HOMENAJE
"yo he procurado daros el amor por la verdad;
no la verdad que es infinita"
José Enrique Rodó.
(Parábolas; La despedida de Gorgias)
Profesor Emérito Doctor Antonio Cañellas
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https://doi.org/10.35954/SM2000.22.1.1
¡Cuánto más fácil hubiera sido una misión solicitada a la
inversa!
Que el Dr. Antonio Cañellas hubiera tenido que hacer
una semblanza sobre mi.
¿Por qué? Pues lisa y llanamente porque primero hay
muy poco que decir sobre mi y segundo y
fundamentalmente porque el manejo del idioma era, en
su verbo, un verdadero deleite. Era, en ese sentido, la
más clara excepción al verso de Manrique.
Por eso hablar sobre Antonio Cañellas no es fácil.
¡Hay tanto para decir, tanto para recordar, para añorar,
para, aún hoy después de tantos años de su
desaparición física y del aparente olvido en el que ha
caído su recuerdo, tanto para aprender de él!
Porque, sin lugar a dudas, a su lado y aún sin
pretenderlo era inevitable aprender. Así,
insensiblemente, simplemente. Estar a su lado era una
oportunidad de enriquecerse, de crecer.
Era de esos elegidos que tienen ese don de la docencia
y lo ejercen casi sin llegar a saberlo; o que de saberlo
no lo hacen notar. Lo dejan fluir tan sutilmente como el
agua se escurre de las manos. No la puedes contener
por siempre en ellas; prontamente desaparece pero ya
te ha mojado.
Pero su docencia tenía una connotación muy especial.
No era puramente académica. Nunca apabullaba con
interminables citas bibliográficas o datos estadísticos,
pero en tres frases delineaba como nadie una situación
clínica que nadie había visto, daba prontamente su
solución y extraía una conclusión definitiva.
Extrañamente sabía conjugar de una manera muy especial su respeto y natural facilidad por el buen trato del idioma, lo cual
lo transformaba en un orador de altos quilates, con un increíble e incomparable poder de síntesis.
Sólidamente formado en la especialidad nunca se limitó a ella y la sabía conjuntar muy bien, no sólo con otras
especialidades médicas y quirúrgicas a las que servía fundamentalmente sino que, a su vez, con la vida misma lo que
transformaba todo su accionar en una verdadera filosofía.
Es más, nunca se limitó tampoco al ámbito médico.
Músico, locutor, médico anestesiólogo, político, turfman.
De todas sus actividades supo extraer lo mejor y con una sabia alquimia formó una personalidad propia y fecunda. Logró,
como él mismo decía a propósito de la anestesia, actuar como un buen cocinero: "alcanzar un sabor exacto sobre la base
de una ajustada mezcla de los más diferentes elementos, al estilo del más exigente de los alquimistas, cada uno en su
lugar y tiempo correctos". Merced a esta descripción, para mi al menos, tan acertada de nuestra especialidad siempre lo
tuve, al Maestro, por un muy buen cocinero. Sin embargo, en su boca, mucho mejor hubiera sido un parangón con un
director de orquesta porque, de música si sabía. Y mucho.
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SALUD MILITAR – Vol.22 Nº 1 – Julio 2000
Según cuentan quienes realmente lo conocieron, era un excelente músico. Hijo de músico y alumno directo, nada más ni
nada menos, que de don Eduardo Fabini.
Pero de cocina ... . Sus manos conservaban las huellas de una infausta incursión culinaria en Londres.
Lo conocí en setiembre de 1967.
El aroma de su Half and Half me invadió mientras llegaba a la cafetería del estar médico de la sala de operaciones del
Hospital Militar. Alto, fornido, impecablemente vestido y rasurado. Me miró a través de sus bifocales y me habló. Yo por ese
entonces pensaba solamente que comenzar a trabajar y ayudar en anestesia podía llegar a ser, para mi, un primer eslabón
para conseguirlo y continuar luego lo que creía mi vocación: la cirugía.
Pero había algo en el Dr. Cañellas que yo no sabía. Dicen que sabía y practicaba la hipnosis. Me transformé en
anestesiólogo sin llegar a darme cuenta.
Un par de anécdotas. Habiendo transcurrido cuatro años de aprendizaje de la especialidad, obtengo mi título de Médico y
comienzo en 1971 a trabajar fuera del ámbito hospitalario. Una noche, en el ejercicio de mi especialidad, una paciente a la
que asistía en un sanatorio sufre un accidente grave. En mi desesperación por la infortunada situación no tuve otra
ocurrencia que llamar a mi maestro a su domicilio casi al filo de la media noche. En pocos minutos estuvo a mi lado y me
enseñó, no sólo a solucionar el problema de la paciente, sino a enfrentarlo con honestidad con los familiares. Me apoyó y
me respaldó en todo momento hasta el alta definitiva de la paciente. No cabe otro comentario.
Otra. Fue, junto a su amigo el Dr. Jorge Sarro propietario del stud TonySerg, en honor a los hijos de ambos (Antonio (Tono)
y Sergio). Quedó como encargado de toda la parte administrativa y cual no sería la sorpresa de su socio (reconocido
aurinegro), al comprobar que los colores del mismo eran los tricolores de su amado Nacional.
Nace en el Departamento de Durazno un 7 de mayo de 1916 de la unión de Don Antonio Cañellas, mallorquín de Algaida y
Doña Crescencia Martínez de Cañellas quien aún hoy vive y cuenta con 103 años.
De muy modesto origen, su más tierna niñez es marcada por el incansable andar de su familia en busca de mejores
condiciones de vida.
