
SALUD MILITAR – Vol.29 Nº 1 – Abril 2007
“Es imposible poder a Vd. manifestar el sentimiento
que me oprimía cuando a las veinte y cuatro horas
después de la acción, andabamos buscando nuestros
compañeros y encontrábamos algunos que se habían
arrastrado mas de diez cuadras para hallar agua con
que apagar la sed que causaban las heridas de las
balas, porque la mayor parte ó todos están
heridos de bala” (SCHIAFFINO, cit., tomo 3º: 623).
Mientras Rivera perseguía al resto del ejército
brasileño, Lavalleja se dirigió a Durazno, desde
donde redactó su primer parte de batalla el día 13 de
octubre. Carretas con numerosos heridos de ambos
contendientes fueron arribando a Durazno,
desbordando el hospital. Debieron ser atendidos por
los vecinos de las cercanías, donde iba pasando el
ejército. El hospital de Durazno no podía hacerse
cargo de la avalancha de sufrientes. El delegado en
Buenos Aires, Pedro Trápani, urgido por Lavalleja,
pidió ya al otro día de la batalla al médico Justo
García Valdez del Tribunal de Medicina de Buenos
Aires, que “en el nombre sagrado de la Patria saque
si es posible de las entrañas de la tierra, uno o mas
cirujanos qe. instantáneamente marchen a curar a los
heridos qe. han resultado de la gloriosa simpar
jornada del 12 del corriente en Sarandí” (REVISTA
HISTORICA, Montevideo, 1924, tomo XII: 433, doc.
274). Justo García Valdez respondió de inmediato,
enviando a los cirujanos José Torasso, de la
Universidad de Turín, y Antonio Teully, de la marina
francesa, con un enfermero mayor “semiboticario” (no
se conoce su nombre; fue conocido como Monsieur
Morandy) y :
“. . . una caja grande de amputación bien surtida; 60
o mas varas de crea; 108 vs. de brámante de
algodón; 30 de franela; igual porción de efetantes
todo para vendages y compresas; también llevarán
todas las hilas qe. se encuentren, y ámas estopa fina
qe. puede suplir; estos renglones se consumen
mucho en un hospital de heridos y es mejor qe. sobre
y no qe. falte” (ídem, ídem).
La incorporación de cirujanos y enfermero fue
comunicada desde Buenos Aires por Pedro Trápani al
general Lavalleja (24 de octubre):
“En atención a la necesidad que creo habrá en ese
Ejército de Cirujanos, pasa el Sr. Don José Tortosa
(por Torasso), de dicha facultad en clase de primero
del otro que lo acompaña, Dn. Antº Tuly (por Teully),
a ponerse a las órdenes de V.E”
(CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc. 1022).
“Considerando con igual falta a ese Ejército de un
enfermero Mayor, que la de cirujanos, pasa Mr.
Morandy en esa clase a ponerse a las órdenes de
V.E.” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1024).
Recibidas en el Cuartel General estas
comunicaciones, el 5 de noviembre estaban los
cirujanos y el enfermero en su destino:
“Exmo. Señor.
Paso a manos de V.E. las tres comunicaciones que
se han recibido de Don Pedro Trápani, referentes a la
remisión de dos Cirujanos, uno primero y otro
segundo, y de un Enfermero Mayor; los que han
llegado y están ejerciendo su facultad desde el día
que llegaron, hasta tanto V.E. no dispusiese otra
cosa; mas el Enfermero Mayor aún no ejerce, por
cuanto no es plaza que por las circunstancias de
nuestros Hospitales pueda crearse, según informe
dado por el Cirujano Mayor de este Ejército. Lo que
comunico a V.E. para su superior conocimiento. Dios
guarde a V.E. muchos años. Noviembre 5 de 1825.
Pablo Zufriategui. Exmo. Señor Gobernador y Capitán
General” (CORRESPONDENCIA, cit., tomo II, doc.
1159).
El “cirujano mayor” Antonio Benito de San Martín
reclamaba medicamentos desde Durazno (25 de
octubre):
“Señor Jefe del Estado Mayor General.
Sabiendo que en el Pueblo de Mercedes hay una
botica formal, de donde nos podemos suplir de
algunos medicamentos que nos hacen falta para la
curación de los heridos que se hallan a mi cargo, he
determinado elevar al conocimiento de V.S. la adjunta
relación de los que nos son de suma necesidad, para
que teniendo V.S. a bien hacerlos conducir de aquel
destino, nos proveyamos de ellos en éste. Dios
guarde a VS. muchos años. Durazno y Octubre 25 de
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