudo prescindir de los “cirujanos”
(denominación vaga y amplia, para denominar a los
encargados del arte de “curar”).
Estos acompañaban las tropas y se ubicaban generalmente a retaguardia, provistos de equipo pesado,
acondicionado con el Parque de guerra.
Era después del combate que comenzaban a llegar los heridos supervivientes para su asistencia, conducidos por
sus compañeros o desplazándose por sí; los que quedaban en el campo de batalla podían quedar allí hasta ser
encontrados (a veces días después, como sucedió en Sarandí) o morir. La sanidad oriental se mantuvo acantonada
en el Hospital Patriótico de la Villa del Durazno.
Efectuado el desembarco de los 33 Orientales en costa uruguaya (25 de abril de 1825), lentamente se fue
organizando desde la nada, un precario sistema sanitario de apoyo al ejército. El gobierno de Buenos Aires no
intervino en su auxilio hasta que la invasión mostró síntomas de éxito y consolidación, al establecerse una autoridad
gubernativa provisoria en la Provincia Oriental.
En junio, se estableció el Gobierno Provisorio de la Provincia Oriental, primero en San José y luego en Florida, con
lo que el movimiento revolucionario adquirió carácter formal. Se regularizaron las relaciones con Buenos Aires, y la
representación oriental ante esa ciudad (Pedro Trápani) impulsó la ayuda material al ejército en operaciones.
Numerosas embarcaciones cruzaron desde entonces el río Uruguay trayendo pertrechos y dinero para la paga de
los soldados. El 17 de junio, el teniente coronel Manuel Oribe, a cargo del sitio de Montevideo remitió el siguiente
oficio a Lavalleja:
“ . . . El conductor es D. Antonio San Martín quien se ofrece para asistir a los heridos del Ejército y lo
remito para que V.E. lo destine en caso que haga falta. Dios guarde a V.E. ms.as. Junio 17 de 1825. Manuel Oribe”.
(CORRESPONDENCIA MILITAR DEL AÑO 1825, tomo I, doc. 130).
BATALLA DE SARANDI
(12 de octubre de 1825)
Cómo fueron asistidos los heridos
HISTORIA DE LA MEDICIN
A
de la batalla de Sarandí
Juan Manuel Blanes - 1881
80
La batalla de Sarandí, impresionante combate de
caballería, tuvo lugar el 12 de octubre de 1825,
enfrentándose el ejército oriental al mando del
general Juan A. Lavalleja (2000 hombres) y el
imperial brasilero comandado por el coronel
graduado Bentos Manuel Ribeiro. Ese día, aciago
para el Imperio y de gloria para los orientales,
cumplía años el emperador del Brasil, don Pedro I.
https://doi.org/10.35954/SM2007.29.1.8
Batalla de Sarandí
¿Quién era el que se ofrecía?. Dice el historiador
Rafael Schiaffino “No hace referencia el jefe patriota
de los títulos, ni de la capacidad del recomendado, ni
siquiera le adjudica el genérico de cirujano en toda su
vaguedad. No tenemos, por otra parte, antecedentes
a su respecto, pero podemos presumir (ver mas
adelante por esta presunción) que hubiera actuado
antes en el Hospital de Canelones . . . no está demás
señalar que en los casos de asedio a Montevideo
siempre fue Canelones el punto obligado para toda
clase de recursos, tanto los hospitalarios como los
políticos como lo atestiguaron los primeros asedios
patriotas, el de Lecor en el año 22, y éste del que
ahora nos ocupamos(HISTORIA DE LA MEDICINA
EN EL URUGUAY, tomo 3º: 609).
Destinado al Hospital del Cuartel General en
Florida, como cirujano mayor, se dirigió al Gobierno
Provisorio informando de sus carencias:
“Exmo. Señor: Hallándose el Hospital bastante
escaso de los remedios mas necesarios para curar
alguno de los enfermos que actualmente están en él;
por no ser suficiente, ni aptos los suples con que
podemos valernos para su curación: pongo en su
consideración de V.E. la suma necesidad que hay de
hacer conducir algunos remedios (los mas
necesarios) de Canelones para poderse curar: a cuyo
efecto estimaré que V.E. me ordene lo que halle por
mas conveniente. Dios guarde a V.S. ms.as. Junio
24/825. Antº. Benito de San Martín. Cirujano del
Ejército” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo I,
doc.162).
Equivocó –por ignorarlo- el destinatario de su oficio;
San Martín debió dirigirlo a su superior inmediato, el
Jefe del Estado Mayor; éste, teniente coronel Pablo
Zufriategui, designado por Lavalleja el día anterior, lo
pasó a informe del mayor Pedro Lenguas. La
inspección que Lenguas hizo del hospital es
reveladora de la mísera situación sanitaria del
ejército:
“Luego que recibí la comunicación Oficial de esta
fecha en que V.S. se sirve comisionarme para visitar
y celar el Hospital del Ejército existente en esta Villa,
quité un lugar a las ocupaciones de mi encargo, y
pasé a dar cumplimiento a su orden. Encontré el
Hospital servido del mejor modo que lo permite
nuestras circunstancias. Impondré a V.S. del
estado de este establecimiento, y medidas tomadas
por el Exmo. Gobierno para su mejora, de las que
estoy orientado por haber por mi conducto corrido las
diligencias a este efecto. Está el Hospital sin
medicina alguna, y sólo se suministran
medicamentos hechos de simples que se recogen en
el campo; pero por el momento se esperan medicinas
mandadas traer del Canelón, sin perjuicio del
botiquín formal pedido a Buenos Aires.
No hay camas, ni demás útiles precisos para
el servicio de los enfermos; mas se espera también
lleguen con las medicinas de Canelón, los dejados
por el enemigo en aquel punto, y otras piezas que
se mandaron allí comprar.
La habitación es pequeña e incómoda, y
subsistirá así hasta que el tiempo permita hacerla
nueva, como está acordado.
Creo dejo a V.S. bastante impuesto de lo
que se ha servido encargarme. Dios guarde a V.
ms.as. Florida 30 de Junio de 1825. Pedro Lenguas.
Al Tte. Coronel, Jefe del Estado Mayor Don Pablo
Zufriateguy” (CORRESPONDENCIA; cit., tomo I,
doc. 204).
El hospital estaba “servido”, es decir atendido por el
cirujano, pero . . . el aspecto material era totalmente
insuficiente. La solicitud del cirujano fue atendida en
unas dos semanas:
“Tengo el honor de remitir a V.E. todos los útiles de
hospital que aquí se han podido encontrar de los que
expresa la adjunta lista (no está). En la primera
oportunidad daré a V.E. cuenta de su importe. . . Dios
guarde a V.E. ms.as. Canelones Julio 10 de 1825.
Manuel de Araúcho. Exmo. Gobierno Provisorio de la
Provincia” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo I,
doc.235).
Los medicamentos fueron proporcionados bajo papel
de pago, por Pedro Conilh:
“Vale a fabor de D. Pedro Conil por treinta y siete
pesos que importan las medicinas remitidas por mi al
Supr. Gobno. por su Comisión. Hoy 11 de Julio de
81
SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
1825. Manuel de Araúcho. Son 37 ps. Del Comte. De
Viana en Com.on(SCHIAFFINO, cit., tomo 3º: 612).
Pedro Conihl era natural de Burdeos, y había ejercido
como “cirujano” en el primer sitio artiguista de
Montevideo. Artigas le nombró cirujano del Cuerpo de
Blandengues en 1812. Luego se desempeñó como
“profesor de farmacia” (boticario) en Canelones,
desde donde aprovisionó con medicinas al hospital
patrio en 1825 (AUGUSTO SOIZA LARROSA,
Evolución de la sanidad militar en el Uruguay 1811-
1839, Rev. Serv. San. FF. AA., Montevideo, 1990,
vol. 14, Nº 1: 126).
También aumentó la capacidad del hospital con la
construcción de algunos ranchos o cobertizos:
“. . . dos (soldados) se prendieron y uno se escapó
que eran tres, infiero sean desertores aunque ellos
niegan no he tomado mas averiguación porque voy
en marcha al corte de las maderas para el
Hospital. Dios guarde a V.E. ms.as., Costas del
Maciel Julio 8 de 1825. José Alvarez. Sor. Brigadier
Gral. en Jefe Don Juan Antonio la Balleja”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo I, doc.228). José
Alvarez era capitán de Milicias y estaba bajo las
órdenes del sargento mayor Felipe Duarte, que fue
capitán y jefe de la vanguardia en el ejército
artiguista. Duarte residía en Florida y había sido
designado Comandante de Armas por sus
conocimientos y cualidades (SCHIAFFINO, cit., tomo
3º: 612). Fue el encargado de todo lo referente al
hospital (ampliación, traslado, provisión). ¿Quiénes
eran los “prendidos”?. Eran soldados portugueses o
guaraníes, negros y aún desertores del ejército, que
fueron en seguida puestos a trabajar para mejorar el
hospital:
“El Capitán Don José Alvarez, de Milicias de este
punto, estaba encargado de los prisioneros que
construyeron el hospital y cortaron sus maderas.
Deseo saber si este señor debe o no marchar
conmigo con los prisioneros. Dios guarde a V.E.
muchos años. Florida, Setiembre 14 de 1825. Felipe
Duarte. Exmo. Señor Brigadier General en Jefe del
Ejército de la Provincia D. Jn. Antº. Laballeja”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.737). Se
trata del abandono del hospital para reinstalarlo en
Durazno.
Llegaron los botiquines desde Buenos Aires:
“Quedan entregados en esta comisaría las dos cajas
de medicinas que se ha servido remitir V.S. con su
oficio de esta data, y condujo desde Buenos Aires
el Capitán Don Santiago Gadea para nuestro
Hospital. Dios guarde a V.S. ms.as. Agosto 2 de
1825. Carlos Anaya. Sr. Jefe del Estado Mayor
Dn.Pablo Zufriategui” (SCHIAFFINO, cit., tomo 3º:
612).
En agosto el hospital estaba listo, con las medicinas
adquiridas en Canelones y las cajas botiquines
enviadas desde Buenos Aires.
Aparte de Antonio Benito de San Martín, otros
“cirujanos” sirvieron en el hospital:
“Según me ordena por el oficio de Vd. fecha 21 del
que luce, va el 2º cirujano de éste (se refiere al
hospital de Durazno, entonces en plan de
ampliación), conduciendo un botiquín y nueve
soldados de alta pertenecientes a ese Cuartel
General, lo que comunico a Vd. para su inteligencia.
Dios guarde a Vd. muchos años. Villa de Durazno,
Setiembre 23 de 1825. Felipe Duarte. Al Jefe del
Estado Mayor General Don Pablo Zufriategui”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc. 793).
Según Schiaffino (cit., tomo 3º: 613). Ese 2º cirujano
era Pedro Velarde, “practicante” (enfermero) en 1814
aunque se le refiere como “cirujano de marina”,
“cirujano del ejército” y aún “cirujano mayor del
Ejército”, tal la vaguedad de la calidad de “cirujano”
que se daba entonces a quienes se dedicaban al arte
de curar. Velarde estaba en el campamento de la
Villa del Durazno con el general Fructuoso Rivera, y
desde allí fue enviado con los enfermos dados de alta
al hospital del Cuartel General en Florida.
Completa el plantel sanitario, un “practicante”,
enviado desde la Villa de Guadalupe (Canelones) al
hospital de Florida. Era un hijo del procurador don
Antonio García, quien para escamotearlo al servicio
de guerra, intentó hacerlo pasar como “licenciado y
con certificado de cirujano” en el hospital de la Villa.
82
Batalla de Sarandí
Los certificados sólo demostraron su “compostura de
practicante de ese hospital. Así, descubierto el
freaude, se le envió a servir a la Patria “el tal mejor
que otros hijos tantas infelices pobres viudas y sin
amparo” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo I, doc.
450, oficio de Mateo Quiroga al Jefe del Estado
Mayor General, 20 de agosto de 1825). Aparte del
hospital de Florida, sabemos que se habilitaron
“enfermerías” en las villas donde existían divisiones
del ejército: San José, con el cirujano francés
Santiago José Rapet; Porongos, con el cirujano de 1ª
de la División del general Fructuoso Rivera, Francisco
Floribal (A.SOIZA LARROSA, cit.: 127). Francisco
Floribal estuvo en la batalla de Sarandi pues
revistaba como cirujano en el Estado Mayor de la
División del general Rivera (EL EJERCITO
ORIENTAL DE 1825, Boletín Histórico del Ejército,
Montevideo, 1977, Nº 227-230: 1).
En previsión de futuras operaciones militares y
seguramente para tener mas a mano su Cuartel
General, Lavalleja decidió trasladarlo al Durazno con
la artillería, infantería, maestranza y reforzar el
hospital de la Villa de Durazno con lo que había en
Florida. El ascendido a coronel Felipe Duarte partió
de Florida el 14 de setiembre para instalar el Cuartel
General en aquella Villa:
“Las carretas de la Comisaría, Hospital y Armería
marcharon ayer tarde y al cargo de un Oficial de esta
Comisaría por disposición del señor Coronel Duarte,
hasta la estancia de Don Basilio Fernández . . .
