HISTORIA DE LA MEDICINA
La hidropatía llega al hogar: Antonio Díaz Peña y el primer manual imporeso en Uruguay. Montevideo, 1861
Hydrotherapy comes home: Antonio Díaz Peña and the first printed manual in Uruguay. Montevideo, 1861.
A hidropatia chega ao lar: Antonio Díaz Peña e o primeiro manual impresso no Uruguai. Montevidéu, 1861.
https://doi.org/10.35954/SM2025.44.2.8.e701
Dr. Augusto Soiza Larrosa a https://orcid.org/0000-0002-3924-9976
(a) Médico. Miembro del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Miembro de Honor y ex presidente de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina. Montevideo, Uruguay.
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Soiza Larrosa A. La hidropatía llega al hogar: Antonio Díaz Peña y el primer manual impreso en Uruguay. Montevideo, 1861. Salud Mil [Internet]. 10 de octubre de 2025 [citado DD de MM de AAAA]; 44(2):e701. Disponible en: https://revistasaludmilitar.uy/ojs/index.php/Rsm/article/view/462. DOI: 10.35954/ SM2025.44.2.8.e701.
“La base de la medicina es la ignorancia, porque la ignorancia es el origen no solamente de todas las enfermedades y pestes, sino de todos los males que aflijen a la humanidad” Prefacio de la obra (1861).
La hidropatía, una práctica médica fundada en el uso del agua para promover la curación, surgió en el siglo XIX como una alternativa a la medicina ortodoxa dominada por métodos invasivos y a menudo dañinos, como la sangría y el uso de drogas. Practicada por los llamados hidrópatas, esta doctrina se basaba en la tríada estímulo-reacción-acostumbramiento, administrando agua fría de diversas formas: baños, frotamientos o inmersiones. A pesar de carecer de eficacia demostrada, la hidropatía fue en su tiempo popular y aceptada, debido en parte a que no dañaba al paciente.
Antonio Díaz Peña fue una figura destacada en la difusión de esta práctica en Montevideo.
En 1861, publicó su Manual de Hidropatía Doméstica, como una obra accesible y didáctica, traduciendo o copiando en gran parte de publicaciones europeas, especialmente del inglés Edward Johnson. La obra, impresa en Montevideo y considerada rara, promovía la hidropatía como una “ciencia divina” con raíces en el sacramento del bautismo, combinando la medicina natural con argumentos evangélicos.
Díaz Peña defendía la hidroterapia como una práctica segura, recomendando su uso en hospitales y en la vida cotidiana, además de proponer la incorporación de hidrópatas en instituciones médicas oficiales.
La oposición de los médicos ortodoxos fue fuerte, en defensa de su monopolio y en rechazo a tratamientos que, aunque ineficaces, no causaban daño, a diferencia de las terapias tradicionales.
La hidropatía, acompañada de una corriente de publicaciones y sanatorios, incluso llegó a ser una opción popular en Montevideo, con clínicas como la de Luis Curbelo Báez. Aunque en la actualidad ha caído en el olvido, en su tiempo representó una alternativa notable frente a la medicina convencional, reflejando la resistencia al cambio y la búsqueda de soluciones menos invasivas en esa época.
PALABRAS CLAVE: Balneología/historia; Características Organolépticas del Agua; Historia de la Medicina; Medicina Tradicional; Naturopatía.
Hydrotherapy, a medical practice based on the use of water to promote healing, emerged in the 19th century as an alternative to orthodox medicine, which was dominated by invasive and often harmful methods such as bloodletting and the use of drugs. Practiced by so-called hydropaths, this doctrine was based on the stimulus-reaction-habituation triad, administering cold water in various forms: baths, rubs, or immersions. Despite its lack of proven effectiveness, hydropathy was popular and accepted in its day, partly because it did not harm the patient.
Antonio Díaz Peña was a leading figure in the dissemination of this practice in Montevideo.
In 1861, he published his Manual de Hidropatía Doméstica (Manual of Domestic Hydrotherapy), an accessible and didactic work, largely translating or copying from European publications, especially those of the Englishman Edward Johnson. The work, printed in Montevideo and considered rare, promoted hydropathy as a “divine science” with roots in the sacrament of baptism, combining natural medicine with evangelical arguments.
Díaz Peña defended hydrotherapy as a safe practice, recommending its use in hospitals and in everyday life, as well as proposing the incorporation of hydropaths into official medical institutions.
The opposition from orthodox doctors was strong, defending their monopoly and rejecting treatments that, although ineffective, did no harm, unlike traditional therapies. Hydrotherapy, accompanied by a wave of publications and sanatoriums, even became a popular option in Montevideo, with clinics such as that of Luis Curbelo Báez. Although it has now fallen into oblivion, in its day it represented a notable alternative to conventional medicine, reflecting the resistance to change and the search for less invasive solutions at that time.
KEYWORDS: Balneology/history; Water Organoleptic Characteristics; History of Medicine; Medicine, Traditional; Naturopathy.
A hidropatia, uma prática médica baseada no uso da água para promover a cura, surgiu no século XIX como uma alternativa à medicina ortodoxa, dominada por métodos invasivos e muitas vezes prejudiciais, como a sangria e o uso de drogas. Praticada pelos chamados hidropatas, essa doutrina baseava-se na tríade estímulo-reação-acostumamento, administrando água fria de diversas formas: banhos, esfregões ou imersões. Apesar de não ter eficácia comprovada, a hidropatia era popular e aceita na época, em parte porque não causava danos ao paciente.
Antonio Díaz Peña foi uma figura proeminente na difusão dessa prática em Montevidéu.
Em 1861, ele publicou seu Manual de Hidropatia Doméstica, uma obra acessível e didática, traduzida ou copiada em grande parte de publicações europeias, especialmente do inglês Edward Johnson. A obra, impressa em Montevidéu e considerada rara, promovia a hidropatia como uma “ciência divina” com raízes no sacramento do batismo, combinando a medicina natural com argumentos evangélicos. Díaz Peña defendia a hidroterapia como uma prática segura, recomendando seu uso em hospitais e na vida cotidiana, além de propor a incorporação de hidropatas em instituições médicas oficiais. A oposição dos médicos ortodoxos foi forte, em defesa de seu monopólio e em rejeição a tratamentos que, embora ineficazes não causavam danos, ao contrário das terapias tradicionais.
A hidropatia, acompanhada por uma série de publicações e sanatórios, chegou a se tornar uma opção popular em Montevidéu, com clínicas como a de Luis Curbelo Báez. Embora atualmente tenha caído no esquecimento, em sua época representou uma alternativa notável à medicina convencional, refletindo a resistência à mudança e a busca por soluções menos invasivas naquela época.
PALAVRAS-CHAVE: Balneología/história; Características Organolépticas da Água; História da Medicina; Medicina Tradicional; Naturologia.
Recibido para evaluación: mayo 2025.
Aceptado para publicación: julio 2025.
Correspondencia: 21 de setiembre 2713. Apto. 401. C.P. 11300. Tel.: (+598) 27101418. Montevideo, Uruguay.
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La terapéutica por empleo del agua o hidropatía fue junto con la homeopatía, una doctrina médica fundada en concepciones teóricas y con pretendidos efectos curativos, en general ineficaz, pero también inocua. Estas prácticas se enfrentaron a los métodos ortodoxos de la medicina occidental que, hasta ser ensayada, difundida y aceptada la experimentación clínica y de laboratorio, adoptada la prueba del acierto y el error y establecida la estadística médica, mucho fracaso tuvieron. Más allá de la censura por la prensa periódica de los groseros desaciertos médicos, que afectaba el prestigio profesional y disminuía la clientela, fueron excepcionales los juicios instaurados contra los médicos. Y aún la venganza política hizo de las suyas entre ese colectivo, como el conocido juicio que le hicieron los médicos en Montevideo al colega León Capdehourat, a quien atribuyeron la muerte por error terapéutico del general Eugenio Garzón. El paciente era un mero receptor de cuidados, sin posibilidad de opinar o preguntar; tampoco de autorizar. Cuando un ilustre historiador nacional analizó el poder médico y la piadosa costumbre de los galenos de adoctrinar con palabra engolada y publicó los resultados, recibió el rechazo de la clase médica (1).
Estos antecedentes pueden servir para comprender mejor la difusión y aceptación que tuvieron aquellos métodos de tratamiento pese a su ineficacia terapéutica: el agua y la homeopatía, entre otros.
La hidropatía en su segunda acepción según el Diccionario de la Lengua Española es el empleo del agua para curar.
Quienes practicaron la hidropatía fueron llamados hidrópatas y éstos aseguraban que el líquido tenía propiedades sanadoras en virtud de la tríada: estímulo-reacción-acostumbramiento. El agua -siempre fría- se administró de muchas formas: bebida de botellitas bendecidas o magnetizadas, frotada por el cuerpo, empapando vendajes, en ducha o inmersión (2).
Como toda práctica vinculada a la profesión de “curar”, entre los hidrópatas hubo -como en los médicos- de todo: desde aquellos que estaban más cerca de la hechicería y la magia, verdaderos embusteros, hasta los que ejercían de buena fe según los tratados que se editaban en el viejo mundo. Antonio Díaz Peña, el invitado de hoy, se ubicaría entre estos últimos, pues se documentó en la bibliografía de su época escrita por médicos para médicos.
Ambas doctrinas -hidro y homeopatía- recibieron ataques furibundos por los médicos ortodoxos, y también hubo defensores denodados.
Los avisos de prensa fueron el medio habitualmente empleado por ambos bandos para ganar clientes. Actualmente la hidropatía ha caído en el olvido, no así la homeopatía que rebrotó en el siglo XX y persiste como medicina alternativa en el XXI.
La oposición de los alópatas fue en defensa de su monopolio, pues los métodos de tratamiento que empleaban -la mayor parte si no todo- eran altamente iatrogénicos y sin efecto terapéutico demostrado. Abstenerse (como decía Morquio: “háganle nada”) podía ser más beneficioso que actuar, aunque la abstención podía ser sinónimo de ignorancia y descrédito. En ese sentido, la hidropatía pudo obtener resultados felices, pues al menos no dañaba. Y si se entendía que no Ante la inminente aparición, invitaba a suscribirse a la obra antes de que se agotara “el reducido número de ejemplares que queden después de llenar los pedidos que hay para el interior, Buenos Aires y las provincias”.
El manual se imprimió en Montevideo en 1861 por la Imprenta de Dermidio De María y Hermano, es un volumen en 4º, medidas: 24,2 x 16,1 cm, con 152 páginas, encuadernado y con error tipográfico en su portada se lee NANUAL (figura 1).
era tolerada, no bastaba más que suspenderlo a diferencia de la administración de drogas o sangrías, cuyo efecto era prolongado. La clase médica montevideana persiguió -a través de la Junta de Higiene Pública- a esos intrusos en el arte de curar. Díaz Peña, el autor del Manual que se presenta, no escapó a la persecución: fue multado y enviado a prisión “por haber sido el primer apóstol de la Hidropatía en Montevideo”, como lo documentó en el prefacio de su libro y como tal fue perseguido por la Junta de Higiene Pública de Montevideo. Díaz Peña -como buen hidrópata- fue un furibundo enemigo de la medicina ortodoxa a la que califica de “bastarda y cruel madrastra que lentamente nos destruye por medio de todos los venenos que produce el reino animal, vegetal y mineral, amén de mutilar los miembros y derramar sin medida la sangre de la doliente humanidad”. A la inversa “el agua, el ejercicio y la dieta son remedios conocidos desde la más remota antigüedad y muy recomendados por Hipócrates, Galeno y por los hombres más doctos”. El ser médico era contrario al buen hidrópata: “para instruirse en la hidropatía y ejercerla con acierto, son mejores los no doctores, esto es, los que no han estudiado medicina” (2).
En el periódico montevideano La Prensa Oriental del 15 de mayo de 1861, firmado por A. Díaz Peña apareció un aviso: “Dentro de pocos días verá la luz pública el Manual de Hidropatía Doméstica que prometí al público” (3).

Figura 1. Portada del Manual de Hidropatía Doméstica, Montevideo 1861 (error tipográfico Nanual por Manual).
Frontispicio con litografía que incluye el retrato del autor con su firma y portada. La litografía fue realizada en el taller montevideano del súbdito francés Luciano Megé, litógrafo y grabador afincado desde 1845, con local en la calle 25 de Mayo 233 (figura 2).

Figura 2. Frontispicio con retrato y rúbrica de A. Díaz Peña (litografía de Luciano Megé).
Según Washington Buño circularon en nuestro país otras obras de hidropatía. Tal la del inglés R. T. Claridge, “Manual de hidropatía o cura por medio del agua fría según la práctica de Vicente Priessnitz” (figura 3), traducido al castellano, impreso en Montevideo por la Imprenta Argentina en 1867. También la del sacerdote católico Sebastián Kneipp “Mi cura del agua o Higiene y Medicina para la curación de las enfermedades y conservación de la salud” (figura 4), versión castellana impresa en Madrid en 1896 prologada por el licenciado en medicina Francisco Serrano de la Pedrosa (4).
El libro de A. Díaz Peña -1861- fue entonces el primero de edición montevideana. El prefacio de la obra aclara que el Manual de Díaz Peña fue costeado por “varios señores de la amistad del autor” a quienes agradece, pero no identifica. Se desconoce el tiraje.

Figura 3. Hidropatía de R.T.Claridge, Manila, 1848.

Figura 4. Hidropatía de Sebastián Kneipp, Barcelona, 1898.
¿Quiénes eran los médicos ingleses que Díaz Peña nombra en la portada, Edward Johnson y sus hijos -médicos también- Walter y Howard? Eran hidrópatas cuya obra Domestic Practice of Hydropathy fue editada en Londres (figura 5) (5).
Su traducción castellana por el mismo Díaz Peña fue “considerablemente aumentada” por lo que debe haber agregado algo de su cosecha o copiado de otras obras que no nombra.
Los grabados que reprodujo en el frontispicio son de la obra de Johnson (figura 6).
La obra de Díaz Peña es bibliográficamente rara; hoy tiene una antigüedad de 163 años y está citada en varias bibliografías uruguayas: Dardo Estrada la ubica en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, Horacio Arredondo en la Biblioteca de Pablo Blanco Acevedo actualmente en el Museo Histórico Nacional y Fernando Mañé Garzón con Sandra Burgues Roca la incluyen en su recopilación de antiguas publicaciones médicas, pero no dan ubicación (6,7).
Un ejemplar salió a subasta en 2015 dentro de un conjunto de “rare books and manuscripts” en la PBA Gallery, de Berkeley, USA, especialista en libros raros y bibliotecas privadas, con base estimada en US$ 500 a 800. No fue vendido.
En nuestro país un ejemplar fue presentado por el Dr. Washington Buño a la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina en la sesión del 5 de setiembre de 1972, de la cual no quedó acta. Una segunda crónica “La hidropatía y la Cátedra de Homeopatía en la Facultad de Medicina” apareció en la revista Noticias del Sindicato Médico del Uruguay en 1975 bajo el ingenioso título “Dos libros llenos de agua”, conceptuando a Díaz Peña con sólido buen sentido y conocimientos generales poco comunes en medicina práctica, que expone muy correctamente. Reseñó Buño en esa crónica otro libro sobre hidropatía también circulante en Uruguay, “El Regenerador de la Naturaleza (4).

Figura 5. Hidropatía Doméstica de Edward Johnson, 2da. edición, Londres, 1850 (Wellcome Collection) (5).

Figura 6. Dr. Edward Johnson (Wellcome Collection).
La Panacea Universal o sea el Agua Fría”, del catalán Pedro Mártir Mombrú (nacido en Sant Feliú, Barcelona, 1818 con posible defunción en ¿1868?), editado en Barcelona en 1869 pero escrito en nuestro país (8,9).
Hubo una previa edición de Mombrú, “Práctica elemental de hidro-sudo-terapia, o modo de curar las enfermedades por medio del agua fría, sudor, ejercicio y régimen”, Montevideo, Imprenta de la República, 1863 con 156 páginas. Buño se ocupó por tercera vez del Manual de Díaz Peña en comunicación a la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina de 1980, impresa en 1987 (4).
El ejemplar que presentó de Díaz Peña fue comprado en Montevideo en la casa de subastas Zorrilla en octubre de 2024.
Conserva su encuadernación original, un frontispicio con litografía y portada, paginación completa y en general está en buen estado. Incluye el retrato del autor-compilador y su rúbrica (figura 7).

Figura 7. El hidrópata Pedro Mártir Mombrú. Retrato publicado por José María Fernández Saldaña (9).
A diferencia de Mombrú, poco se conoce sobre A. Díaz Peña; habría ejercido como hidrópata pero se desconoce que fuera un médico titulado. Nevegando en internet (lo que no pudo acceder Washington Buño) se comprueba que publicó otras obras sobre temas variados. Algunas de sus obras son citadas en “Sanadores y espiritistas” de José Ignacio Allevi, de la Universidad Nacional de Rosario, República Argentina (10).
En Barcelona apareció su volumen titulado: “Los Secretos de la Educación y la Salud”, que lleva fecha 1864 (figura 8) (2) y en Málaga: “Cartilla filosófica para aprender a leer” de 1869 (figura 9) (11,12).
Tuvo intereses variados. Fue además un fotógrafo itinerante.
En 1853 estaba en el Cusco; en 1855 en Tacna, Perú formando fotógrafos de la zona sobre vidrio y papel; en 1858 en Tucumán, Argentina; en 1859 en Córdoba realizando retratos heliográficos en su propio establecimiento, una técnica que superaba al daguerrotipo.
En el periódico cordobés “El Imparcial” del 25 de febrero de 1859 invitaba a probar esos hermosos retratos a todo color sobre papel (13).
Buño encontró en Anales Históricos del Uruguay, de Eduardo Acevedo la siguiente cita sobre su actividad fotográfica en Montevideo: “El Colegio de los Padres Escolapios, a cuyo amplio programa de estudios fueron incorporados en 1861 un curso de fotografía dirigido por don Antonio Díaz de la Peña (sic)…” (14). No se conocen ejemplos fotográficos que lleven su nombre.
Díaz Peña tradujo (o hizo traducir) el libro londinense de Johnson, pues “la mayor parte de su contenido está tomado de esos célebres doctores de Londres... Desde que la hidropatía ha sido puesta en práctica por [Vincenz] Priessnitz [1799-1851, el iniciador, con instituto en Gräfenberg [Alpes de Silesia, Imperio
Austro-Húngaro, 1826] y reducida a sistema científico por el Dr. Howard Johnson [hijo de Edward], no hay un solo ejemplo de haberse desgraciado un solo enfermo sometido al tratamiento. En Montevideo, muchos casos de enfermedades agudas y crónicas, desahuciados por los médicos, y ya casi a las puertas de la muerte, han sido curados radicalmente por este sistema. La hidropatía rejuvenece al anciano y prolonga su vida, desarrolla y robustece al joven, y es el elixir vitae de la infancia”.
Juicios exagerados, pero no muy distintos al de los médicos de la época.
El manual describe múltiples formas de tratamiento externo por el agua y baños combinados. Facilita su consulta por el interesado un útil índice alfabético de enfermedades y síntomas, una innovación en su época, al modo de los manuales homeopáticos. Es decir, del síntoma al tratamiento. Esto facilitó la difusión del método hidro y homeopático, pues ningún manual médico era asequible y entendible al ciudadano común.
La hidropatía, según Díaz Peña es una “ciencia divina” cuyo punto de partida se encuentra en el sacramento del bautismo “instituido por el hijo de Dios hecho hombre” que purifica el pecado original. Alusión a Juan el Bautista, que bautizaba sumergiendo la cabeza del postulante en el agua. Agregó así al efecto curativo del agua, una dosis de propiedades evangélicas. En una sociedad de raigambre católica, no estaba de más sumar algo de providencia divina. Hoy diríamos, marketing. Una mirada general al Manual de Diaz Peña (pues su lectura es un verdadero suplicio) permite extraer los siguientes capítulos:
a) observaciones higiénico-dietéticas generales;
b) enumeración de 74 tipos de baños, desde la cabeza a los pies;
c) fuerza terapéutica de los baños, desde el más leve
(fricciones) al más intenso (duchas);
d) la “crisis” como respuesta necesaria al tratamiento;
e) reglas generales para conservación de la salud;
f) los diferentes tipos de orina y su relación con las enfermedades;
g) tratamiento de las enfermedades, que es la parte más extensa de la obra.
Preconizó la admisión de los médicos hidrópatas y homeópatas en los hospitales de la República. Sobre este punto, se sabe que hubo numerosos establecimientos hidropáticos (más bien hidroterápicos) o “casas de baños” que fueron muy populares en Montevideo.
En el interior bien conocida fue la clínica “Fe, Esperanza y Caridad” de Luis Curbelo Báez, seguramente el más importante, ubicado en la ciudad de Minas, Uruguay (figura 10). Fue un típico sanatorio de hidropatía, donde ejerció como directora técnica su hija, la médico Aurora Curbelo Larrosa (15).
Su padre tenía veleidades de hidrópata, pero también de mago: creía en sus virtudes magnetizadoras y en la influencia terapéutica de corrientes eléctricas que salían por la punta de sus dedos. Cuando José Enrique Rodó viajó a Europa, no dejó de asistirse en el establecimiento hidroterápico de Montecatini, en Pistoia, Italia. El 20 de agosto de 1916 llegó a esa estación balneo-termal Regias Termas de Montecatini, cercana a Florencia. A sus aguas termales se concurría buscando efectos terapéuticos mediante baños y dieta.
El agua de Montecatini bebida tenía propiedades laxantes (las purgas eran muy populares para tratar las enfermedades por su efecto “desintoxicante intestinal”). La estación balnearia duraba de abril a noviembre (Rodó estuvo en agosto) y la cura se proponía entre dos y tres semanas (16).
Por la resistencia ejercida por los médicos alópatas de Montevideo, no creo que la hidropatía se haya empleado a nivel hospitalario. Pero el agua fría se empleó en el Manicomio Nacional como tratamiento en forma de ducha, disponiendo de un gabinete específico.
Según la Memoria de la Comisión de Caridad y Beneficencia Pública se cuenta con un completo servicio de hidroterapia para baños no sólo higiénicos sino terapéuticos, según prescripción médica, siendo estos últimos aplicados en número aproximado de 480 diarios (17).
Hay constancia del rotundo fracaso del otro sistema terapéutico también resistido, la homeopatía, cuya aula en la Facultad de Medicina terminó vergonzosamente (18).
¿QUE FUE DE DÍAZ PEÑA?
En el periódico La Prensa Oriental del viernes 28 de junio de 1861, bajo el título Hidropatía Doméstica y con sus iniciales A.D.P. ofreció el Manual en venta “a fin de que esta utilísima obra penetre por todas las clases de la sociedad” hasta el 30 del corriente “día de mi partida” a dos patacones en el registro de don Juan Roig, calle del 25 de Mayo número 237. Díaz Peña no quedó entre nosotros. Proyectó un viaje a Europa y de llegar a Londres, se propuso editar un periódico que llamaría “El Eco de la Razón” dedicado a la hidropatía, del cual no se tienen noticia (3).
No se sabe si llegó a Londres, pero sí a España. Reeditó en Barcelona su Manual en 1864 (aunque fue escrito en 1863) y se presume que se estableció en la península. Y allí le se le pierde la pista.

Figura 8. A. Díaz Peña, edición de Barcelona, 1864 (11).

Figura 9. A. Díaz Peña, edición de Málaga, 1869 (12).

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Figura 10. El hidrópata y magnetizador Luis Curbelo Báez (de pie en la escalera) con sus enfermos en su sanatorio Fe, Esperanza y Caridad de la ciudad de Minas, Uruguay (fotografía original en el archivo del autor).
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(1) Barrán JP. Medicina y sociedad en el Uruguay del novecientos. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental, 1992-1995, 3 volúmenes.
(2) Soiza Larrosa A. Supervivencia de la medicina primitiva y empírica. Parte 1. Salud Mil 2020; 39(1):75-85. https://doi.org/10.35954/SM2020.39.1.9
(3) La Prensa Oriental. Año III, Nº 670. Montevideo, viernes 28 de junio de 1861.
(4) Buño W. La hidropatía en el Uruguay, Ses. Soc. Urug. Hist. Med. 1987; III:101-116.
(5) Johnson E, Johnson W, Johnson H. The Domestic Practice of Hydropathy, 1a. ed., London: Simpkin, Marshall & Co., 1849.
(6) Estrada D. Historia y bibliografía de la imprenta en Montevideo 1810-1865, Montevideo: Librería Cervantes, 1912, p. 262.
(7) Mañé Garzón, F, Burgues Roca S. Publicaciones Médicas Uruguayas de los siglos XVIII y XIX, Montevideo, UDELAR-Facultad de Medicina, 1996, p. 28.
(8) Buño W. La hidropatía y la Cátedra de homeopatía en la Facultad de Medicina. Parte I. Noticias del Sindicato Médico del Uruguay 1975, Nº 117.
(9) Fernández Saldaña JM. Mombrú, el médico del agua fría. Supl. Dominical El Día, Montevideo, Año V, Nº 177, 31 de mayo de 1936.
(10) Allevi, JI. Sanadores y espiritistas. Indicios para una reflexión sobre la condición global de las artes de curar en la Argentina moderna (Santa Fe, 1854 y 1887). Diálogo andino 2023; (72):27-41. https://doi.org/10.4067/S0719-26812023000300027
(11) Díaz Peña A. Los secretos de la educación y la salud. Dedicada al bello sexo en general y A las madres de familia en particular. Barcelona: Imprenta de Manuel Sauri, 1864 144 p.
(12) Díaz Peña, A. Cartilla filosófica para aprender a leer correctamente con suma facilidad sin cansar la memoria y en cierto tiempo. Sistema gradual y progresivo. Málaga, Imprenta y Librería del Avisador Malagueño, 1869. 144 p.
(13) Enfocados. Antonio Díaz Peña. [sitio web]. [1 pantalla]. Córdoba, Argentina, 2020. Disponible en: https://enfocadoscordoba.com/content/diaz-pena -antonio/ [Consulta 27/03/2025].
(14) Acevedo E. Anales Históricos del Uruguay. Tomo III. Montevideo: Barreiro y Ramos, 1933, p. 212.
(15) Turnes A. Aurora Curbelo Larrosa (1881 - 1962). El primer libro de una médica uruguaya, y el primero sobre Fisioterapia y Psicoterapia. El diario médico 2024; XXVII(274):2-4. