
Estres asistencial en el profesional de la salud
¿ QUÉ LO CAUSA ?
¿ CÓMO SE MANIFIESTA ?
Desde muchos ámbitos aparecen variables
vinculadas al surgimiento del Burnout.
Diferentes características de personalidad, sexo,
edad, constitución del núcleo familiar, medio
laboral, grupo de pares, contexto social, políticas de
salud que engloban las características del trabajo y
elementos que influyen desde lo macro como la
globalización y los cambios vertiginosos a nivel de
las comunicaciones.
A efectos académicos, netamente pedagógicos, los
hemos agrupado así:
Desde lo Personal:
Todas las personas corren riesgos si el estrés
emocional y el trabajo son excesivos, pero ciertas
personas son más propensas y vulnerables al
burnout en cualquier nivel de trabajo y estrés.
En el proceso al que mencionamos, se va
produciendo un descenso de la autoestima, se
siente cada vez menos valioso, hay una búsqueda
de la aprobación de los otros, que lleva a la
dependencia de los demás, aparecen sentimientos
de omnipotencia de querer solucionarlo todo para
mejorar la imagen, quedando atrapado en la
minusvalía y la sobrecarga emocional.
Aparecen episodios de desborde de ansiedad,
angustia. Se perciben sentimientos de ira e
irritabilidad ante la frustraciones en proveer
cuidados, aquellos que no pueden manejarse con
los sentimientos de fracaso en una forma
constructiva van a descargar toda su hostilidad en
otra persona, sea el paciente, el colega, la familia,
en tanto hay una búsqueda de alguien “que debe
ser el culpable”, como único recurso para cuidar la
valía personal.
Surgen emociones fuertes, impaciencia, que no
permiten tener un tiempo de reflexión para mirar
las cosas desde otro ángulo y actuar en forma
efectiva.
En el afán de controlar y solucionar todo, ser querido y
aprobado por todos, ser siempre eficientes, aparecen
movimientos pendulares:”o se sirve para todo o no se
sirve para nada”, va surgiendo el cansancio emocional
que nos llevará al agotamiento.
Individuos altamente motivados en su profesión, de
muy buen nivel académico , con altas expectativas con
respecto a sus logros, jóvenes con deseos rápidos de
encuentro con el éxito, o con retribuciones económicas
y /o alto prestigio, se constituyen en una población de
riesgo, en la medida que la realidad lo enfrenta a la
frustración. El deseo de la obtención de metas se
convierte en mandato, que frustra, paraliza y “vacía “ si
no se logra.
El espiral se va ampliando, la sobrecarga emocional se
va convirtiendo en estrés permanente y crónico, que
desgasta y que por silencioso no se percibe.
No hay tiempo ni deseo para las gratificaciones
personales y surge un lento empobrecimiento de los
vínculos adecuados con los pacientes y familiares, los
pares, los amigos o la familia; progresivamente
aumenta la retracción y se instala el aislamiento.
Cada vez queda menos espacio para el feedback
positivo, las críticas confirman la minusvalía y aumenta
la hostilidad o la depresión.
Se resiente el espíritu y el cuerpo, hay un descenso en
el funcionamiento del sistema inmunológico , pueden
surgir trastornos psicosomáticos, del sueño, de la
alimentación, adicciones, y un estado de mayor
vulnerabilidad que lo hace propenso a más
enfermedades y ausencias laborales.
Hay variables demográficas que han sido estudiadas
en otros medios donde han aparecido que las mujeres
tienden a mostrar un desgaste emocional mucho mayor
y a experimentarlo con mayor intensidad que los
hombres. Sin embargo los hombres serían más
propensos a tener sentimientos de indiferencia y
despersonalización.
Hay una relación clara entre la edad y el burnout,
siendo los trabajadores más jóvenes la población de
mayor riesgo, con más edad la gente se vuelve más
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