Florida, Setiembre 15 de 1825. Carlos Anaya. Señor
Jefe del Estado Mayor General
(CORRESPONDENCIA; cit., tomo II, doc. 745). La
casa o estancia de Basilio Fernández (un coronel
portugués) se transformó en una prisión para los
oficiales brasileros capturados.
La batalla de Sarandí y sucesos posteriores
Ya dijimos que el ejército oriental en operaciones no
tuvo un Cuerpo de Sanidad móvil.
La mortandad de la batalla (12 de octubre) ha sido
desigualmente evaluada por los actores. En su primer
parte, Lavalleja (Durazno,13 de octubre) dice:
“. . . siendo el resultado quedar en el campo de
batalla de la fuerza enemiga mas de 400 muertos sin
contar los heridos que aún se están recogiendo y
dispersos . . . Nuestras pérdidas han consistido en un
oficial muerto, trece heridos; 30 soldados muertos y
60 heridos” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
952).
Cinco días después (18 de octubre) en un oficio
desde (arroyo) Timote al Gobierno Provisorio de la
Provincia, Francisco Xavier Caballero, el número
había aumentado:
“ . . . pacé al campo de Batalla aberificar lo que ceme
ordena adonde encontré al becino Caceres el cual
estaba encargado por el Exmo.Señor Capitán
General de la provincia para recoger todos los
cadáveres y amontonarlos donde fuese
conveniente adonde le ayudé con mi vecindario asta
concluir a la disposición, por cuenta que me da el
dicho Caceres asiende la totalidad de los difuntos a
cuatrocientos y noventa, fuera de algunos muertos
que puede aber fuera de dicho campo . . .”
(HORACIO J. VICO, “LA BATALLA DE SARANDI”, 2ª
ed., Montevideo 1975: 130).
Todavía Lavalleja hizo aumentar el número de
muertos (parte ampliatorio del 26 de octubre):
“Los enemigos dejaron en el campo de batalla 572
muertos, 133 heridos . . . no se tiene aún
conocimientos de los muertos, heridos y prisioneros
que hasta la fecha se toman por los vecinos y
partidas que persiguen a los dispersos en todos los
puntos de la campaña(SCHIAFFINO, cit., tomo 3º:
622).
La mortalidad de los orientales fue estimada por Luis
De La Torre de esta forma:
“La pérdida de los patriotas fue de 80 muertos y 120
heridos, todos de bala y de la descarga a
quemarropa que recibieron” (“MEMORIA DE LOS
SUCESOS DE 1825”, fragmento en H.J.VICO, cit.,
pág. 133-134).
Una visión del campo de la batalla, según
expresiones del propio Lavalleja:
83
SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
“Es imposible poder a Vd. manifestar el sentimiento
que me oprimía cuando a las veinte y cuatro horas
después de la acción, andabamos buscando nuestros
compañeros y encontrábamos algunos que se habían
arrastrado mas de diez cuadras para hallar agua con
que apagar la sed que causaban las heridas de las
balas, porque la mayor parte ó todos están
heridos de bala(SCHIAFFINO, cit., tomo 3º: 623).
Mientras Rivera perseguía al resto del ejército
brasileño, Lavalleja se dirigió a Durazno, desde
donde redactó su primer parte de batalla el día 13 de
octubre. Carretas con numerosos heridos de ambos
contendientes fueron arribando a Durazno,
desbordando el hospital. Debieron ser atendidos por
los vecinos de las cercanías, donde iba pasando el
ejército. El hospital de Durazno no podía hacerse
cargo de la avalancha de sufrientes. El delegado en
Buenos Aires, Pedro Trápani, urgido por Lavalleja,
pidió ya al otro día de la batalla al médico Justo
García Valdez del Tribunal de Medicina de Buenos
Aires, que “en el nombre sagrado de la Patria saque
si es posible de las entrañas de la tierra, uno o mas
cirujanos qe. instantáneamente marchen a curar a los
heridos qe. han resultado de la gloriosa simpar
jornada del 12 del corriente en Sarandí(REVISTA
HISTORICA, Montevideo, 1924, tomo XII: 433, doc.
274). Justo García Valdez respondió de inmediato,
enviando a los cirujanos José Torasso, de la
Universidad de Turín, y Antonio Teully, de la marina
francesa, con un enfermero mayor “semiboticario” (no
se conoce su nombre; fue conocido como Monsieur
Morandy) y :
“. . . una caja grande de amputación bien surtida; 60
o mas varas de crea; 108 vs. de brámante de
algodón; 30 de franela; igual porción de efetantes
todo para vendages y compresas; también llevarán
todas las hilas qe. se encuentren, y ámas estopa fina
qe. puede suplir; estos renglones se consumen
mucho en un hospital de heridos y es mejor qe. sobre
y no qe. falte” (ídem, ídem).
La incorporación de cirujanos y enfermero fue
comunicada desde Buenos Aires por Pedro Trápani al
general Lavalleja (24 de octubre):
“En atención a la necesidad que creo habrá en ese
Ejército de Cirujanos, pasa el Sr. Don José Tortosa
(por Torasso), de dicha facultad en clase de primero
del otro que lo acompaña, Dn. Antº Tuly (por Teully),
a ponerse a las órdenes de V.E”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc. 1022).
“Considerando con igual falta a ese Ejército de un
enfermero Mayor, que la de cirujanos, pasa Mr.
Morandy en esa clase a ponerse a las órdenes de
V.E.” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1024).
Recibidas en el Cuartel General estas
comunicaciones, el 5 de noviembre estaban los
cirujanos y el enfermero en su destino:
“Exmo. Señor.
Paso a manos de V.E. las tres comunicaciones que
se han recibido de Don Pedro Trápani, referentes a la
remisión de dos Cirujanos, uno primero y otro
segundo, y de un Enfermero Mayor; los que han
llegado y están ejerciendo su facultad desde el día
que llegaron, hasta tanto V.E. no dispusiese otra
cosa; mas el Enfermero Mayor aún no ejerce, por
cuanto no es plaza que por las circunstancias de
nuestros Hospitales pueda crearse, según informe
dado por el Cirujano Mayor de este Ejército. Lo que
comunico a V.E. para su superior conocimiento. Dios
guarde a V.E. muchos años. Noviembre 5 de 1825.
Pablo Zufriategui. Exmo. Señor Gobernador y Capitán
General” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1159).
El “cirujano mayor” Antonio Benito de San Martín
reclamaba medicamentos desde Durazno (25 de
octubre):
“Señor Jefe del Estado Mayor General.
Sabiendo que en el Pueblo de Mercedes hay una
botica formal, de donde nos podemos suplir de
algunos medicamentos que nos hacen falta para la
curación de los heridos que se hallan a mi cargo, he
determinado elevar al conocimiento de V.S. la adjunta
relación de los que nos son de suma necesidad, para
que teniendo V.S. a bien hacerlos conducir de aquel
destino, nos proveyamos de ellos en éste. Dios
guarde a VS. muchos años. Durazno y Octubre 25 de
84
Batalla de Sarandí
1825. Antonio Benito de San Martín. Cirujano Mayor
del Ejército” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1050).
¿Qué botica “formal”, es decir provista de todo
podía haber en aquella Villa?. Según Schiaffino, era
la que existía en el ejército brasilero y que
seguramente había abandonado tras la capitulación y
retiro a la Provincia de Río Grande luego del 12 de
octubre del general Abreu; en efecto, había en
Mercedes bien provista botica:
“ . . . las tropas de los Generales Abreu y Barreto
habían pasado por ese lado del Río Negro en los días
5 y 6 del corriente (julio) y de la misma villa de
Mercedes habíales enviado provisiones para el
abastecimiento de esas tropas y que también fuera
un cirujano con boticas bien provistas” (cit., tomo
3º: 637).
Efectivamente, los imperiales tenían en Mercedes un
Hospital Regimental a cargo del cirujano José
Miguel Neves (BOLETÍN HISTORICO DEL
EJÉRCITO, Montevideo, 1936, Nº 18: 135).
Ante el pedido del cirujano mayor, Zufriategui se
dirigió a Lavalleja desde el Campamento del Durazno:
“ Exmo. Señor:
Adjunto la relación de los medicamentos que
necesariamente se necesitan para seguir la curación
de los enfermos en el Hospital General del Ejército,
según se hace entender por el Cirujano Mayor, los
que se hallan con abundancia en la Capilla de
Mercedes. Lo que si V.E. tuviese a bién podrá
mandar. Dios guarde a V.E. muchos años,
Campamento en el Durazno, 25 de octubre de 1825.
Pablo Zufriategui. Exmo. Señor Gobernador y Capitán
General” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1038).
La urgencia en medicinas y material de cura fue
transmitida por el general Lavalleja a los Cabildos, y
éstos rápidamente respondieron.
El Cabildo de la Villa de Guadalupe (Canelones)
comunicó a Lavalleja (18 de octubre) que una
Comisión había recorrido el vecindario logrando:
“. . . colchones, almohadas, sábanas e hilas que
expresa la adjunta relación, a la cual van agregadas
dos mas: la una sobre medicamentos y la otra sobre
las piezas de gasa Hirlanda y demás que se pide,
cuyas cuentas y precios son dados por sus legítimos
dueños a efectos de que V.E. disponga el pago de
ellas, a excepción de la relación designada con el Nº
1, por cuanto a que ello es puramente donativo”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc. 978). Sobre
esta remisión, comunicaba el coronel Quiroga,
Comandante de Canelones:
“Ayer a la cuatro de la tarde se despachó de aquí un
carretón que conducía colchones, sábanas,
almohadas, un cajón de medicina, aguardiente, vino
blanco y aceite, todo al cargo del Ayudante de V.E.
Don Pedro Pereyra, con la precisa condición de
ponerse en ese destino si posible era hoy mismo, en
virtud de la necesidad en que se encuentran los
heridos de ese punto . . . Y acabo de saber ahora que
son las siete y media de la mañana, que dicho
Ayudante lo que salió de la Villa, mandó el carretón
con la custodia que se le franqueó y él se volvió
para la Villa; cuyo carretón se encuentra en la costa
del Canelón, detenido por la ausencia de dicho
Edecán, y aún estar durmiendo en su cama . . .
Dios guarde a V.E. muchos años, Guadalupe,
Octubre 19 de 1825. Mateo Quiroga. Exmo. Señor
Gobernador y Capitán General de la Provincia
Oriental” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
988).
El Cabildo de San José (20 de octubre):
“ Al momento que fue recibida por este Ayuntamiento
la comunicación de V.E., fecha 16 del que luce, se
dieron activas disposiciones para aprontar los
medicamentos, hilas y vendajes. Tomando con
empeño, las señoras tienen el gusto de haber
entregado al efecto al señor Don Manuel Saura,
cuantas han podido hacer y verá V.E. Asimismo han
sido remitidos con oficio de esta fecha al señor
encargado del Hospital Patriótico, los
medicamentos que pudo encontrarse, por no haber el
todo de la nómina recibida, pués no se ha encontrado
ni encuentra el ácido sulfúrico, el ácido muriático
oxigenado y la pieza de Irlanda de hilo . . . “
85
SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
86
(CORRESPONDENCIA, cit., doc. 990). Esta remesa
contenía, según parte de Zufriategui:
“ . . . instrumentos de cirugía que no se sabe de que
número de piezas constan, quien los ha remitido, mas
ni comunicación ni relación, todo entregado a la
disposición del carretero que los condujo. Los que he
hecho depositar en la Comisaría General del Ejército
hasta tanto aparezca la relación de lo que
comprende” (SCHIAFFINO, cit., tomo 3º: 636).
El Cabildo de Maldonado (27 de octubre), sobre el
donativo enviado al Cuartel General:
“ . . . que ha hecho aquel vecindario, de varios
artículos para socorrer a los heridos del día 12, que
contiene varias varas de gasa, hilas, etc . . .”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc. 1074).
El Cabildo de Minas (sin fecha):
“El Pueblo de Minas, en los efluvios de su gozo,
siente con dolor inexplicable las desgracias de los
que han tenido la suerte de ser heridos en la acción, y
considerando que el Hospital necesitará de todo
auxilio, han presentado y están presentando vecino
por vecino el corto auxilio que presenta su indigencia
para el indispensable servicio de la curación de
aquellos, así es que hoy se haya recogido sólo esa
cortedad . . . los cortos reales que dieron en
donación piadosa(BOLETÍN HISTORICO DEL
EJERCITO, Montevideo, 1942, Nº 22: 130).
Siendo las necesidades de atender los heridos,
urgentes, y no bastando con el hospital hubo que
arrendar varias fincas en la Villa del Durazno para
disponer enfermerías (SCHIAFFINO, cit., tomo 3º:
628-629).
¿Qué tratamiento recibía el soldado herido en el
hospital de la Villa del Durazno?. Dice el cirujano
Torasso a Lavalleja:
“Vista la posición de los enfermos que están a mi
cargo, he tenido por conveniente recetar tres raciones
diarias de gallinas a fin de mejorar el caldo de los
que no pueden comer carne de vaca . . . Receté hoy
un linimento volátil alcanforado al Sr. Mayor
General, la cual receta se mandó al Sr. San Martín
por el enfermero de mi hospital. Me contestó dicho
señor que no tenía tales medicinas . . . registré la
botica y encontré todo lo que se mandaba pedir en
la receta y en cantidad; ignoro cual será el motivo . .
. Receté últimamente una onza de quina para uno
de mis enfermos; se me mandaron dos dracmas . . .
He también recetado por varias veces cebada para
tizanas; me contestó que no había (mas) que malva y
zarza . . .” (SCHIAFFINO, cit., tomo 3º: 639-40).
Schiaffino hizo notar la situación de tirantez que
existía entre los cirujanos, lo que motivó el retiro de
Torasso a Buenos Aires en enero de 1826.
Así, las providencias que se tomaron antes de
Sarandí fueron el traslado del hospital de Florida con
sus médicos a la Villa del Durazno, y el
arrendamiento de fincas en la propia Villa. Después
de Sarandí se urgió el envío desde Buenos Aires de
cirujanos provistos de cajas con material de cura y
amputación y se ofició a los Cabildos de las Villas
para recoger todo el material de curación y
medicamentos que se pudiera.
El 25 de octubre, el Congreso General Constituyente
reunido en Buenos Aires, sancionó la ley por la que la
Provincia Oriental se reincorporaba de hecho a la
República Argentina, cuyo Poder Ejecutivo quedó
encargado de proveer su defensa y seguridad. Así,
en 1826 pasó a esta Provincia el Ejército
Republicano con 7000 hombres, y un Cuerpo de
Sanidad completo al mando del coronel cirujano
mayor Francisco de Paula Rivero. Con ellos vino,
como capitán cirujano 2º, el aún estudiante de
medicina en Buenos Aires, Fermín Ferreira.
Batalla de Sarandí
ANEXO
Gastos para el Cuerpo de Sanidad
Cuando fueron enviados desde Buenos Aires los dos cirujanos y el enfermero mayor, se les retribuyó con expensas
mensuales:
“24 (de octubre de 1825) -
“Por 100 p.s entregados al Cirujano del Exto.Oriental D. José Toraso á cuenta de sus sueldos”
“Por 200 p.s entreg.s al de igual clase N.Ant.º Fecil (Teully) y en los mismos términos”
“Por 80 p.s entreg.s igualm.te al enfermero mayor y Ayudante del hosp.l M.r Morandy”
“Por 177 p.s 7 ½ r.s pagados a S. Juan Carlos Blanco p.a la compra de utiles p.a el Hosp.l”
“Por 178 p.s 4 r.s pag.s á D. Enrique Akinson importa de utiles e instrum.tos de Cirugía”
“21 (de noviembre de 1825) –
“Por 78 p.s á Roberto Taylor p.r la condución de los Cirujanos á la vanda Oriental”
“26 (de noviembre de 1825) –
“Por 12 p.s pag.s á Pantaleón Nievas por el flete de una carr.ta que3 condujo varios utiles de medicina desde S.
José al Durazno según recibo”
“26 (de enero de 1826) –
“Por 80 p.s entreg.s á D.a Florinda Valdès á cuenta delos haveres desu marido el Cirujano del Exto. Oriental D.
Antonio Taly (Teully) (DOCUMENTOS PARA SERVIR AL ESTUDIO DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL,
Montevideo, 1937, tomo I: 231 y ss., Razón de las cantidades administradas por don Pedro Trápani suministradas
por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires).
Este fue el salario habitual en los ejércitos de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La ley de sueldos del
Congreso General Constituyente (Buenos Aires, noviembre 21 de 1825) estipuló:
* cirujano del ejército (en guarnición) ..................... 50 pesos
* cirujano del ejército (en campaña ) .................. 100 pesos
* cirujano de la marina ........................................... 75 pesos
* sangrador de la marina.......................................... 22 pesos
El salario del cirujano en campaña era equivalente al de un capitán de marina o un mayor del ejército (BOLETÍN
HISTÓRICO DEL EJERCITO, Montevideo, 1942, Nº 22: 72-73).
El cirujano Juan Miguel Neves
Cirujano brasilero, casó luego con una oriental y se afincó en Colonia. Durante la Guerra Grande se le nombró
ayudante de cirujano mayor. En la toma de la ciudad por las fuerzas del general Oribe, se sublevó la guarnición
local muriendo uno de sus hijos y salvándose el cirujano milagrosamente de ser fusilado. Otro de sus hijos, Juan
Carlos nacido en tierra oriental, fue médico graduado en Filadelfia (AUGUSTO SOIZA LARROSA, Los hospitales de
Montevideo durante la Guerra Grande, Montevideo, 1973, Sesiones Soc. Urug.Hist.Med.).
87
SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
88
Algunos recursos medicinales
Las hilas secas, eran manojos de hilos de géneros diversos, apelotonados como estopa y que se aplicaban
fuertemente sobre las heridas para cohibir la hemorragia.
El aguardiente era usado como un “vino generoso” al igual que el caldo de gallina para estimular la recuperación por
las abundantes hemorragias; se le administraba por la acción euforizante del primero, y calórica del segundo.
También se le hacía oler sustancias irritantes como el ácido sulfúrico o amoníaco. El cocimiento de cebada o avena
proporcionado como tisana eran reconstituyentes.
El ácido muriático oxigenado era ácido clorhídrico que se diluía en agua y se administraba por boca con algún jarabe
azucarado para los febriles. Los dolores reumatoideos, por enfriamiento y largas jornadas a caballo, eran tratados
con revulsivos aplicados localmente (linimentos a base de alcanfor o mostaza).
La fiebre, acompañante obligada de las heridas, requería de los “febrífugos”, como la cinchona o “quina” por boca.
Medicamento ampliamente utilizado desde su descubrimiento en el siglo XVII, persistió en la farmacopea hasta muy
entrado el siglo XX. Fue con el opio uno de los dos únicos medicamentos de eficacia comprobada. Es de las drogas
que América dio al mundo.
El aceite (de oliva, no había otro de origen natural) era muy usado para fabricar “ungüentos” con que cubrir las
heridas. Tal el ungüento de Basilicon (aceite de oliva, cera, sebo o unto y colofonia, una resina pardusca para dar
consistencia al ungüento).
La amputación
Operación heroica, en cuyas diferentes técnicas (un solo corte o en guillotina; en dos o en tres; con o sin colgajo), se
hacía sin anestesia y con material cortante extraordinariamente filoso. Se hablaba de caja de amputación, ya que
esta constaba de varios cuchillos: 4 a 5 cm para dedos; 15 cm para mano y pie; 15 a 20 cm para parte superior de
antebrazo, brazo, pierna e inferior de muslo; 25 a 35 cm para el muslo alto. Además una rugina para desprender la
membrana del hueso (periostio); torniquete; hilos para ligadura de arterias; sierra para el hueso. El miembro se
limpiaba con agua y jabón (de haberlo); se dejaba exangue mediante un torniquete; un ayudante tomaba la
extremidad por su parte superior, y otro por la inferior, en tanto el cirujano empuñaba con su mano hábil el cuchillo
con el que tenía experiencia o preferencia. Una vez seccionados limpiamente los planos de la piel, tejido subcutáneo
y músculo-aponeurótico, remangados con la mano opuesta, raspaba la membrana del hueso con la rugina y lo
cortaba con la sierra mientras el ayudante flexionaba la extremidad como si se estuviera cortando un palo para
facilitar el vaivén del instrumento. Los bordes del hueso eran mordidos con pinza para redondearlos; las arterias
sangrantes retorcidas o ligadas y se controlaba su obliteración al descomprimir el torniquete. El muñón se dejaba
entreabierto para drenaje. En manos experimentadas, una amputación no podía exceder los cinco minutos. El
control postoperatorio era toda una odisea, amenazado por las hemorragias secundarias, la inflamación, el dolor y
sobre todo la infección local secundariamente generalizada. De curar había una tercera etapa: lograr el
reconocimiento del acto de servicio y el pensionamiento por el Estado (TEODORO BILLROTH, Patología quirúrgica
general y su terapéutica, 3ª ed. española, Barcelona, 1877; Amputaciones, desarticulaciones y resecciones).