
RESPUESTA AL TRATAMIENTO CON WARFARINA EN PACIENTES
DE LA POLICLINICA DE ANTICOAGULACION ORAL
Q.F. Lena A. - T.Lab. Lujan M. - T.Lab. De Lorenzi P. - T.Lab. Etcheverri A.
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La warfarina es una de las opciones farmacológicas más
usadas, junto con la heparina, para compensar estados
de hipercoagulabilidad a nivel de cámaras cardíacas y
en el sector venoso sistémico. Allí los integrantes del
sistema intrínseco de la coagulación juegan el papel
principal, y la warfarina interfiere en la cascada de la
coagulación.
Se indica en pacientes con fibrilación auricular,
enfermedad valvular cardíaca, y en pacientes con
prótesis cardíacas mecánicas, en cuyo caso se indica de
manera permanente, cuando hay déficit congénito de
proteínas reguladoras de la coagulación y en pacientes
que han sufrido un fenómeno trombótico como trombosis
venosa profunda o tromboembolismo pulmonar, que son
dos manifestaciones clínicas de una misma entidad, en
cuyo caso el tratamiento es heparina en fase aguda
seguida de anticoagulantes orales por varios meses.
Los anticoagulantes orales intervienen en detener la
propagación del trombo y acelerar su natural proceso de
disolución, prevenir la complicación del TEP, ayudar a
restaurar la función y anatomía venosa para prevenir la
recidiva y síndrome posflebítico.
Los pacientes mayores de 70 años deben ser tratados
con precaución, por presentar factores que predisponen
al sangrado como la fragilidad vascular y la hipertensión
arterial.
¿POR QUE ES MUY IMPORTANTE LA DOSIS DE
WARFARINA A ADMINISTRAR ?
Para esto se hace necesario repasar los efectos
farmacológicos de la warfarina.
El principal efecto farmacológico de los anticoagulantes
orales es como antivitamina K, afectando a los factores
de la coagulación dependientes de la vitamina K (II, VII,
IX, X, PS, PC).
Se ha descubierto que la vitamina K actúa luego de la
síntesis del precursor del factor en el hígado,
produciendo una modificación de la proteína a nivel
posribosomal. La carboxilación consiste en la
introducción de grupos carboxilos en los residuos del
ácido glutámico, ubicados dentro del dominio Gla, en el
extremo aminoterminal de las moléculas. Esta
carboxilación les confiere carga negativa y por ello la
capacidad para unirse al Ca++, por medio del cual se
unen a los fosfolípidos.
La vitamina K actúa en su forma reducida (2 metil 3 phtil
4 dihidronaphthoquinona) produciendo una hidrólisis
ácida en presencia de dióxido de carbono y oxígeno.
Esta reacción de carboxilación es catalizada por la
carboxilasa vitamina K dependiente, que usa la
secuencia propeptídica de la proteína sustrato como
señal. La vitamina K reducida (K1) pasa a su forma
epóxido. Una posterior reducción catalizada por la
vitamina K epóxido reductasa lo convierte nuevamente
en su forma original. La acción directa de los
anticoagulantes orales es la inhibición de la regeneración
de la vitamina K a partir del 2-3epóxido. Esto causa un
descenso en el pool funcional de la vitamina K en el
hígado y por lo tanto limita la carboxilación del precursor
de la proteína y también lleva a la secreción de formas
anormales PIVKAS (proteínas inducidas en ausencia de
vitamina K) o acarboxiladas de los factores vitamina K
dependientes. Debemos mencionar que tanto la proteína
C como S inhibidores fisiológicos de la coagulación, son
también proteínas vitamina K dependientes, estando su
acción también sujeta a la carboxilación referida.
La importancia del control adecuado de la anticoa-
gulación se debe a las complicaciones que se pueden
presentar por una anticoagulación excesiva, o la
presencia de situaciones que alteren la coagulación en
forma previa.
Las complicaciones más destacables son:
La hemorragia, cuya gravedad va a depender de su
intensidad y localización. Importa ver si el sangrado
se debe a exceso de dosis o a otra causa .
Puede deberse a una anticoagulación excesiva, por la
forma en que vimos actúa la warfarina sobre los factores
de la coagulación, ingesta accidental de un fármaco que
pueda potenciar el efecto de la warfarina, alteraciones
del funcionamiento plaquetario por administración conco-
mitante de salicilatos, o por la aparición de
trombocitopenia intercurrente. De un 5 a un 30 % de
estas son de riesgo vital si comprometen el SNC, vía
respiratoria, pericardio, o tubo digestivo donde pueden
adquirir gravedad dada la no contención por tejidos
subyacentes. Del 70 al 90 % son menores limitándose a
la piel, mucosas, aparato genital. En los episodios
menores, la suspensión temporal del tratamiento o
disminuir la dosis soluciona el problema. En los episodios
graves puede requerirse la transfusión de plasma fresco
o la administración de vitamina K.
Pueden presentarse también reacciones cutáneas
(Equímosis, erupciones vesiculares, síndrome del
dedo púrpura que se atribuye a microémbolos de
colesterol que se deben a desprendimientos de
placas de ateroma facilitados por la anticoagulación,
necrosis cutánea trombótica que se ve
fundamentalmente en pacientes con déficit
congénito de proteínas S o C).
En estos casos el período de inducción del tratamiento
descenderá primero los factores de vida media más corta
como lo son el factor VII y la PC. Dado que en estos
momentos aún no han descendido los demás factores
vitamina K dependientes como el II, IX y X, se produce
un disbalance hacia la tendencia procoagulante pudiendo
aparecer trombosis de las vénulas de piel con la
consiguiente necrosis. Debido a esto, se recomienda
empezar la anticoagulación oral concomitantemente con
la administración de heparina por lo menos los 5
primeros días, fundamentalmente en los casos que se
conoce el déficit de proteína C o S.