
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
que ocasionan. La aparición de cepas resistentes
en los hospitales puede provocar brotes epidémi-
cos, sobre todo, en áreas donde los pacientes re-
quieren un elevado número de procedimientos así
como el uso de antimicrobianos de amplio espectro.
Se estima que el 30-40% de las infecciones en el
medio hospitalario por microorganismos resisten-
tes son debidas a infecciones cruzadas vehiculi-
zadas por las manos del personal sanitario, el 20-
25% son consecuencia de la presión antibiótica, el
20% responden a un origen extra hospitalario y en
el 20% restante el origen es desconocido (9,10).
El incremento del número de microorganismos
resistentes a antimicrobianos queda reejado
en la tendencia ascendente del porcentaje de
Staphylococcus aureus meticilino resistente
(SAMR), el cual se encuentra entre los primeros
tres microorganismos que producen infecciones
hospitalarias, principalmente bacteriemias hos-
pitalarias (4).
Los miembros del género Staphylococcus son
cocos grampositivos, no esporulados, que dan
positiva la reacción de la catalasa y generalmen-
te producen una microcápsula de naturaleza po-
lisacárida. Se reconocen actualmente unas 35
especies y 17 subespecies diferentes, muchas
de ellas forman parte de la ora microbiana de
la piel en humanos. Staphylococcus aureus, el
patógeno humano más importante del género,
produce infecciones que afectan varios órga-
nos, principalmente infecciones de piel y tejidos
blandos, infecciones respiratorias, bacteriemias
y cuadros tóxicos (2).
Hacia 1940 se inició el uso clínico de la penici-
lina, siendo el 95% de las cepas sensibles a la
misma. A comienzos de la década del 50 esta
sensibilidad se había reducido en 50%, a causa
de la síntesis de β-lactamasas como mecanismo
productor de resistencia antibiótica. Con el n de
contrarrestar el efecto de estas enzimas, hacia
1960 aparece la meticilina, una penicilina semi-
sintética de elección para estas cepas. A tan solo
un año de su utilización se comunica el descu-
brimiento de las primeras cepas resistentes, de-
nominadas Staphylococcus aureus meticilino re-
Casi todas las infecciones hospitalarias son cau-
sadas por microorganismos comunes en la pobla-
ción general, que al afectar a pacientes hospitali-
zados originan una enfermedad más severa. La
localización más frecuente de infección hospita-
laria es la respiratoria, seguida de las quirúrgi-
cas, las urinarias y las bacteriemias. Los facto-
res implicados en el desarrollo y gravedad de la
infección son variados. Una de las causas que
producen dicultad en el tratamiento de estas
infecciones es la resistencia microbiana, pro-
ducida principalmente por el uso generalizado
de antimicrobianos para tratamiento o prolaxis,
incluso de aplicación tópica. Con la mayor in-
tensidad del uso de un agente antimicrobiano,
aparecen bacterias resistentes a ese antimi-
crobiano, que pueden propagarse en el medio
hospitalario (4-6).
Para que un antimicrobiano inhiba el crecimien-
to bacteriano se requiere que el fármaco alcan-
ce niveles sobre la CIM (concentración inhibi-
toria mínima) en el sitio de infección. Existen 2
tipos de antimicrobianos: aquellos que inducen
muerte bacteriana que depende de la concen-
tración alcanzada del fármaco sobre la CIM
(aminoglucósidos y uoroquinolonas) y los que
producen muerte de las bacterias dependiendo
del tiempo que se mantenga el fármaco sobre la
CIM (β-lactámicos y glicopéptidos). Los grados
de resistencia o de sensibilidad de una bacteria
a un antibiótico en particular queda determina-
do por el valor de CIM (7,8).
Una cepa bacteriana se considera resistente a un
antibiótico cuando necesita para inhibirse concen-
traciones superiores a aquellas que el antibiótico
es capaz de alcanzar en el lugar de la infección.
La resistencia puede ser una característica natural
o adquirida mediante mutación del ADN cromosó-
mico o por intercambio genético en el ADN plas-
mídico. La resistencia antibiótica afecta a menudo
a bacterias que forman parte de la propia ora de
distintos tejidos corporales. Estos microorganis-
mos no son más virulentos, ni más transmisibles, ni
más capaces de provocar enfermedad, pero su re-
sistencia diculta el tratamiento de las infecciones
4