SALUD MILITAR – Vol.25 Nº 1 – Setiembre 2003
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EN EL PROFESIONAL DE LA SALUD
ESTRES ASISTENCIAL
Ps. Mercedes Navarro
Ps. Pilar Silveira
RESUMEN
SUMMARY
Enfrentarse al dolor, la muerte y la enfermedad en
forma constante, es sin duda, una fuente
permanente de estrés.
Facing pain, death and illness constantly,
is undoubtedly a permanent source of
stress.
El estrés, concebido como una respuesta normal y
adaptativa a una situación ansiógena, puede remitir
o cronificar.
Stress, conceived as a normal and
adaptable response to a situation of
anxiety, could become chronic or
disappear.
Cuando el estilo de afrontamiento es ineficaz, el
resultado de la exposición crónica al mismo, puede
generar el Síndrome de Burnout.
When the facing style is inefficient, the
result of the chronic exposure, can be
held responsible of producing the Burnout
syndrome.
Este síndrome está caracterizado por el CANSANCIO
EMOCIONAL, la DESPERSONALIZACIÓN y EVOLUCIÓN DE
LOS LOGROS PERSONALES que se desarrollan a modo
de proceso silencioso y solapado, que impide que la
persona perciba y reconozca lo que padece.
This syndrome is characterized EMOTIONAL
TIREDNESS, DEPERSONALIZATION, and the
EVOLUTION OF PERSONAL ACHIEVEMENTS
developed by a hidden process. The
person who is suffering from it in not
aware of its situation.
Es importante jerarquizar para su diagnóstico,
muchas veces confundido con depresión, la mirada
multicausal y el enfoque situacional que hace posible
su Prevención, Diagnóstico y Tratamiento.
It is important to arrange the diagnostic
hierarchically, often confused with
depression, an ample point of view and
the situational focus make possible its
prevention, diagnosis, and treatment.
Nuestra propuesta:
CUIDEMOS A LOS QUE CUIDAN.
Our proposal:
TAKE CARE OF THE ONE THAT IS
TAKING CARE OF US
https://doi.org/10.35954/SM2003.25.1.6
Estres asistencial en el profesional de la salud
“Atender el dolor, la muerte y enfermedades
terminales, así como la frecuente sensación de no
poder hacer nada, o muy poco, resulta sumamente
estresante; aún más, cuando las situaciones que se
tienen que enfrentar son de urgencia y las
decisiones que se toman son cuestiones de vida o
muerte” Cartwright, 1979.
De acuerdo al Gran Diccionario Patria de la Lengua
Española(1983) estrés puede definirse como
“situación de un individuo vivo, o de alguno de sus
órganos o aparatos, que por exigir de ellos un
rendimiento muy superior al normal, los pone en
riesgo próximo de enfermar.”
El estrés es entonces, el proceso psicológico y
físico de reacción ante situaciones que hacen
presión extraordinaria sobre el ser humano. Es una
reacción normal a una situación anormal, es como
“un paraguas emocional”, que se abre ante una
situación adversa. Cada persona elabora su forma
de respuesta como protección ante una situación
vivida como amenazante, para lo cual moviliza la
máxima energía física, cognitiva y afectiva.
Aunque es natural sufrir algún grado de estrés, en
situaciones agudas, éste debe remitir tras un
período adecuado de reposo y descanso.
Sin embargo, hay ocasiones en el que, el estrés se
acumula y se vuelve crónico, Cherniss, en 1981,
desarrolló un modelo evolutivo de dos fases, como
resultado de la exposición crónica al estrés,
situando a éste como estímulo y no como
respuesta.
La primera fase estaría conformada por la fatiga
física y el cansancio emocional, provocado por el
enfrentamiento activo pero inefectivo frente al
estrés.
La segunda fase se caracteriza por una serie de
cambios conductuales y emocionales, resultado del
fracaso en la fase anterior que llevarían al
abandono de un afrontamiento activo, al
sentimiento de distanciamiento y de desconexión
personal con la situación estresante.
