
Salud Militar Vol. 31 Nº 1 Año 2012 35
de los órganos en los que el tumor se está desarrollando
se ven perturbados por el crecimiento caótico; hay una
dilatación y una espiralización de los vasos afectados,
un notable brotamiento capilar y formación de nuevos
vasos, particularmente hacia el frente de crecimiento del
tumor” (5). Cuando Clark et al. (6,7) perfeccionaron la
implantación de cámaras transparentes en la oreja de
un conejo, las características morfológicas de los vasos
sanguíneos lograron estudiarse in vivo. En 1939 Ide et
al. (8) fueron los primeros en sugerir que los tumores
liberan factores especícos los cuales estimulan el
crecimiento de los vasos sanguíneos, mientras que en
1945 Algire y Chalkley (9) concluyeron que el crecimiento
tumoral está relacionado con el desarrollo de una red
vascular intrínseca. Más de 25 años pasaron hasta
que Folkman sugirió, en 1971, que la inhibición de la
angiogénesis podría ser una estrategia interesante para
inhibir el crecimiento tumoral y la formación de nuevas
metástasis (10). Folkman observó que los tumores se
desarrollaban hasta alcanzar un tamaño de 1-2 mm3, a
partir del cual se estabilizaban y detenían su crecimiento
(10,11).
A partir de ahí, numerosos esfuerzos fueron puestos con
el objetivo de entender los mecanismos moleculares
de la angiogénesis, así como desarrollar estrategias
antiangiogénicas para el tratamiento del cáncer.
La angiogénesis es un proceso complejo que involucra
a distintas células, componentes solubles y factores de
la matriz extracelular y tiene gran importancia en una
gran variedad de procesos siológicos y patológicos
del organismo. Así, para el desarrollo embrionario, la
curación de las heridas y el ciclo menstrual, procesos
que podemos considerar siológicos, los tejidos
normales precisan la formación de nuevos vasos que
aporten los nutrientes y el oxígeno necesarios y, a su
vez, retiren los productos de desecho. La regulación de
la angiogénesis se lleva a cabo mediante un perfecto
equilibrio entre la producción y la liberación de diversos
factores estimulantes e inhibidores, que varían en
función de las necesidades y el tipo de tejido (12).
En general, la angiogénesis es un proceso controlado
por el equilibrio entre factores proangiogénicos y
antiangiogénicos, que pueden coexistir en un mismo
tejido. Estos factores pueden ser circulantes o actuar
localmente como factores parácrinos. Estas moléculas
constituyen una serie de eventos complejos que son
regulados por factores micro y macroambientales en
un aparente estado de ujo dinámico del tumor. Su
producción es dependiente del sitio del tumor primario,
más allá de poder ser alterados a lo largo de la progresión
tumoral y durante el curso de la terapia antitumoral.
Hay dos tipos de factores estimuladores de la
angiogénesis: a) factores especícos, liberados por
numerosos tipos celulares, que se unen de forma
especíca a los receptores de las células endoteliales,
y b) factores inespecícos, que se unen a las células
endoteliales pero también a otras células que inltran
el tumor, las cuales incluyen las células endoteliales,
broblastos, células musculares lisas, plaquetas, células
inamatorias y células tumorales. Entre los factores
especícos se destacan el factor de crecimiento del
endotelio vascular (VEGF) y las angiopoyetinas. Los
factores pro-angiogénicos inespecícos son numerosos
y afectan al crecimiento de la célula endotelial y de muchas
otras. Algunos de los más importantes son los factores
de crecimiento de broblastos (FGF: ácido y básico),
factor de crecimiento transformante (TGFα), factor de
crecimiento epidérmico (EGF), factor de crecimiento
derivado de plaquetas (PDGF), angiogenina, etc. Estas
y otras moléculas angiogénicas, juntamente con sus
mecanismos de acción, se encuentran sistematizados
en la Tabla 1.
El VEGF es la molécula mejor caracterizada y más
importante del proceso angiogénico. Fue identicado en
los años 80s como un factor de permeabilidad vascular
(VPF) (13), y como un factor de crecimiento especíco
de las células endoteliales vasculares (14).
Se han encontrado siete isoformas del VEGF-A en seres
humanos, las cuales contienen 121, 145, 148, 165, 183,
189 y 206 residuos de aminoácidos, generados como
resultado del procesamiento alternativo del ARNm
(2-15,16), que dieren tanto en su masa molecular como
en sus propiedades biológicas.
El VEGF-A165 es la isoforma predominante del VEGF,
es la isoforma que es capaz de traducir las señales de
forma más potente entre los distintos tipos de VEGFs;
además de ser un potente factor de permeabilización
vascular (1).
Asimismo, se conocen tres receptores del VEGF:
Angiogénesis Tumoral: estrategias diagnósticas y terapéuticas