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HISTORIA DE LA MEDICINA
RESUMEN
Se conmemoran en 2023 los 250 años del nacimiento de Bonpland, francés, médico y naturalista, botánico
y viajero, hacendado y político que transitó en el siglo XIX por los cuatro países que hoy integran el
Mercado Común del Sur. En Argentina por Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Misiones; en Uruguay
reiteradamente en Montevideo; en Paraguay por Santa María de Fe, Itapúa y Asunción; en Brasil por San
Borja en Rio Grande del Sur. Vino al Río de la Plata atraído por promesas que no se cumplieron luego de
explorar parte de América con el barón Alexander von Humboldt y encargarse como intendente botánico
de los jardines de Malmaison, la residencia de la emperatriz Josena, primera esposa de Napoleón
Bonaparte. No pudo retornar a su patria, Francia y terminó sus días -ya octogenario- en un apartado
pueblo correntino, donde hubo que sepultarlo de apuro por carecer de medios de embalsamamiento que
permitieran trasladar su cuerpo a la capital provincial.
PALABRAS CLAVE: Botánica/historia; Disciplinas de las Ciencias Naturales; Historia de la Medicina;
Historia del sigo XVIII; Historia del siglo XIX; Ilex paraguariensis; Yerba Mate.
ABSTRACT
The year 2023 marks the 250th anniversary of the birth of Bonpland, Frenchman, physician and naturalist,
botanist and traveler, landowner and politician who traveled in the 19th century through the four countries
that today make up the Southern Common Market. In Argentina, he visited Buenos Aires, Entre Ríos,
Corrientes and Misiones; in Uruguay, Montevideo; in Paraguay, Santa María de Fe, Itapúa and Asunción;
in Brazil, San Borja in Rio Grande do Sul. He came to the Rio de la Plata attracted by promises that
were not fullled after exploring part of America with Baron Alexander von Humboldt and taking charge
as botanical intendant of the gardens of Malmaison, the residence of the Empress Josephine, rst wife
of Napoleon Bonaparte. He could not return to his homeland, France, and ended his days -already an
octogenarian- in a remote town of Corrientes, where he had to be buried in a hurry due to the lack of
embalming means to transfer his body to the provincial capital.
KEYWORDS: Botany/history; Natural Science Disciplines; History of Medicine; History 18th Century;
History 19th Century; Ilex paraguariensis; Yerba Mate.
Recibido para evaluación: diciembre 2022.
Aceptado para publicación: febrero 2023.
Correspondencia:21 de setiembre 2713. Apto. 401. C.P. 11300. Montevideo, Uruguay. Tel.: (+598) 27101418.
E-mail de contacto: asoiza@adinet.com.uy
(a) Médico Legista. Miembro de Honor y expresidente de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina.
Miembro del Instituto Histórico y Geográco del Uruguay.
Dr. Augusto Soiza Larrosa ahttps://orcid.org/0000-0002-3924-9976
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland).
Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
Sus vínculos con el Uruguay
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland).
Médico e naturalista. 250 anos de seu nascimento 1773-2023.
Seus vínculos com o Uruguai.
https://doi.org/10.35954/SM2023.42.1.6.e701
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland).
Physician and naturalist. 250 years of his birth 1773-2023.
His links with Uruguay.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
Sus vínculos con el Uruguay
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RESUMO
O ano de 2023 marca o 250º aniversário do nascimento de Bonpland, o francês, médico e naturalista,
botânico e viajante, proprietário de terras e político que viajou no século XIX pelos quatro países que hoje
formam o Mercado Comum do Sul. Na Argentina, ele viajou por Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes e
Misiones; no Uruguai, viajou várias vezes para Montevidéu; no Paraguai, para Santa María de Fe, Itapúa
e Assunção; no Brasil, para São Borja, no Rio Grande do Sul. Ele veio para o Rio de la Plata atraído por
promessas que não foram cumpridas depois de explorar parte da América com o Barão Alexander von
Humboldt e assumir o cargo de intendente botânico dos jardins de Malmaison, a residência da Imperatriz
Josena, a primeira esposa de Napoleão Bonaparte. Ele não pôde retornar à sua terra natal, a França,
e terminou seus dias - já octogenário - em um vilarejo remoto na província de Corrientes, onde teve que
ser enterrado às pressas devido à falta de equipamentos de embalsamamento que permitissem que seu
corpo fosse transferido para a capital da província.
PALAVRAS-CHAVE: Botânica/história; Disciplinas das Ciências Naturais; História da Medicina;
História do Século XVIII; História do Século XIX; Ilex paraguariensis; Yerba Mate.
INTRODUCCIÓN
Una calle de corta extensión de la ciudad de
Montevideo, apenas una cuadra en el barrio de
Pocitos, apartada del bullicio de la zona tiene
una placa que la identica: Bonpland. Tal vez el
transeúnte que la recorre desconozca la extraor-
dinaria vida del homenajeado, repleta de aven-
turas, sufrimientos y honores, reducido en esa
callejuela a un simple nombre, sin más datos que
ayude a su recuerdo.
Se conmemoran en 2023 los 250 años del na-
cimiento de Bonpland, francés, médico y natu-
ralista, botánico y viajero, hacendado y político
que transitó en el siglo XIX por los cuatro paí-
ses que hoy integran el Mercado Común del Sur
(MERCOSUR). En Argentina por Buenos Aires,
Entre Ríos, Corrientes y Misiones; en Uruguay
reiteradamente en Montevideo; en Paraguay por
Santa María de Fe, Itapúa y Asunción; en Brasil
por San Borja en Rio Grande del Sur. Vino al Río
de la Plata atraído por promesas que no se cum-
plieron luego de explorar parte de América con el
barón Alexander von Humboldt y encargarse como
intendente botánico de los jardines de Malmaison,
la residencia de la emperatriz Josena, primera es-
posa de Napoleón Bonaparte. No pudo retornar a su
patria, Francia y terminó sus días -ya octogenario-
en un apartado pueblo correntino, donde hubo
que sepultarlo de apuro por carecer de medios
de embalsamamiento que permitieran trasladar
su cuerpo a la capital provincial.
MARCO HISTÓRICO
En Uruguay ha dicho Mañé Garzón sobre Bonpland:
“. . . se radicó entre nosotros durante los cuarenta
últimos años de su vida (1816-1858). Este natura-
lista tiene para la historia de nuestra ciencia una
particular relevancia a pesar de que la obra que
dejó fue por demás escasa, quedó inédita, y por
lo tanto carente de gravitación en el conocimien-
to de nuestra naturaleza. Lamentablemente no
dejó discípulos ni escuela. Las promesas que se
le hicieron para concretar su venida [se reere a
la invitación cursada en Londres por Bernardino
Rivadavia para trasladarse a Buenos Aires] no
fueron cumplidas por lo que optó por aislarse y
cuando no, admitir una reclusión por demás in-
sólita” [el secuestro por el Dictador Supremo de
la República del Paraguay Gaspar Rodríguez de
Francia, que le mantuvo retenido como prisionero
por nueve años].
Este juicio no carente de cierta desazón sobre una
personalidad que goza del más elevado crédito
en la comunidad cientíca mundial, encuentra
respaldo en uno de los ensayos sobre Bonpland
más recientes, de acentuado espíritu crítico sobre
el naturalista viajero:
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Publicación de la D.N.S.FF.AA.
Olive de la Coste. Nació el 28 de agosto de 1773
en La Rochelle, Francia, capital del departamento
Charente-Marítimo sobre la costa atlántica, entre
la Bretaña y el país vasco francés. Y murió en
América, en su casa del Rincón de Santa Ana (hoy
Bonpland), a dos leguas de Paso de los Libres (hoy
Restauración), la pequeña villa de la provincia de
Corrientes el 11 de mayo de 1858 a los 84 años.
Para su aspecto físico se conocen retratos de
Bonpland en América, no así en Europa. En
Buenos Aires, 1837, en casa del documentalista
Pedro de Angelis (Nápoles 1784-Buenos Aires
1859), fue dibujado a los 64 años por el ingenie-
ro, dibujante y litograsta francés Carlos Enrique
Pellegrini (Chambéry, Francia 1800-Buenos Aires
1875). Un grabado litográfíco basado en ese dibu-
jo fue incluído acompañando la biografía escrita
por De Angelis en la bonaerense Revista del Plata
en 1853, que en su primera época dirigió Pellegrini
hasta 1855. Sería el primer retrato conocido (gura 1).