Estaríamos ya, ante una nueva “forma de enfermar” :
“el síndrome de burnout”.
UN POCO DE HISTORIA: las primeras referencias al
tema se deben a Freudenberger quien en 1974 definió
al Burnout como “un estado de fatiga o frustración
producido por la devoción a una causa, modo de vida
o relación que fracasó en producir el resultado
esperado”.
Pero, realmente fueron Cristina Maslach y Susana
Jackson, quienes popularizaron el término y lo
introdujeron en la literatura científica.
En 1984, Maslach lo define como un síndrome de
agotamiento emocional, despersonalización y dismi-
nución de los logros personales que le ocurre a la
gente que se ocupa de trabajar con otra gente.
Desde esta óptica, todo profesional que trabaje e
interactúe con individuos sería candidato a poder
presentar el síndrome. (Pinnes, 1993)
Si bien actualmente, existen múltiples definiciones,
nosotros optamos por la de Moreno (1990) “Síndrome
que hace referencia a un tipo de estrés laboral e
institucional, generado específicamente en aquellas
profesiones donde se guarda una relación constante,
directa e intensa con otras personas, y donde muchas
veces se ofrece algún tipo de servicio o ayuda”.
Aunque el Burnout puede considerarse como la última
fase del estrés crónico, existen algunas diferencias
cualitativas entre ambos:
el burnout no declina tras un período de
descanso y reposo
no se identifica con la sobrecarga de trabajo,
ya que por sí solo esta variable no lo provoca,
un trabajo escasamente estresante pero
desmotivador puede llevar a él
se genera a lo largo de un proceso que puede
no identificar el sujeto, ya que evoluciona
lentamente y en forma silenciosa
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el riesgo de aparición del síndrome no se
asocia claramente a variables de
personalidad sino a la conjunción de ellas
con variables organizacionales y sociales.
¿QUÉ CARACTERIZA AL BURNOUT?
Es un proceso de causalidad circular, donde
intervienen múltiples factores interrelacionados,
que lo hacen un síndrome complejo, que debe ser
abordado desde una perspectiva situacional.
Nuestra “postura humana”, de causalidad lineal,
que promueve la búsqueda del “culpable”, nos lleva
a encontrar “falsas soluciones” y “acciones
ineficaces”, que solo aumentan la frustración, la
hostilidad y el problema.
Si bien, hay otros autores, entre los que se han
dedicado al tema que proponen otro modelo de
proceso, nosotros adherimos al modelo de Maslach
y Jackson.
El cansancio emocional, la despersonalización y el
abandono de la realización personal, serían los tres
elementos que caracterizarían el proceso de
burnout.
Se establece un patrón de sobrecarga y
subsiguiente agotamiento emocional.
El cansancio emocional constituye la primera fase
del proceso y se caracteriza por la pérdida de
atractivo, el tedio y el disgusto experimentado por
las tareas que se deben realizar dentro del trabajo.
Aparecen sentimientos de indefensión por haber
intentado activamente modificar situaciones,
relaciones y formas de proceder sin ningún
resultado positivo.
Progresivamente, las personas se sienten “vacías “
y “drenadas” y los problemas le resultan
abrumadores, pudiendo incluso surgir un deterioro
del bienestar físico: cansancio, insomnio,
taquicardia.
Ante la fatiga de compadecerse y sentirse
cuestionados, se comienza a evitar el contacto
personal con la gente, como forma de protección. Se
pasa de una situación de preocupación extrema por el
otro, que me succiona y atrapa a un vínculo distante y
desafectivizado. La distancia óptima necesaria que
permite la autoprotección efectiva, no se logra, surge la
despersonalización o deshumanización, “el paraguas
emocional se convirtió en escudo”.
Los otros son vistos en forma empobrecida y
distorsionadamente negativa, transformándose en
objetos para no ser “personas peligrosas”, que
aumentan mis sentimientos de impotencia, indefensión
y desesperanza personal.
En ese sufrimiento la conexión humana tiende a
perderse y gana terreno una actitud de desilusión y
despreocupación por el otro.
La despersonalización se considera el núcleo del
burnout, en ella la depresión y la hostilidad van de la
mano.
Esta situación genera sentimientos de culpa y produce
el rechazo del entorno, (“este está de vivo, no hace
nada” “ me deja todo para mí”) que a su vez aumenta la
sensación de ser rechazado, la hostilidad y angustia.
Surge entonces la reducción de los logros personales.
Disminuye la autoestima y puede instalarse una
depresión.
Se tiende a pensar esta situación en términos de quién
lo causa , lo que lleva a algunos a iniciar una
psicoterapia porque piensan que es un problema
personal, y otros cambios de empleo adjudicando la
responsabilidad a la institución, sin percibir que es en la
interrelación de estos y otros factores que se gesta y
mantiene.
“ desde hoy la ley de mínimo esfuerzo, total”...”igual
todo me sale mal”...”que lo haga otro que lo hace mejor
que yo”... ”nadie me valora, no aguanto más”...”en este
lugar nadie te apoya”... ”trato de consolarlo y me
agrede”... “trato de cuidarlo lo mejor que puedo y las
culpas las tengo yo”... ”la familia pretende que yo lo
cure”..., y podríamos seguir agregando muchas de
estas frases, que a veces hemos sentido de aquellos
que conviven con la enfermedad y el sufrimiento.
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Estres asistencial en el profesional de la salud
¿ QUÉ LO CAUSA ?
¿ CÓMO SE MANIFIESTA ?
Desde muchos ámbitos aparecen variables
vinculadas al surgimiento del Burnout.
Diferentes características de personalidad, sexo,
edad, constitución del núcleo familiar, medio
laboral, grupo de pares, contexto social, políticas de
salud que engloban las características del trabajo y
elementos que influyen desde lo macro como la
globalización y los cambios vertiginosos a nivel de
las comunicaciones.
A efectos académicos, netamente pedagógicos, los
hemos agrupado así:
Desde lo Personal:
Todas las personas corren riesgos si el estrés
emocional y el trabajo son excesivos, pero ciertas
personas son más propensas y vulnerables al
burnout en cualquier nivel de trabajo y estrés.
En el proceso al que mencionamos, se va
produciendo un descenso de la autoestima, se
siente cada vez menos valioso, hay una búsqueda
de la aprobación de los otros, que lleva a la
dependencia de los demás, aparecen sentimientos
de omnipotencia de querer solucionarlo todo para
mejorar la imagen, quedando atrapado en la
minusvalía y la sobrecarga emocional.
Aparecen episodios de desborde de ansiedad,
angustia. Se perciben sentimientos de ira e
irritabilidad ante la frustraciones en proveer
cuidados, aquellos que no pueden manejarse con
los sentimientos de fracaso en una forma
constructiva van a descargar toda su hostilidad en
otra persona, sea el paciente, el colega, la familia,
en tanto hay una búsqueda de alguien “que debe
ser el culpable”, como único recurso para cuidar la
valía personal.
Surgen emociones fuertes, impaciencia, que no
permiten tener un tiempo de reflexión para mirar
las cosas desde otro ángulo y actuar en forma
efectiva.
En el afán de controlar y solucionar todo, ser querido y
aprobado por todos, ser siempre eficientes, aparecen
movimientos pendulares:”o se sirve para todo o no se
sirve para nada”, va surgiendo el cansancio emocional
que nos llevará al agotamiento.
Individuos altamente motivados en su profesión, de
muy buen nivel académico , con altas expectativas con
respecto a sus logros, jóvenes con deseos rápidos de
encuentro con el éxito, o con retribuciones económicas
y /o alto prestigio, se constituyen en una población de
riesgo, en la medida que la realidad lo enfrenta a la
frustración. El deseo de la obtención de metas se
convierte en mandato, que frustra, paraliza y “vacía “ si
no se logra.
El espiral se va ampliando, la sobrecarga emocional se
va convirtiendo en estrés permanente y crónico, que
desgasta y que por silencioso no se percibe.
No hay tiempo ni deseo para las gratificaciones
personales y surge un lento empobrecimiento de los
vínculos adecuados con los pacientes y familiares, los
pares, los amigos o la familia; progresivamente
aumenta la retracción y se instala el aislamiento.
Cada vez queda menos espacio para el feedback
positivo, las críticas confirman la minusvalía y aumenta
la hostilidad o la depresión.
Se resiente el espíritu y el cuerpo, hay un descenso en
el funcionamiento del sistema inmunológico , pueden
surgir trastornos psicosomáticos, del sueño, de la
alimentación, adicciones, y un estado de mayor
vulnerabilidad que lo hace propenso a más
enfermedades y ausencias laborales.
Hay variables demográficas que han sido estudiadas
en otros medios donde han aparecido que las mujeres
tienden a mostrar un desgaste emocional mucho mayor
y a experimentarlo con mayor intensidad que los
hombres. Sin embargo los hombres serían más
propensos a tener sentimientos de indiferencia y
despersonalización.
Hay una relación clara entre la edad y el burnout,
siendo los trabajadores más jóvenes la población de
mayor riesgo, con más edad la gente se vuelve más
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estable, más madura, con una perspectiva de vida
más equilibrada y con expectativas más realistas.
Otras variables como el estado civil y la educación,
han tenido resultados. contradictorios.
Desde el ámbito laboral:
El contacto entre el proveedor y el receptor ocurre
en el contexto de una institución, los recursos que
están disponibles , las metas y el modo de
interrelación y de tipo y forma de brindar el servicio,
están establecidas en las políticas de salud de la
institución.
Las relaciones entre los funcionarios entre sí, entre
ellos y los niveles jerárquicos, entre el trabajador y
el paciente, las características generales del
trabajo, pueden promover o reducir el estrés
emocional, por lo que se transforman en un factor
importante en este síndrome.
Cuando la institución no puede proporcionar los
apoyos necesarios para facilitar el desempeño
óptimo de la profesión, se deja al trabajador más
expuesto a presentar el síndrome del” profesional
quemado”.
Su limitación en ofrecer tales apoyos, puede
convertirla en una fuente de empobrecimiento y
estereotipia para el desempeño de la tarea . El
profesional puede llegar a sobre adaptarse para
evitar conflictos, a costa de hipotecar su capacidad
de pensamiento, su creatividad para la búsqueda
de soluciones y su compromiso afectivo en el
trabajo que se vuelve cada vez menos gratificante.
Esto generaría progresivamente “individuos
despersonalizados”, que se van automatizando y
mimetizando, llegando a conformar “Instituciones
homogeneizadas”, sin espacio para el
enriquecimiento que aportan las diferentes
personalidades (Las comillas son conceptos de
Hidalgo y Díaz González 1994).
Los ambientes laborales que son facilitadores del
burnout tiene un elemento en común: la carga que
excede la habilidad de la persona para manejar la
situación.
Son instituciones que favorecen la competencia entre
sus miembros, que no deja espacio para la autonomía
y la creatividad, con metas difusas y roles pocos
definidos, donde la crítica prevalece necesariamente
sobre el estímulo y el feedback positivo nunca llega.
En el relacionamiento entre los diferentes niveles
jerárquicos, prevalece la burocracia y las iniciativas
muchas veces, son poco atendidas.
La tarea pierde importancia y utilidad y el sentido
existencial que el profesional había depositado en su
trabajo se va quebrando.
La sensación de fracaso y frustración lo invade y su
vida toda va perdiendo sentido.
Surge aburrimiento, crisis en el desarrollo de la
profesión, sobrecarga de trabajo y falta de estímulo y
en la medida que el resultado se torna independiente
del esfuerzo, surge la “indefensión aprendida”: ”¿para
qué voy a trabajar si el resultado es el mismo?”. Como
producto de tal experiencia, el individuo acepta
pasivamente la desesperanza y el “sin sentido del
esfuerzo”. El estado de falta de motivación, desgano y
sentimientos negativos se generaliza a otras
situaciones donde quizás el éxito podría haberse
alcanzado.
Desde lo individual surge el aislamiento como defensa
para no mostrar “la incompetencia”, la vulnerabilidad
emocional, el empobrecimiento. Desde lo grupal, estos
sentimientos se pueden volver “contagiosos” y la
“desilusión del trabajo” se expande. Desde lo
institucional los mecanismos se rigidizan, se aumentan
los controles como forma de obtener resultados que
solo logran profundizar las diferencias y el malestar.
Algunos contextos laborales pueden terminar con las
mejores intenciones de un profesional que trae a su
trabajo sus más altos ideales y sus deseos de ayudar a
otros.
Una institución con profesionales “desecados”, sólo
puede tener como destino “desecarse”.
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Estres asistencial en el profesional de la salud
Desde lo social:
El impacto y desarrollo de los medios de
comunicación, el acceso inmediato por internet a
fuentes innumerables de información, la
globalización, los altos índices de desocupación, la
inestabilidad laboral, los peligros vividos muchas
veces como inminentes de catástrofes, guerras,
todos agentes estresores ajenos a las posibilidades
de control personal, contribuyen a que se pierda el
significado del esfuerzo y la motivación laboral,
produciéndose una forma de “cansancio cognitivo “,
paralizando el quehacer en el ¿para que?”
Así mismo, las profesiones de orientación
humanística, reciben cada día desde la sociedad “el
mandato” de postergar su satisfacción personal en
aras del bienestar a quien se brinda la asistencia.
“¿Cómo que se tuvo que ir y no me atendió?
...¡¿Cómo que está operando?!....¡¿Cómo no se
acordó que venía?!...¿Qué está enfermo?...¿qué le
pasa hoy que anda mal?...¡¿que tiene un hijo
enfermo y por eso no vino?!. Detrás de este
profesional que a los ojos del paciente “falla”, hay
una persona con sus propios problemas
personales, familiares, de salud, a los que a veces
tampoco puede”dejar de atender”... Pero eso,
¿puede entenderlo aquel que necesita “ser
atendido”?.
La expectativa del rol de los que brindan servicio es
que deben hacerlo “siempre”; esto hace que el
profesional se sienta en falta cuando no lo hace y
que el entorno se sienta con atribuciones para
reprocharle.
En el afán de “dar cumplimiento” a estos mandatos
sociales, se genera una actitud pasiva y
dependiente del que recibe servicio, que aumenta
paulatinamente la demanda, sobrecargando y
vaciando al proveedor.
Toda la responsabilidad está puesta en quien
brinda la ayuda, que a su vez debe esconder sus
emociones para no mostrarse “débil”, la manera de
evitar sentir cosas que luego no se pueden
expresar es poniendo distancia, surgiendo la coraza de
“insensibilidad”.
El aislamiento y la retracción que surge en lo laboral, se
va expandiendo en la vida de relación e involucra cada
vez más otros sistemas donde la persona mantenía
vínculos adecuados: la familia, los amigos, otros
profesionales, el club.
En situaciones límites, sintiéndose acorralado, se
puede llegar a expresiones agresivas y violentas, como
último recurso de preservación.
Recientemente, la preocupación y el riesgo de ser
acusado de “mal práctica”, es otro de los factores de
estrés que enfrenta cotidianamente el profesional de la
salud y que incide en la relación con el paciente .
Factores extrínsecos a la medicina como las
obligaciones legales, las regulaciones de las
aseguradoras, los procedimientos legislados, están
afectando el quehacer profesional.
Por tanto, la inclusión del contexto social y sus
creencias, es indispensable a la hora de realizar el
diagnóstico, la prevención y terapéutica de Burnout.
En esta situación de sobrecarga laboral, de desgaste
emocional, de demanda permanente por parte del
paciente de eficacia técnica y contención afectiva, de
pérdida de redes vinculares y de un contexto social que
desestimula y penaliza:
“Los que ayudan sufren, y los que deberían recibir
ayuda, no la reciben”
PREVENCION
Consideramos como punto esencial en la prevención la
sensibilización de los involucrados para reconocer los
signos de alerta.
Siguiendo el mismo esquema referencial que hemos
optado desde el punto de vista pedagógico,
mencionaremos desde los diferentes ámbitos,
generalidades acerca de las medidas preventivas.
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Desde lo institucional:
La primera y más importante de las estrategias, es
conocer el síndrome, poder reconocerlo para poder
tratarlo.
“Sólo se encuentra lo que se busca y se busca lo
que se conoce”.
La característica silenciosa y solapada , el hecho
que no sea una emergencia sino un problema
permanente, hace que a veces no se le dé la
importancia necesaria.
Partiendo de lo más concreto, sería importante que
la institución mantenga un ambiente físico
adecuado y agradable, no por obvio siempre es así.
La realización de chequeos y revisiones periódicas
de la gestión del servicio en el que se trabaja ,como
el Control de Calidad, permite un feedback en la
información de estado de conformidad-
disconformidad, iniciativas, proyectos e inquietudes
de los funcionarios que lo integran, tendiente a
crear un ambiente laboral continente de situaciones
potencialmente conflictivas y protector del posible
desarrollo del síndrome.
Así mismo, la capacitación permanente del
personal, como forma de erigirse la institución en
“proveedora” estimula el sentimiento de pertenencia
institucional, esencial para el logro de una mayor
eficacia y eficiencia en la tarea y motivación en lo
personal. De esta forma, el lugar de trabajo se vive,
como una potencial fuente inagotable de
gratificaciones.
Desde el grupo de pares:
Es conveniente promover el “sostén” entre los
colegas a través de la formación de grupos
formales e informales.
Desde la institución, en los diferentes ámbitos, es
factible también, ir gestando instancias de
relacionamiento social, donde el grupo de pares, los
compañeros de trabajo, se erigen en ”contene-
dores” afectivos.
Cualquiera sea la forma, el apoyo social y emocional
provisto por los compañeros, suele ser crucial. Ellos
pueden dar cosas que nadie puede ofrecerse a sí
mismo: nuevas informaciones, consejo, ayuda, fuente
de comparación en cuanto a las reacciones con que se
responde a un problema.
En muchas oportunidades la única fuente de
reconocimiento por un trabajo bien hecho puede ser
nuestro compañero de trabajo, de turno o de tarea.
Es en esta instancia, donde aparecen “nuestros
espejos”, quienes comparten nuestras vivencias.
El mejor alerta del burnout reside en “los otros”,
amigos, supervisores, colegas, todos pueden llegar a
reconocer, si están informados, de lo que está
sucediendo y hacer algo al respecto.
Resulta importante escuchar cuando los otros dicen:
”tomate tiempo libre”.... ”anímate” ....”alegra un poco la
cara”... ”te noto distinto”...
Cada uno puede constituirse en sistema de alerta del
otro.
Desde lo individual:
Lo medular sería fortalecer a las personas para que
puedan establecer los límites adecuados entre su rol
profesional y sus otros roles ; que el rol profesional no
invada y que la persona no se convierta en su rol.
Solamente el profesional, cada uno en su contexto
social, laboral, familiar, puede identificar las áreas de
estrés en su vida y hacer lo necesario para cambiarlo o
modificar las reacciones ante la exposición constante a
él.
Estrategias psicológicas para los niveles de Prevención
y Terapéutica.
Se han elaborado estrategias psicológicas tendientes a
la Prevención y a la Terapéutica del Burnout, sin olvidar
que para un adecuado abordaje debe ser realizado
como respuesta a un diagnóstico situacional previo.
Nosotros hacemos énfasis en la necesidad del manejo
especializado de las mismas, en la medida que
instrumentos que resultan exitosos, pueden llegar a ser
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Estres asistencial en el profesional de la salud
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iatrogénicos en manos de quien no tiene
preparación adecuada. BIBLIOGRAFIA
Alonso, A; Hille I.S.(1995) Psicoterapia de Grupo en la
Práctica Clínica. Ed. El Manual Moderno. México.
Mencionaremos por más difundidas:
Talleres que favorecen la Resiliencia. Atance, J.C. (1997). “Aspectos Psicológicos del
síndrome de burnout en el personal Sanitario. Revista
Española de Salud Pública 71, 3 293-303.
Integración a lo cotidiano de habilidades
cognitivas que ayuden a ver la realidad en
términos positivos.
Cherniss,C (1980) Professional Burnout in human
service organization. New York.
Recursos de T.R.E. (Terapia Racional Emotiva)
Técnicas de Control y Manejo de la Ansiedad Cuevas, P., O´Ferrall, C. Gavira,C. Crespo,J.(1999)
Estrés, apoyo social y salud mental en enfermeros de
medicina general: Resultados de una Investigación.
Enfermería Científica. 1999.
Talleres que estimulen la respuesta asertiva.
Para finalizar:
El Burnout es un tema de gran interés, debido a las
presiones continuas y constantes a las que está
sometido el hombre en casi todas las sociedades.
Faura,T. Síndrome de Burnout. Enfermería, grupo de
alto riesgo. Revista Rol de Enfermería 1990.
Fiorini, Héctor J. (1993) Teoría y Técnica de
Psicoterapias. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires.
Se continúan realizando investigaciones que
aporten información encaminada a ampliar el
conocimiento de este concepto , promoviendo la
mejora de la calidad de vida de los involucrados,
tanto dadores como receptores y la salud laboral e
institucional en donde están insertos.
Gil-Monte P.R., Peiró J.M., Valcárcel P.(1996)
Influencia de las variables de carácter
sociodemográfico en el Síndrome de Burnout: Un
estudio en una muestra de profesionales de
Enfermería. Revista de Psicología Aplicada.
Desde nuestro Departamento, se está planificando
un espacio a través del cual, el personal de
enfermería que lo desee, pueda acceder a la
instrumentación de las diferentes técnicas
planteadas que le sirvan de apoyo en el desempeño
del rol.
Gil-Monte; Peiró: Silla.(1997) Desgaste Psíquico en el
trabajo. Síndrome de quemarse. Editorial Síntesis.
Madrid.
Maslach, C (1981) The Burnout Syndrome. California.
Berkely University of California.
Navarro, M.; Silveira, P. (2001). Síndrome Burnout:
Aproximación a una problemática silenciosa. Revista
Electrónica Rosgal. Montevideo.
Por eso compartimos que:
“La información sobre las causas y consecuencias
del Burnout y formas adecuadas de manejo,
deberían estar incluidas en el programa curricular
de cualquier profesión que implique el trabajo con
personas” (Maslach, 1984).
Navarro, M.; Silveira, P. (2002)Síndrome de Burnout en
el rol docente. Revista de la Sociedad de Psicología del
Uruguay. Boletín No.27 . Época. Marzo 2002.
Pines, A.; Aronson, E. (1988) Career Burnout: Causes
and Cures. New York, De Free Press.
NUESTRA PROPUESTA:
Rigueiro, F. (1996) Desarrollo de un modelo de Burnout
de Enfermería. II Congreso Iberoamericano de Salud y
Conducta. Granada.
CUIDEMOS A LOS QUE CUIDAN