Montevideo, Batlle y Ordoñez, Minas donde finalmente se radica. Ya desde muy temprana edad manifiesta su vocación o
mejor dicho su pasión por la música. Su padre, a la sazón modesto Director de la Orquesta Municipal de Minas, trata de
desalentarlo y prueba de ello es que sólo admite como maestro para su hijo a Fabini, radicado a quilómetros de distancia.
Una vez en contacto con el que sería su maestro este, a su vez, intenta fomentar en él desaliento. Pero, a pesar de ellos,
continúa adelante con sus estudios de música a la vez que completa sus estudios de escuela y secundarios. Se convierte
en violinista
En 1940 contrae enlace con Doña Alba Zeballos, la que sería su compañera hasta su último día.
Llega a Montevideo en los primeros años de la década del 40 a realizar sus estudios universitarios y, para mantenerse, se
desempeña como locutor en las radios Imparcial, Ariel y finalmente en el SODRE, lo que alterna desempeñándose como
músico en varios conjuntos de música típica. En su primer trabajo en esta área, siendo violinista, debió desempeñarse (y
aprendió en poco menos de un día) como bandoneonista.
No es sino hasta 1945 en que, a raíz de un desgraciado acontecimiento familiar, toma contacto con la que habría de ser la
especialidad que abrazaría dentro de la Medicina.
Conoce, se vincula y empieza a trabajar con quien sería su primer maestro y amigo: el Dr. Fernández Oria.
Realiza breves estudios en la ciudad de Buenos Aires junto a Owen Elder.
A todo esto la BBC de Londres buscaba, en Latino América, la voz latina para sus informativos.
En 1946 es seleccionado y debe viajar solo a Londres con un contrato por seis meses que a la postre se transformarían en
dieciocho. Era por ese momento "La voz de América".
Ese tiempo es bien aprovechado.
La facilidad de grabar los programas le deja tiempo libre y se vincula, entre otros, con el Doctor Macintosh, quien sería su
mentor y amigo.
Vuelto a Montevideo, completa sus estudios obteniendo el título de Médico en 1955.
Al año siguiente se traslada a Inglaterra desde donde vuelve poseedor del diploma de Anestesiólogo.
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Otro hecho desgraciado para la anestesiología Uruguaya, lo vincula con nuestra Institución.
El fallecimiento del Alférez Cámpora hace que, el Señor General Ventura Rodríguez, asesorado por los Doctores Frank
Hughes y Bonifacio Urioste, le solicite hacerse cargo del Servicio de Anestesiología del Hospital Central de las FF.AA..
Miembro integrante del Directorio del SODRE por ese entonces, rechaza al principio la oferta pero, ante las presiones de
los asesores del Señor General, amigos personales suyos, termina por ceder.
En una visita que le hace en 1963 a Macintosh, este insiste en que debe completar su carrera y no sólo lo alienta sino que
estudia con él logrando que se gradúe, ese mismo año, como Fellow de la Universidad de Londres.
Fue el primer compatriota en obtener, en la especialidad, tan alta distinción la cual entre sus pares le valió el ser conocido
como "el anestesiólogo de la Reina de Inglaterra".
En 1976 resulta elegido como Profesor de la Cátedra de Anestesiología de la Facultad de la República.
Se transformaba, en ese momento, lo que era un Servicio en Cátedra. Le cupo por lo tanto el honor de ser el Primer
Profesor de la misma.
Ese mismo año es designado como Ministro de Salud Pública, cargo que desempeña hasta 1981. En el ejercicio de ese
Ministerio establece las bases para la creación de los IMAE para el financiamiento de la Medicina de Alto riesgo.
En 1980 se le otorga el Título de Profesor Emérito de la Facultad de Medicina.
Fallece, víctima de una cruel enfermedad, el 15 de enero de 1984.
Pasa al olvido.
¿Pero es que puede pasar al olvido alguien que, por su propio mérito, haya hecho lo que hizo él?
¿Es que somos tan pobres de mente y espíritu que, por sectarismo, incapaces de reconocer los méritos de uno nuestros
conciudadanos más ilustres?
Mil y una preguntas similares podríamos hacernos sin encontrar para ellas una respuesta acertada.
Creo que no vale la pena el buscarla.
Para los que lo conocimos, para los que lo "disfrutamos" en vida, jamás podrá desaparecer. Dejó, aunque los sectarios de
siempre no las quieran ver, muchas huellas que llevan su impronta.
Quisiera poseer ahora su don de síntesis para poder definir, con una simple pincelada, resumidamente, su exuberante
personalidad y su fecunda vida.
Un común amigo me dijo que si quería resumir al Maestro dijera que "era de los pocos iluminados capaces de hacer
sencillo lo difícil". No está mal. Pero se me antoja demasiado extenso.
Lo voy a sintetizar, como lo hice con mi padre, con sólo tres palabras. Creo que ambos lo aceptarán de buen grado.
Fue un HOMBRE.
No de todos los que pasamos por esta vida se puede decir lo mismo.
Para finalizar vuelvo al principio y muy bien podrían haber sido suyas las palabras de Gorgias cuando, respondiendo al
brindis de Leucipo, su más dilecto alumno, nos dice (perdón Rodó):
"Por ese; por quien me venza con honor en vosotros!"
Descanse tranquilo que no podrán.
Salud Maestro.
Mi sincero agradecimiento a la Señora Alba Zeballos
y a los Doctores Héctor Bello Smith y Jorge Sarro,
por los invalorables aportes recibidos.
May. (M) Luis Alberto González Míguez.