“el Bonpland que hemos descubierto es una -
gura humana excepcional que tuvo un destino
particularísimo, que él mismo construyó con vir-
tudes y defectos que limitaron y menguaron el
producto total de su vida desde el punto de vista
social e histórico”.
“Desempeñó labores de plantador, de ganadero,
de médico, de mineralogista, de toquímico, de
colector y preparador, de aclimatador de espe-
cies, de mediador político, tal vez de espía, de
botánico, todo al unisono”.
Entre 1804, cuando regresó a Europa luego del
viaje que hiciera en América con el prusiano
Alexander von Humboldt, y 1858 fecha de su
muerte, los progresos en el conocimiento cien-
tíco y en la tecnología fueron de enorme mag-
nitud. Pese a ello, Bonpland no los incorporó y
decidió enterrarse en el continente americano
profundo desdeñando un retorno a su continente
natal donde sin duda tenía reservado un magní-
co sitial. Fue “el enigma de cerrarse de pron-
to y enclaustrarse en un pragmatismo estrecho
y en un paraje aislado y periférico del mundo”.
Mucho se ha escrito sobre el naturalista viajero.
Al aproximarse el 250 aniversario de su nacimien-
to contabiliza más de 400 referencias. La cantera
está agotada y sólo cabe volver a divulgar lo que
se ha publicado. Es seguro que aún hay material
por conocer dado el ignorado destino que tuvieron
muchos de sus manuscritos y el carácter inédito de
la mayor parte de aquellos que se han conservado.
Su real nombre era Aimé Jacques Alexander
Goujaud. Su padre, Simon-Jacques apodado “Bon
plant” (buena planta) y por derivación Bonpland
(su hijo lo adoptó como apellido) era chirurgien en
chef de l’hôpital de la Charité en La Rochelle y tenía
ancestros boticarios. Su hermano, Michel-Simón
resultó también médico. Su madre fue Marguerite- Figura 1. Bonpland. Litografía (1853) sobre dibujo de Carlos
E. Pellegrini.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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Figura 2. Bonpland. Daguerrotipo 8,6 x 7 cm, c. 1850-51.
Figura 3. Bonpland. Litografía de Ho󰀨man (1857) sobre
el daguerrotipo de 1850-51.
Uno de los daguerrotipos terminó obsequiado a
Humboldt en 1853 y éste lo pasó al grabador
alemán Rudolf Ho󰀨man quien realizó una lito-
grafía en 1857 (gura 3). Bonpland aparece con
abundante cabello, ceño fruncido, vista al frente,
levita, chaleco y moño al cuello; en la solapa no
está la Legión de Honor, condecoración que se
le adjudicará en 1849. La litografía -que se im-
primió en un periódico alemán- se habría inspi-
rado en el daguerrotipo de 1850-51 en poder de
Humboldt, que hoy se considera perdido. El posi-
ble segundo daguerrotipo (ya que se desconoce
si se tomaron otros) se conserva en la Harvard
College Library, Cambridge, Massachusetts.
El otro daguerrotipo se encuentra en el Museo
Histórico Nacional de Buenos Aires, sin datos de
autor, origen, donante ni fecha, pero datado entre
1850-60, pues la placa es de origen norteameri-
cano y se conoce su fabricante. Tampoco tiene
la Legión de Honor, sólo una pequeña cinta en la
solapa derecha (gura 4).
Figura 4. Bonpland. Daguerrotipo del Museo Histórico
Nacional, Buenos Aires 10,7 x 13,8 cm; 1850-60.
Existen además dos daguerrotipos ubicados de
Bonpland. Uno de ellos, posiblemente de 1850-51,
le fue tomado en Corrientes por un estudiante
americano de botánica que lo visitó. Le hizo dos
tomas (gura 2).
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Publicación de la D.N.S.FF.AA.
Médico y naturalista se hermanaron perfectamen-
te en Bonpland, y ejerció ambas ciencias aunque
en diferente grado.
Figura 5. Bonpland. Grabado inserto en Adolphe Brunel. Bibl.
Nat. France con la Legion de Honor en la solapa (anónimo).
Figura 6. Bonpland, atribuído a Alfred Demersay, San Borja,
1846. (Extraído de: Atlas de Demersay, lámina 1).
La única imagen con la Legión de Honor en la so-
lapa es un grabado inserto en la biografía escrita
por el médico Adolphe Brunel (gura 5).
Esa litografía pudo ser hecha a partir de un da-
guerrotipo, pero no se conoce paradero del mis-
mo. Es diferente de los dos anteriores que no tie-
nen la condecoración francesa.
Finalmente existe un retrato "del natural" dibuja-
do por el médico francés Alfred Demersay en Río
Grande del Sur, Brasil en 1846 (gura 6).
En 1791, con 18 años, Aimé-Jacques y su her-
mano mayor Michel-Simon, se trasladaron a París
para estudiar medicina. En esa época, los estudios
médico-quirúrgicos estaban experimentando los
cambios de la Revolución Francesa (1789). Des-
de 1769 se cursaban en el Collége et Académie
Royale de Chirurgie creado por el rey Louis XV y
ubicado en la rue des Cordeliers (luego rue Marat
y después rue de l’École de Santé). Su edicio se
conserva hoy día y el nombre de la calle cambió
a rue de la École de Médecine. Abolido el antiguo
regimen, desde 1794 el Collége pasó a llamarse
École de Santé y en él se doctoró Bonpland en
1797. Entre 1791 y 1797 adquirió un título inter-
medio de Chirurgien de troisième classe (o󰀩cier
de santé) durante su servicio militar en la marina.
Un buen resumen de su actividad médica desde
la formación hasta su residencia en el cono sur
americano se encuentra en Miguel de Asúa. Res-
pecto a la historia natural y su orientación pre-
ferente a la botánica, la vocación habría deriva-
do de su asistencia a los cursos dictados en el
Museo Nacional de Historia Natural.
Era esperable un conocimiento y destreza en el
manejo de los dones de la naturaleza como auxi-
lio terapéutico de una medicina aún empírica. La
École de Santé contaba con su jardín botánico y
además París tenía su Jardin des Plantes asocia-
do al Museo de Historia Natural. No es de extrañar
que un médico fuera enamorado de la naturaleza
y acionado como herborizador y clasicador de
especies vegetales, minerales y fauna. Eran co-
nocimientos necesarios para el ejercicio médico.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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Bonpland en Uruguay
Montevideo, la capital de la República Oriental del
Uruguay, lo recibió como visitante muchas veces y
en tal carácter Bonpland es también algo nuestro.
Es necesario dar algunos datos de naturaleza
geopolítica e histórica cuando nos referimos al te-
rritorio pisado por Bonpland.
Uruguay es hoy una República organizada en el
siglo XIX tras un texto constitucional jurado en so-
lemne acto público el 18 de julio de 1830. Surgió de
un acuerdo entre dos países gigantes con los cua-
les mantenía límites: por el oeste, las Provincias
Unidas del Río de la Plata (de la cual formó parte
como Banda Oriental del río Uruguay desde el n
de la dominación española); por el este el Impe-
rio del Brasil (del cual también formó parte -inva-
sión mediante- como Provincia Cisplatina desde
1821). En guerra por su posesión, ambos vecinos
llegaron a un acuerdo para cesarla y declararla
“provincia autónoma”. Eso fue en 1828. Transfor-
mada la Banda Oriental en país independiente,
juró su constitución como una república en 1830.
Bonpland bajó repetidamente por el río Uruguay
hasta Montevideo para validar su “certicado de
vida” ante el consulado francés, acto necesario
para cobrar la pensión vitalicia que le concedie-
ra Napoleón Bonaparte por su aporte a la ciencia
francesa luego del viaje americano que hiciera
con Humboldt.
Médico y naturalista, Bonpland se vinculó en
Uruguay con colegas y con investigadores en
ciencias naturales.
Bonpland y Larrañaga
Primer contacto
Una carta que enviara a Montevideo, destinada
al presbítero uruguayo Larrañaga desde Buenos
Aires, inauguró el vínculo que estableció con la
entonces Banda Oriental.
Figura 7. Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, óleo sobre
tela de Manuel Barthold (Rusia, 1874-1947). Museo Histórico
Nacional, Montevideo, sin fecha.
El doctor Dámaso Antonio Larrañaga (Montevideo,
1771-1848) (gura 7) fue un sacerdote ilustrado,
formado en Buenos Aires (Colegio de San Carlos)
y Córdoba (universidad jesuítica), dedicado a las
ciencias naturales en todas sus ramas y que dejó
obra escrita edita e inédita. Esta es un tesoro na-
cional que en su época no fue conocida fuera
de fronteras y le impidió ocupar el lugar al que por
sus descripciones originales tenía legítimo dere-
cho. La papelería de Larrañaga a su muerte el 16
de febrero de 1848 quedó en su quinta del Cerrito,
territorio vecino a Montevideo gobernado por el bri-
gadier general Manuel Oribe. Eran los tiempos de
la Guerra Grande (1843-1852) que dividió al país
en dos estados: Montevideo amurallado con su
puerto y el resto del territorio. Sus sobrinos herede-
ros Berro-Errazquin, en poder de la documentación
del sacerdote la prestaron al abogado uruguayo
Andrés Lamas (Montevideo, 1817-Buenos Aires,
1891). Lamas, residente en Buenos Aires, estaba
interesado en esos papeles para escribir una his-
toria de las Repúblicas del Plata, obra que no llegó
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Publicación de la D.N.S.FF.AA.
por el propio Bonpland en esa primera misiva:
“estoy muy al corriente de todos sus trabajos y
de su noble afán por las ciencias por el señor
Segurola y por don Bartolo Muñoz”. Se reere a
Saturnino Segurola, porteño (Buenos Aires, 1776-
1854) y a Bartolomé Doroteo Muñoz, español
(Madrid, 1776 - Montevideo, 1831), sacerdotes
ambos con dotes de naturalistas aunque sin la
intensidad y dedicación de Larrañaga. Formaban
parte del clero ilustrado y de un polo rioplatense
de ciencia teórica y aplicada, pues:
“Todos se habían formado en el Real Colegio de
San Carlos de Buenos Aires, habían sido alum-
nos del Pbro. Melchor Fernández (1789-1791) y
formaron una verdadera red, dicho en términos
actuales. Mantuvieron su amistad e intercambia-
ban datos sobre sus observaciones y sobre sus
contactos cientícos, por carta o personalmente”.
a concretar. Lamas fue un conocido coleccionista
de documentos. A su muerte, el estado uruguayo
adquirió de sus herederos la documentación que
poseía referente a Uruguay, dentro de la cual es-
taban los papeles de Larrañaga. Los destinó al
Archivo y Museo Histórico Nacional y están ac-
tualmente conservados en el Archivo General
de la Nación, Fondo Archivo Larrañaga. Dentro
de esa adquisición aparecieron las pocas car-
tas intercambiadas entre Larrañaga y Bonpland.
Bonpland, ya instalado en Buenos Aires (su arribo
fue el 29 de enero de 1817), supo de Larrañaga
y de sus trabajos y -sin conocerlo personalmen-
te, pues nunca se encontraron- mantuvo contac-
to epistolar entre 1818 y 1820. No hay certeza
que supiera de Larrañaga antes de su arribo a
Buenos Aires. Cuando un frustrado Bonpland de-
cidió abandonar para siempre la capital porteña
en octubre de 1820, y hubo arribado a Corrientes,
que formaba parte de la República de Entre Ríos,
le escribió a Larrañaga la que sería su última
misiva conocida, el 10 de noviembre de 1820.
Bonpland llegó a Buenos Aires el 29 de enero de
1817, pero Larrañaga no estaría en Montevideo
desde el 7 de marzo. Había sido enviado por el
Cabildo de Montevideo a la corte del Brasil, en
Río de Janeiro en misión diplomática. Poco tiem-
po entre ambas fechas para dedicarse a escribir
cartas. Cuando el presbítero retornó a Montevideo
en enero de 1818, Bonpland le envió la primera
carta fechada en Buenos Aires el 13 de febrero
de 1818. Esa y las siguientes -apenas las conser-
vadas- fueron publicadas en la edición ocial del
archivo Larrañaga bajo el título Escritos de Don
Dámaso Antonio Larrañaga entre 1922 y 1930.
Hoy esa publicación en varios volúmenes es una
rara obra y sólo se encuentra en la biblioteca
pública y en repositorios particulares (gura 8).
¿Cómo supo Bonpland en Buenos Aires de los tra-
bajos y las colecciones de Larrañaga? Lo sabemos Figura 8. Escritos de Dámaso Antonio Larrañaga, tomo I,
Montevideo, 1922.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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Larrañaga había sido además director de la biblio-
teca pública de Buenos Aires.
Luego de extenderse en homenajes de admira-
ción a la obra del presbítero y expresar el deseo
de un encuentro, Bonpland pasó al tema de su
mayor interés: la venta de los libros de historia
natural, aquellos que siguiendo el consejo de
amigos “trajo para acá”. Lamentablemente, el lis-
tado que dice adjuntar, no sobrevivió y no sabe-
mos la totalidad de obras que contenía. Es que:
“Muy poco es lo que se conoce acerca de la bi-
blioteca personal de Bonpland, con excepción de
la que trajo originalmente consigo, que parece
haber sido importante y quedó, en la parte que
no fuera vendida al naturalista uruguayo Dámaso
Antonio Larrañaga, parcialmente, en manos de
un ejecutor de segundo orden como depositario
en Buenos Aires, y de la que cierto número de
volúmenes pasó, mediante venta, a la Biblioteca
Nacional, entonces Biblioteca Pública de Buenos
Aires. Todo eso sucedió antes de octubre de 1820.
De esos libros que Bonpland trajo a Buenos Aires
consigo en 1818 [arribó en 1817], se sabe poco
con certeza. Ninguno de sus visitantes mencio-
na, la presencia de libros, aun cuando muchos
describen pormenorizadamente sus humildes re-
sidencias de Corrientes o del Brasil”.
Pese a la dicultad para adquirir libros, en general
obras ilustradas y en varios volúmenes, por tanto
onerosas para el bolsillo de un presbítero riopla-
tense (con el sueldo de una capellanía castrense
en 1801 y ¿tributos recibidos por gestiones del
fuero sacerdotal?), se sabe que Larrañaga llegó
a poseer una importante colección de ciencias
aplicadas y una “copiosa y escogida librería” de
más de 800 volúmenes que donó a la Biblioteca
Pública de Montevideo en 1816. Por lo pron-
to, en la respuesta a Bonpland (Montevideo,
26 de febrero de 1818) armó contar con un li-
bro de cabecera: el Sistema Naturae del sueco
Carlos Linneo (1707-1778), en la edición de Gmelin.
Se trata sin duda (pues lo rearma en su carta
del 25 de mayo) de la magna obra del siglo XVIII
Systema Naturae Sive Regna Tria Naturae Systematica
Proposita Per Classes, Ordines, Genera & Species.
13ª
edición reformada, Leipzig, 1788-1793, 10 volúme-
nes in-8vo en tres tomos. Linneo fue su gran fuente
de conocimientos taxonómicos, como le responde
en su carta del 26 de febrero: “Entregado a mí mis-
mo y sólo con este gran Maestro y algún otro ex-
positor, he llegado a reunir muchos e interesantes
materiales…”
Había recibido poco antes la Flora Peruana.
Seguramente, la obra de los viajeros botánicos
españoles al Virreinato del Perú, Hipólito Ruiz
y José Pavón en los años 1777 a 1788, Flora
Peruvianae Et Chilensis Prodromus, edición de
Madrid, Typis Gabrielis de Sancha, 1794 (hubo
otras ediciones, Madrid 1798 y 1802). Y un
libro de Persoon (sic), que no pudo ser otro que
C. H. Peerson, Sinopsis Plantarum, edición de
Gottingae, 1805. Y por supuesto no faltaba el
aragonés Félix de Azara (1742-1821), con sus
obras sobre quadrúpedos, Apuntamientos Para
La Historia Natural De Los Quadrúpedos del
Paragüay Y El Rio De La Plata, Madrid, Imprenta
de la Viuda de Ibarra, 1802, 2 volúmenes. Y sobre
las aves del mismo Azara, Apuntamientos Para
La Historia Natural De Los Páxaros del Paragüay
Y El Rio De La Plata, Madrid, Imprenta de la
Viuda de Ibarra, 1802. También disponía del
Buon (George Louis Leclerc, conde de Bu󰀨on,
Montbard, 1707-París, 1788) con su Histoire
Naturelle, Generale et Particuliere par Leclerc
de Buffon. Nouvelle edition accompagnèe des
notes… Ouvrage formant un Course complete
d’Histoire Naturelle, redigèe par C.S.Sonnini. A
París, de l’Imprimerie de F. Dufart, 1798-1807.
Constaba de varios volúmenes in 8vo, obra
colectiva reeditada por el naturalista Carlos
Nicolás Sonnini que Larrañaga compró en Rio
de Janeiro entre marzo de 1817 y enero de 1818
según su carta del 25 de mayo a Bonpland.
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Publicación de la D.N.S.FF.AA.
Esta simple cita de pocos volúmenes nos da una
idea de la jerarquía intelectual y cientíca del
presbítero Larrañaga en aquella sociedad riopla-
tense que venía con la pesada herencia del oscu-
rantismo hispánico. Y justica la admiración que
en aquel medio tan rústico despertó en Bonpland.
No obstante está documentado que a esa fe-
cha poseía de mucho antes, otras obras, incluso
en varios volúmenes, diccionarios y enciclopedias.
Larrañaga siempre se mostró humilde.
Así se disculpó Larrañaga: “Como no tenía sino a
Buon ni tenía los principios cientícos que rigen
en el día, de nada me ha servido [se reere al
Azara] para recticar mis ideas [taxonómicas] ni
mis caracteres especícos, no obstante siempre
tengo un género nuevo en los animales y otro en
las aves. Los insectos y los vermes, casi todos
nuevos: lo mismo le sucede a los peces y anbios.
Pero quando reuniré estos grandes materiales?...
Lo temo mucho: ya tengo 46 as”.
Pocos días después (2 de abril de 1818) le res-
pondió Bonpland. Admirado, le propuso dedicarle
su nombre a un género nuevo de plantas, pero
no cualquiera, sino “que sea bien destacado y so-
bre todo que sea un hermoso árbol”. Y se apenó
por los daños “espantosos” sufridos en sus colec-
ciones de plantas, insectos y aves al retorno de
Larrañaga desde el Janeiro, con especímenes
que no volverá a encontrar. Esta mención merece
ser aclarada. Larrañaga había depositado sus co-
lecciones (y libros de su propiedad), un verdadero
museo particular, en la primera biblioteca pública
de Montevideo que ayudó a fundar. Instalada ésta
en 1816 en algunas piezas en los altos del “Fuerte”
(ex Casa del Gobernador, actualmente inexistente
y que estuviera en la hoy Plaza Zabala), allí fueron
a parar las colecciones del presbítero. Pero du-
rante su ausencia en Río de Janeiro, aquellas
dependencias fueron ocupadas en 1817 por je-
rarquías militares lusitanas. Libros y colecciones
fueron bajados manu militari de sus estanterías,
arrumbados en la planta baja, y trasladados luego
a otro lugar, sin mayor cuidado ni respeto con-
siguientemente deterioradas, confundidas y aún
faltantes. Un verdadero desastre.
En cambio Bonpland en Buenos Aires salvó sus
colecciones y herbario de más de 20.000 plantas,
conchillas y minerales que había traído consigo
desde Francia pues ni siquiera pudo desemba-
larlas de sus cajones, desencantado con la au-
sencia del gabinete de exposición y preservación
prometido, por “el estado de guerra continuado
que obliga a olvidar las ciencias”.
Resulta imposible dejar de compartir la desazón
de ambos cientícos; uno por la pérdida de sus
colecciones y el cierre de la biblioteca-museo
(que no reabrirá hasta 1838), el otro por la frustra-
ción de no poder hacer público las suyas.
El respeto y la consideración de un naturalista de
la talla de Bonpland hacia el presbítero, es digno
de admiración, al extremo de declinar el envío de
informes y especímenes de la región hasta saber
de las intenciones de Larrañaga al respecto. Es
decir, le cedió la primacía en las investigaciones
sobre la historia natural regional -en la cual él aún
no había profundizado- y consideró éticamente
que no podía pasar por alto los resultados de tan-
tos años obtenidos por el presbítero. Véase esta
frase tajante con que concluye su segunda misi-
va: “Yo sabría con desesperación, que publicaba
sin su asentimiento trabajos a los que Vd. tiene
mil veces más derecho que yo y que por lo de-
más considero como de su propiedad-Bonpland”.
Los libros comprados por Larrañaga a Bonpland
La primera carta conocida de Larrañaga en res-
puesta a Bonpland (26 de febrero de 1818) es in-
completa; falta la conclusión del manuscrito. ¿En
ese faltante iba el pedido de libros que le había
ofrecido el francés? Refuerza esta presunción el
que en la segunda carta de Bonpland a Larrañaga
(2 de abril de 1818), y “de acuerdo con su pedido”
le remite un conjunto de obras.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
Sus vínculos con el Uruguay
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Salud Mil 2023; 42(1):1-22. https://doi.org/10.35954/SM2023.42.1.6.e701
Fue a la sociedad comercial Roguin-Meyer que
Bonpland eligió para comerciar sus libros (tam-
bién intermediarios con París). Es aún probable
que Roguin estimulara a Bonpland a dirigirse a la
provincia de Corrientes con la cual tenía relacio-
nes comerciales. Se sabe que Bonpland se em-
barcó en un transporte de la Casa Roguin-Meyer
y Cíe., y ambos comerciantes acompañaron al na-
turalista explorador para fundar allí una sucursal.
Larrañaga remite a Bonpland una clasicación
linneana de sus colecciones del reino animal
En carta datada en Montevideo el 25 de mayo de
1818, Larrañaga le envió a Buenos Aires “cinco
estados [cuadros] del reyno animal” (62 mamífe-
ros, 142 aves, 33 anbios y 65 peces) que ha-
bía clasicado según el sistema de Linneo salvo
los mamíferos “clasicados por los nuevos méto-
dos y también con algunas innovaciones mías”.
Es en ese año que Larrañaga retomó su “Diario
de Historia Natural” que dató al 23 de abril de
1818 y en octubre del mismo año comenzará su
“Diario de la chácara” en su quinta del Cerrito, ce-
dida en 1818 en carácter vitalicio por el Cabildo de
Montevideo. En esa carta hizo referencia a un tal
“Dr. Chapús”, que Castellanos identicó con un
médico francés establecido en Montevideo, ami-
go de Larrañaga, a quien regaló la edición de
un “Diccionario de Historia Natural” con 15 volú-
menes. Que le permitió actualizarse “al nivel de
la mayor parte de los últimos descubrimientos”.
En la última carta que Bonpland le remitió desde
Buenos Aires (15 de setiembre de 1818) acusó re-
cibo de “el gran paquete que Vd. me ha enviado”
[¿serían especímenes? ¿los libros no adquiri-
dos?] y reiteró los elogios por los trabajos taxonó-
micos de Larrañaga. Expresó su frustración por
no haber podido comenzar su trabajo especíco
-herborizar, colectar, formar herbarios con espe-
címenes regionales, un jardín botánico en n- por
el estado de guerra de las provincias unidas. Y le
adelantó su intención de viajar a Corrientes y al
Insaciable lector y voraz investigador, Larrañaga
no desaprovechó la ocasión de poseer un mate-
rial bibliográco especializado, contemporáneo e
inasequible en su medio. Con el cierre de la bi-
blioteca-museo y su traslado, mucho de lo que ahí
había donado desapareció “en su máxima parte
cuando menos”. Así se lo expresó al periodista ar-
gentino emigrado en Montevideo Florencio Varela
en carta desde su quinta del Cerrito el 13 de abril
de 1841, y que reproduce Castellanos. Aún con
grandes dicultades visuales (encegueció hacia
1825) al punto de requerir ayuda para que le leye-
ran, le compró a Bonpland lo ofrecido.
En carta que le remite Bonpland desde Buenos
Aires el 2 de abril de 1818, le anuncia el envío
de los libros y su costo (rebajado como atención
personal). Ellos eran:
1. Voyage de Humboldt et Bonpland, Zoologie un
volumen in 4º avec g. coloriées.
2. Humboldt tableaux de la nature 2 volumes.
3. Schel. Dictionnaire des Sciences naturelles 5 vol.
in 8º avec deux Atlas. Cette ouvrage se continue et
j’attends de jour en jour la suite.
4. Desfontaines: tableaux d l’École botanique un vol.
5. Plumier: Plantae americanae un vol. Infolio.
Bonpland remitió con los libros adquiridos por
Larrañaga, otros “a n de llenar el cajón y para
que los libros no sufran en el viaje”, y en caso de
no ser de interés para el presbítero o cliente mon-
tevideano (la biblioteca pública había cerrado),
le agradecía los reenviara a Buenos Aires para
venderlos a la Casa Roguin y Meyer. Dominique
Roguin fue un comerciante francés con buena
reputación en la sociedad bonaerense. Asocia-
do con Joseph Meyer, fundaron la primera casa
de comercio francesa en el ramo de importación-
exportación a Buenos Aires en 1816. A la fe-
cha del arribo de Bonpland a Buenos Aires,
Roguin era un comerciante bien establecido y
una personalidad dentro de la sociedad porteña.
11
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
primeros años de estadía en Buenos Aires (1818-
1820) hizo la primera descripción botánica del
vegetal productor de yerba mate, clasicándolo
como género Ilex especie nueva Theaezans. Pero
su descripción quedó inédita por años, su nom-
bre no fue asociado al vegetal y Saint-Hilaire se
convirtió en el descriptor original. No poco pesar
le debe haber invadido al comprobar el descono-
cimiento de su descripción. Lo mismo pasó con su
descripción de otras especies de Ilex parientes de
la yerba mate genuina que aparecen en su Journal
de Botanique pero recién conocidos y publicados
después de su muerte. Se le reconoce en cambio
sus experiencias sobre el cultivo, formas de pro-
ducción y explotación de los yerbales naturales y
la mejora de las técnicas para la germinación de
las semillas, que requieren condiciones de clima
especícas, y que explican por qué la yerba mate
se desarrolla solo en ciertas regiones de América.
Bonpland citó en sus manuscritos tempranos
bonaerenses la existencia de yerba mate en la
Isla Martín García, en el delta del río Paraná y
en el actual territorio de la República Oriental del
Uruguay. Esos manuscritos -actualmente en el
Archivo Bonpland del Museo de Farmacobotánica
"Juan A. Domínguez" de la Universidad de Buenos
Aires- han sido revisados muchas veces. Una de
los revisores fue el ingeniero agrónomo argentino
Gustavo C. Giberti (1951-2017) quien dirigió su
atención -era un erudito en la familia Aquifoliaceae
y el género Ilex- al manuscrito 2044 que data
probablemente de 1818 a 1824. Es un cuader-
no de notas donde Bonpland consignó muchos
temas, y entre ellos notas sobre el hallazgo del
árbol de yerba mate silvestre. Concretamente lo
rerió a la isla Martín García, donde lo comprobó
personalmente en 1818 y 1819, y lo escribió así:
“Hierba del Paraguay o Mate”
En Décembre 1818 j ´ ai trouvé l´ arbre du maté
dans l´ île de Martín García; de retour à B. Ayres
j´ai préparè les feuilles et elles m´ont produit un
maté qui ne dierait en rien du meilleur mate”.
Paraguay, supeditado a la comisión que le encar-
garía el Director supremo de la provincia, el gene-
ral Juan Martin de Pueyrredón.
Esa comisión no existió, y Bonpland partió en
octubre de 1820 en la sumaca “Bombardera”
rumbo a Corrientes, para iniciar su segundo gran
periplo americano. Todavía le escribió Larrañaga
desde Montevideo a Corrientes el 29 de octubre
(esa misiva no ha sido preservada) que fue con-
testada por Bonpland el 10 de noviembre de 1820,
la última que se conserva entre los dos naturalis-
tas. Le comunicó que durante el viaje por el río
Uruguay y el Paraná -no exento de dicultades-
hizo colecta botánica y mineral y diseñó una carta
de éste último río. Le aseguró poder cumplir con
encargos que le hiciera el presbítero, seguramen-
te sobre asuntos botánicos, que en la época era la
línea de investigación preferida por Larrañaga. No
sabemos que resultó de ese pedido.
Ya no hubo más intercambio epistolar (conocido)
entre ambos. Es desconcertante que habiendo es-
tado Bonpland muchas veces en Montevideo, no se
conoce de un contacto personal con el presbítero
Larrañaga, que murió en 1848 (y Bonpland en 1858).
Bonpland y la yerba mate en el Uruguay
La primera descripción válida del vegetal del cual
se produce la yerba mate que se consume en
grandes cantidades en el extremo sur del con-
tinente americano se debe al botánico y explo-
rador francés Augustin François de Saint-Hilaire
(Orleans, 1779-1853) que viajó por América del
Sur entre 1816 y 1822. Clasicó en 1822 al ar-
busto dentro del género Ilex y por su procedencia,
Paraguariensis A. St.-Hil. 1822. Hoy se acepta
pacícamente que Saint-Hilaire fue su descriptor.
No obstante, Bonpland antes que Saint-Hilaire
se interesó por el cultivo y la producción de yer-
ba mate o “té del Paraguay” o “té de los padres
(jesuitas)”. Le animaba un interés cientíco, pero
sobre todo económico, dado su alto consumo
regional y posibles efectos medicinales. En sus
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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Salud Mil 2023; 42(1):1-22. https://doi.org/10.35954/SM2023.42.1.6.e701
decreto del Gobierno Provisorio para ordenar lo
referente a la salud y control de la actividad de
médicos y boticarios, llegó una nota del gobierno
advirtiendo la presencia de Bonpland en Buenos
Aires. En la nota se proponía -nada menos- invitar-
lo “a la residencia eventual de aquel sabio en este
País”. Pero dejaba a consideración del Consejo,
las condiciones y estímulos a dicha residencia.
El Consejo decidió como aliciente ofrecerle “re-
gentear una Cátedra de Botánica y Agricultura”.
¿Dónde funcionaría tal cátedra? La Universidad
no había sido aún creada y un aula como la ofre-
cida sólo era posible en el instituto impulsado
por el presbítero Larrañaga, a la sazón senador
de la república, como una universidad embrio-
naria, la Casa de Estudios Generales (ley del 11
de junio de 1833). Tal vez la invitación partió del
propio Larrañaga.
El médico Teodoro Miguel Vilardebó (Montevideo,
1803-1857), recién retornado desde París con a-
mante título, miembro del Consejo, fue el encar-
gado de redactar y enviar la misiva a Bonpland
con esa invitación y su propuesta de la Cátedra
y otros adelantos. Vilardebó expresó que “se ha-
llaba en correspondencia con él”. El intercambio
epistolar entre Bonpland y Vilardebó permanece
inédito aunque ubicado, así como la respuesta
del naturalista que, de haber ocurrido es obvio,
no prosperó.
Bonpland y la Sociedad de Medicina Montevideana
Aimé Bonpland, médico, era esperable que du-
rante su permanencia en Montevideo haya esta-
blecido contacto con los médicos y boticarios de
la ciudad y mantenido relaciones epistolares. En
el “Archivo Bonpland” del Museo de Farmacobo-
tánica "Juan A. Domínguez" de la Universidad de
Buenos Aires se conservan varias cartas entre
Bonpland y Teodoro Miguel Vilardebó entre 1833
y 1841, Bonpland con los farmacéuticos Augusto
Las Cazes de Montevideo de 1854 y Charles
Y concretamente para Uruguay obtuvo referencias:
“On m`a aussi assuré qu´il y avait beaucoup de
pièces du maté dans les îles de l´ Uruguay, ce-
lles du Rio Negro et surtout a la Bande Orientale.
Plusieur personnes dirent avoir fait de l´ herbe
au Rincón de Aedo ou de las Gallinas. Dn. Bruno
Reynal a vu cette plante près de las Maulas (ri-
vières) dans un endroit appelé los Cerritos dit à
trois lieues de distance de la village de Soriano.
Dans la Sierra de Santa María qui se trouve à
quelque distance de l´ Herbidero on dit que l´arbre
du mate y est très abondant.”
Basado en esos antecedentes -nunca había esta-
do en esos lugares- Bonpland buscó los árboles
en 1819 pero no los encontró. Años después, en
sus viajes por el Río Uruguay y el territorio orien-
tal, entre 1832-1855 no volvió a reiterar aquellos
supuestos hallazgos. El propio Giberti, en sus in-
vestigaciones de campo por Uruguay jamás encon-
tró un solo ejemplar de Ilex Paraguariensis en las
localidades citadas por el botánico francés, que
corresponden a la zona ribereña del Río Uruguay.
Aunque ciertamente existe silvestre, pero en otras
regiones del Uruguay no exploradas por Bonpland:
“asperezas” y serranías bajas del departamento de
Maldonado; Lavalleja; Rocha; Tacuarembó (cuchilla
de Haedo y Gruta de los Helechos); Quebrada de
los Cuervos en Treinta y Tres: Cerro Largo y posi-
blemente Rivera.
Bonpland y la comunidad médica montevideana
No se conoce que Bonpland haya ejercido su pro-
fesión de médico en Montevideo, pero sí de su
estrecha vinculación con sus colegas.
Se ofrece a Bonpland una Cátedra por intermedio
de Vilardebó.
Un dato poco conocido del vínculo de Bonpland
con el Uruguay es ese ofrecimiento aunque frus-
trado. En la sesión del 3 de junio de 1834 del Con-
sejo de Higiene Pública, un organismo creado por
13
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
Legar, de Paysandú, en 1841 y 1850 y Constantin
Thiballier, de 1854. Todas ellas inéditas.
En Montevideo se fundó la primera sociedad cien-
tíca y académica del Río de la Plata que agru-
pó médicos y boticarios: la Sociedad de Medicina
Montevideana. Instalada el 19 de noviembre de
1852 se disolverá en 1856. Redactó y publicó sus
estatutos y reglamento de funcionamiento (gura 9).
Tuvo su revista, los Anales de los cuales se co-
nocen 11 números editados en Montevideo entre
1853 y 1856 (gura 10).
Desde el número 4 (julio de 1854) también se edi-
tó en la revista El Plata Cientíco y Literario, en
Buenos Aires. Un sumario del contenido de cada
uno de ellos ha sido publicado por Fernando Mañé
Garzón y Sandra Burgues. Las comunicaciones
de los casos clínicos, informes epidemiológicos
y novedades climatológicas presentados a la So-
ciedad, han sido reseñadas por Mañé Garzón.
Aimé Bonpland fue miembro y como tal consta en la
lista de la Sociedad presidida por el doctor Fermín
Ferreira. Su diploma con la fecha 10 de diciembre
de 1853 lo acreditó como Miembro Correspondien-
te Honorario. Este diploma fue consignado por su
biógrafo Henri Cordier cuando examinó en Buenos
Aires el conjunto de documentos que la familia de
Bonpland -viviendo en Corrientes- había donado
al Museo de Farmacobotánica de la Universidad
bonaerense (en el Catálogo del museo no gura
este diploma). Así describe Cordier ese diploma
que tuvo bajo sus ojos en el conjunto documental:
“3- Diplôme de Membre Correspondant hono /
raire de la Sociedad de Medicina Montevideana,
Estado / Oriental de Uruguay, Montevideo, 10
décembre 1853”.
Cuando la designación, Bonpland estaba en
Montevideo según lo arma su biógrafo Adolphe
Brunel (“se trouvait alors parmi nous á Montevideo”).
Brunel, cirujano del navío francés “La Perle”
se encontró con Bonpland por primera vez en
1840 durante el bloqueo naval a Buenos Aires.
Figura 9. Estatutos y Reglamento de la Sociedad de Medicina
Montevideana (1853).
Figura 10. Anales de la Sociedad de Medicina Montevideana,
tomo I, 1853.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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Aparte del nombramiento de Bonpland como
miembro de la Sociedad de Medicina Montevidea-
na, hay constancia de una fugaz intervención en
las reuniones académicas. En el número 3 de los
Anales (año 1854) fue citado su nombre vincula-
do a una contribución sobre plantas medicinales,
aunque no el texto de la misma. Es probable que
esa contribución haya sido hecha en fecha cerca-
na a la entrega del diploma.
Bonpland y los farmacéuticos
Bonpland fue un asiduo concurrente al comercio
de su coterráneo, el profesor de farmacia Augusto
Las Cazes (Burdeos, 1816-Montevideo, 1888).
Su local estaba en la calle Sarandí al 164 (actual
Nº 429) y era habitual encontrar reunidos allí a na-
turalistas vocacionales, como el médico Teodoro
Miguel Vilardebó, al naturalista francés y licen-
ciado en derecho Ernest Gibert, al diplomático y
periodista Arsène Isabelle; también a los médicos
Adolphe Brunel y Víctor Martin de Moussy. Mario
Isola, que practicaba química con Las Cazes, lue-
go sería profesor de farmacia. Varios de entre ellos
hablaban francés y también se podía leer el se-
manario parisino Correo de Ultramar, cuya revis-
ta literaria ilustrada contenía novedades de todo
tipo, incluyendo los avances cientícos. Es natu-
ral que cuando Bonpland bajaba a Montevideo,
confraternizara en la botica de Las Cazes con
francólos y naturalistas. Entre sus manuscritos
conservados en París, guardó el ejemplar
152 de la Parte Literaria Ilustrada del Correo de
Ultramar año 1853 con datos sobre el hallazgo de
la planta “Victoria Regia” y los botánicos relacio-
nados con ella. Es el periódico cuya suscripción
se hacía en la farmacia de Las Cazes.
Otro de los farmacéuticos y químicos en Montevideo
con quien establecería vínculo fue con el francés
Jules Antoine Lenoble (1814-1868). En el “Archivo
Bonpland” del Museo de Farmacobotánica "Juan A.
Domínguez" de la Universidad de Buenos Aires, hay
un ejemplar de su <Cours de Chimie Elémentaire
Retirado del servicio y casado en Montevideo, do-
cumentó sobre el Bonpland de los últimos años,
desde 1853 a 1856.
Su presencia en Montevideo en diciembre de
1853 también surge del informe del Cónsul General
de Francia, Martin Maillefer del 4 de enero de
1854, que dice (traducido):
“P.S. El célebre Sr. Bonpland está aquí desde
hace algunas semanas. Es el más vigoroso y el
más amable octogenario del nuevo Mundo. Es-
pera volver a ver el antiguo; pero tiene todavía
tantos árboles que plantar en sus estancias de
Corrientes y de San Borja, que no estará pronto
hasta la edad de los 90 o 100 años”.
Finalmente, leemos en el trabajo de Cédric Cerruti,
en ocasión de un viaje de Bonpland a Montevideo:
“… Il part le 8 mai 1853 de São Borja et revient
le 25 mars 1854 à Santa Ana, résidant plusieu-
rs mois à Montevideo puis quatre jours à Buenos
Aires avant de reprendre le chemin de Corrientes”.
Bonpland agradeció por carta el nombramiento
como miembro y el diploma remitido.
El historiador Padre Guillermo Furlong (SJ) nos
ha dejado una bella imagen de la estadía de
Bonpland en Montevideo: “Mientras estuvo nues-
tro sabio en Montevideo, la señora Luisa Sigaud
de Bonpland frecuentaba los salones y exhibía sus
habilidades musicales, y se conserva aún un vals
compuesto por ella y dedicado a la excelentísima
señora doña Bernardina [Fragoso] de Fructuoso
Rivera, pero el esposo de aquella dama trepaba
al Cerro, curioseaba por los campos del Buceo y
llegaba hasta Manga y San José, en busca de no-
vedades cientícas”.
Existe mucha documentación de Bonpland inédita
en la Argentina. La historia de la donación de sus
manuscritos al Museo de Farmacobotánica de
Buenos Aires conservados por su familia es por
demás interesante pero excede el propósito de
esta comunicación.
15
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
director del Museo Histórico Nacional) Juan E.
Pivel Devoto (gura 11).
Appliquée Aux Arts Fait A Montévideo dans le
courant de l’année 1847>, fue el primer texto de
química impreso en la República. Llevó el pie
de imprenta Montevideo 1848 y fue impreso en
la Imprenta Uruguayana, calle de Buenos Aires,
205. Lenoble tenía botica en la calle del 25 de
Mayo (pasó a la calle de Sarandí a partir de 1843).
Y con Constantin François Joseph De Thiballier
(Favièrès, Lorraine 1820-1898), del cual se conser-
va misiva desde Montevideo en 1854. Constantin
Thiballier preparó en su farmacia el anestésico
general cloroformo que empleó por vez prime-
ra en Montevideo en 1848, el cirujano oriental
Fermín Ferreira secundado por Bartolomé Odiccini
y Henrique Muñoz.
Fuera de Montevideo, Bonpland se relacionó con
Charles Legar (Arrás, Francia, 1784-Paysandú,
1872)
que regenteaba botica en Paysandú en
1835, la más prestigiosa de la ciudad. Aplica-
do a los estudios botánicos, Legar clasicó de
acuerdo al sistema binario de Linneo la ora
medicinal regional asociándole el nombre indí-
gena o criollo del ejemplar colectado. Formó así
un voluminoso manuscrito, perdido luego del fa-
llecimiento de su nieto, el químico Mario Legar
que había quedado a cargo del archivo farma-
céutico de su abuelo. Es probable que la ación
botánica de Charles Legar haya sido el acicate
para el intercambio epistolar con Bonpland.
Bonpland, José Artigas y su retrato en Uruguay
En 1879, en Montevideo, comenzó la edición de
una colección de biografías de personas rele-
vantes del Uruguay. Su autor, el memorialista e
historiador Isidoro de María (Montevideo, 1815-
1906) la tituló “Rasgos Biográcos de Hombres
Notables de la República Oriental del Uruguay”.
Compuesta de cuatro tomos la nalizó -tras va-
rias reediciones de los anteriores volúmenes- en
1886. En 1939, la reeditó con una biografía del
autor y notas bibliográcas, el historiador (luego
La obra se inició con la biografía del “General
Don José Gervasio Artigas”. En el capítulo VIII,
página 61, De María estampó la siguiente noticia
(gura 12): “Por ese tiempo, el sabio Bonpland
visitólo en su humilde mansion, poniendo en sus
manos un ejemplar de la Constitución Política de
la República”. Y anotó al pié de página, la fuente
de esa noticia: “Referencias del señor Bonpland
a don Salvador Giménez”. De María y Salvador
Ximénez convivieron en la ciudad entrerriana de
Gualeguaychú. Y nalmente en la misma página
completó el párrafo, Bonpland bosquejó su re-
trato. Vestido con el pobre traje que usaba, y el
báculo de que se servía para andar en su vejez.
A él se debe la copia que conocemos, siquiera
para conservar la imagen del precursor…”
Figura 11. Rasgos biográcos de hombres notables de la
República Oriental del Uruguay, por Isidoro de María, 2ª
edición, Montevideo, 1939.
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
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José Artigas pasó inicialmente a residir a 75 leguas
de Asunción, a la Villa de San Isidro, Curuguaty,
según ocio de Rodríguez de Francia, máxima
autoridad paraguaya (designado Dictador Supre-
mo) fechada el 25 de diciembre de 1820. El ge-
neral tenía entonces 56 años. Vivirá allí 25 años.
Bonpland -en tanto- fue secuestrado en Paraguay
por orden de Rodríguez de Francia luego de su
detención el 8 de diciembre de 1821 en Misiones.
Connado inicialmente en Itapúa, territorio para-
guayo, fue trasladado a la colonia conocida como
el Cerrito de los Porteños, entre Santa María de
Fe y Santa Rosa, donde permaneció el resto de
su pena de prisión unos nueve años.
Se expidió orden de liberación por el Supremo
el 10 de mayo de 1829 debiendo trasladarse de
inmediato a Itapúa, donde permaneció a la es-
pera del pasaporte. Cuando se enteró Gaspar
Rodríguez de Francia que Bonpland había aban-
donado todas sus pertenencias y su ganado por
lo intespestivo de la orden -que lógicamente re-
clamaba- mandó contraorden para
devolverlo al
Cerrito,
levantar sus cosas, recoger el ganado y
sin apuro, pasar a Itapúa y atravesar la fronte-
ra paraguaya. La orden fue tajante: “Asunción y
Diciembre 31 de 1830: Puede el francés pasar sus
bueyes e irse quando quiera – Francia”. Ocio de
José Gaspar Rodríguez de Francia al Comandan-
te Militar de Santa María, 31 de diciembre de 1830.
El hecho es que -inexplicablemente- permaneció
allí hasta que Rodríguez de Francia se dignó ex-
tenderle el indispensable pasaporte, y así libera-
do, cruzó el río Paraná el 2 de febrero de 1831
y llegó a San Borja -antigua reducción guaraníti-
ca- el 15 de febrero.
Entre el 10 de mayo de 1829
(orden de liberación) y el 2 de febrero de 1831 (li-
beración efectiva), transcurrió 1 año y 9 meses.
Bonpland había permanecido sin ser liberado en
Itapúa. Y este lapso pudo ser suciente para via-
jar -seguramente autorizado por la comandancia-
a los yerbales de Curuguaty donde pudo haber
conocido fortuitamente al general José Artigas.
El 2 de abril de 1849 el Comandante Militar de
Gualeguaychú, Don Rosendo María Fraga, es-
cribió al gobernador de Entre Ríos Justo José de
Urquiza dándole cuenta que “ha llegado a ésta
para establecerse por un tiempo con su familia,
Don Salvador Ximénez. Que este sujeto estaba
acreditado como Cónsul de Roma en el Estado
Oriental y que por ello le ha prestado la atención”.
Será en Gualeguaychú: escultor, maestro de be-
llas artes y marmolero. Isidoro de María vivió en
Gualeguaychú. Con el patrocinio del gobernador
Urquiza fundó el bisemanario “El progreso de
Entre Ríos” apenas arribado a la ciudad, el 1º de
marzo de 1849. Fue cónsul del Uruguay entre
1850 y 1858. Es posible que De María se haya
contactado con Salvador Ximénez, y éste podría
haberle relatado la anécdota de Bonpland, toma-
da de algunos de los viajes que el naturalista ha-
cía de Montevideo a Corrientes.
De María no dio fecha del encuentro Bonpland-
Artigas pero por el decurso de la crónica,
habría
sido previo al traslado del general a Asunción,
es
decir estando aún en Curuguaty, villa de San Isidro.
Las referencias que se dan más adelante estarían
avalando el relato del memorialista De María.
Es conocido que tanto Artigas como Bonpland
fueron recluídos en fechas próximas y por orden
de José Gaspar Rodríguez de Francia (1757-
1840) en el interior del Paraguay.
Figura 12. Versión de Isidoro de María sobre visita de
Bonpland a José Artigas (fecha probable 1831).
17
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
En febrero de 1831 -no consta la fecha exacta,
tampoco la fuente, pero coincide con la liberación
de Bonpland- el comandante de la Villa de San
Isidro de Curuguaty, Juan Manuel Gauto informó
a Rodríguez de Francia “la llegada de un médico
francés llamado Amado Bonplan (sic) que visitó lo
de Artigas. Recorriendo después los yerbales ha-
cia Curuguatí (sic), yéndose hace días hacia Villa
Rica para Volver a Itapúa”. El texto denota que
fue redactado muchos días después de la llegada
de Bonpland, pues terminó “yéndose hace días
hacia Villa Rica…”. Esta noticia se encontraba en
el Archivo Nacional de Asunción explorado por el
médico uruguayo Eduardo B. Gómez durante su
misión diplomática en Paraguay, como lo cita en
su inédito ensayo. Repárese en que Bonpland se
habría desplazado de Itapúa a Curuguaty y de allí
nuevamente a Itapúa.
Isidoro de María, a partir del relato de Salvador
Ximénez vinculó naturalmente el encuentro
Bonpland-Artigas, con el dibujo del general. Éste
tenía por entonces 66 años cumplidos, lo que no
parece ajustado al aspecto tan enjuto y envejecido
con que luce en el único dibujo que de él contamos.
Isidoro de María no conocía la obra del sospecha-
do autor, el médico francés Alfredo Demersay.
Fue el historiador, bibliólo y coleccionista de imá-
genes uruguayo José María Fernández Saldaña
(Salto, 1879 -Montevideo, 1961) quien descartó
tal autoría (gura 13). Señaló en el suplemento
dominical del periódico montevideano El Día que
el autor era el médico y naturalista francés Alfredo
Demersay (1815-1891). Habría dibujado a Artigas
entre nes de 1846 y comienzos de 1847 durante
su viaje al Paraguay. El general tendría entre 82 y
83 años (pues murió en 1850 con 86 años) y vivía
en Ibiray, próximo a Asunción. Fernández Saldaña
calicó la autoría de Bonpland sostenida por
Isidoro de María como una “arbitraria especie”,
descartando un contacto personal Bonpland-
Artigas mediando 80 leguas selváticas entre
Santa María de Fe y Curuguaty. Como prueba
sostenía el atlas de la obra de Demersay con el
retrato del general tomado “del natural” (gura 14).
Figura 13. José María Fernández Saldaña (1879-1961).
Figura 14. Retrato de José Artigas y José Gaspar Rodríguez
de Francia, atribuído a Alfred Demersay, c. 1846-47 (Museo
Histórico Nacional, Montevideo).
Siguió a esa publicación una polémica periodís-
tica que está fuera de los límites de esta comu-
nicación. Fernández Saldaña tampoco parece
haber conocido la posible visita de Bonpland a
Curuguaty (una zona conocida por sus extensos
yerbales, el más que probable interés del natura-
lista en trasladarse a esa zona, no para conocer
Aimé Jacques Alexandre Goujaud (Apodado Bonpland). Médico y naturalista. 250 años de su nacimiento 1773-2023.
Sus vínculos con el Uruguay
18
Salud Mil 2023; 42(1):1-22. https://doi.org/10.35954/SM2023.42.1.6.e701
del Museo Histórico Nacional de Montevideo,
reclamó al ministro de Instrucción Pública Pablo
Blanco Acevedo, declarar un “retrato ocial” del
héroe una vez por todas para terminar con la in-
certidumbre. Obtuvo una respuesta negativa del
Consejo Nacional de Administración, y por decre-
to del 4 de octubre de 1923 las imágenes en es-
cuelas y dependencias ociales debían “reprodu-
cir los hechos por Bonpland, Blanes, etc.”
La multiplicidad de imágenes de José Artigas en
papel, monumentos, billetes de curso legal, mone-
das, medallas, cristales, estampillas y todo soporte
que se nos ocurra, traduce una falta de un “Artigas
ocial”. Pero el retrato atribuído a Demersay -no
por Bonpland- sigue siendo la única imagen del
general; todas las demás son cciones. Incluso
la litografía inserta en el atlas de Demersay no
es de su propia mano, sino del litograsta, mu-
chas veces mejor artista que el dibujante original.
De Bonpland nos queda en cambio una lacónica
visión de lo que restaba de la villa artiguista de
1815 llamada Puricación. La villa estaba en el
hoy departamento de Paysandú, en ubicación im-
precisa pero vinculada al Paso del Hervidero del
río Uruguay, donde desagua el arroyo del mismo
nombre. Allí el rio se estrecha de tal manera entre
una y otra orilla, que las aguas se arremolinan y
bullen (las hemos visto “hervir” literalmente) sobre
las irregularidades y asperezas de tosca y piedra,
por lo que en las bajantes se hace peligrosa o im-
posible la navegación. En octubre de 1832, viajan-
do Bonpland de Buenos Aires a San Borja por el
río Uruguay, pasó por el lugar y dejó sus impresio-
nes ante la visión de lo que subsistía: “es propio de
un español que tuvo poder y tiempo, el no haber
terminado ese pequeño edicio y no haber aloja-
do a sus ociales y tropa de manera conveniente”.
CONCLUSIONES
Poco es verdad lo que se conoce del médico y na-
turalista Bonpland en su vinculación con Uruguay.
No obstante, está demostrado que estuvo en
reiteradas ocasiones en Montevideo, por semanas
o meses, y se relacionó con muchas personas en
la ciudad, connacionales, médicos, boticarios y
a Artigas) antes de ser liberado de su reclusión.
Pero atribuirle la autoría del retrato del general es
imposible de sostener frente a la obra publicada
por Demersay y sus comentarios agregados a la
misma. Además es conocida la imprecisión del
memorialista Isidoro de María. Lo que despier-
ta dudas es que Bonpland se haya hecho de un
ejemplar de la Constitución del Uruguay editado en
1829 y jurada en 1830 para obsequiarla a Artigas.
Hasta hoy el único retrato de Artigas conocido y
tomado del natural en su vejez (octogenario) en
el Paraguay enfrentado en la misma lámina al
de Gaspar Rodríguez de Francia (basado éste
en las facciones de su hermana Petrona pues
había muerto en 1840) es el atribuido al médico
Alfred Demersay quien pasó varios días en su
chacra de San Borja documentándose sobre
el naturalista Bonpland. Es una litografía de C.
Sauvageot sobre papel de 41,5 x 25 cm publicada
en el Atlas que acompañó a su libro “Histoire
physique, économique et politique du Paraguay et
des Établissements des Jésuites”, París, Librería
Hachette, entre 1860 y 1864. Fue después de la
muerte de Rodríguez de Francia (1840) que se
autorizó a Artigas ancarse en los alrededores
de Asunción. “Allí fue que lo encontramos -dice
Demersay- viviendo de las limosnas del presiden-
te López alojado en una de sus casas en Ibiray;
todavía erguido y vigoroso a pesar de su avanza-
da edad”. “Ver en el Atlas el retrato dibujado del
natural de ese jefe de partisanos, cuyas cruelda-
des han tornado célebre…”
En sus referencias al general Artigas, Demersay
lo calica de “jefe de salteadores de la más formi-
dable especie” y que “después de asolar la Banda
Oriental y de atacar Buenos Aires, lanzó sus hor-
das devastadoras a las Misiones de Entre Ríos y
a la provincia de Corrientes”.
Demersay, médico y naturalista había llegado al
Paraguay en 1844 en misión cientíca ocial que
duraría tres años.
Hasta 1923, pese a conocerse la litografía basada
en el retrato de Demersay, se sostenía todavía a
Bonpland como el autor. Telmo Manacorda, director
19
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handle/123456789/56839 [Consulta 14/03/2022].
políticos. Desde aquel primer contacto epistolar
con el presbítero Larrañaga en 1818 hasta casi
la fecha de su muerte en 1858, nuestra ciudad fue
también la suya en múltiples retornos y se le vio
transitar por sus calles, humildemente arropado,
con su mal hablado español, gestionando la pen-
sión que le decretara Napoleón Bonaparte, siem-
pre atento al hallazgo de una nueva hierba o de un
espécimen no conocido. En total soledad, llenando
cuartillas de abigarrada grafía con sus descripcio-
nes taxonómicas, para el progreso de la ciencia.
Destruido, perdido su archivo. Anhelando siempre
un retorno a la patria que sabía no iba a lograr.
DECLARACIÓN DE CONFLICTOS DE INTERESES
El autor no reporta ningún conicto de interés.
El estudio se realizó con recursos propios del
autor y/o la institución a la que representa.
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(23) Teodoro Miguel Vilardebó con Aimé Bonpland.
Museo de Farmacobotánica "Juan A. Domínguez"
de la Universidad de Buenos Aires, caja 3, carpe-
ta 6. Correspondencia Montevideo, 4 de octubre
de 1833 (doc. 408, 2 fojas); 12 de diciembre de
1836 (doc. 404, 2 fojas); 6 de enero de 1837 (doc.
405, 1 foja); 19 de enero de 1839 (doc. 406, 2
fojas) y 29 de enero de 1841 (doc. 407, 3 fojas).
(24) Augusto Las Cazes con Aimé Bonpland.
Museo de Farmacobotánica "Juan A. Domínguez"
de la Universidad de Buenos Aires, caja 5, carpeta
3, documento 656. Correspondencia Montevideo,
15 de marzo de 1854.
(25) Charles Legar con Aimé Bonpland. Museo
de Farmacobotánica "Juan A. Domínguez" de la
Universidad de Buenos Aires, caja 8, carpeta 26,
doc. 669, 2 fojas) Correspondencia Paysandú, 23
de febrero de 1841 y de diciembre de 1850,
documento 670, 1 foja).
(26) C. Thiballier con Aimé Bonpland.
Museo de Farmacobotánica "Juan A. Domínguez" de
la Universidad de Buenos Aires, caja 5, carpeta 10,
doc. 1124, 1 foja) Correspondencia Montevideo,
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CONTRIBUCIONES AL MANUSCRITO:
(a) Concepción, diseño, adquisición de datos,
análisis de resultados, redacción y aproba-
ción de la versión nal.
NOTA: este artículo fue aprobado por el
Comité Editorial.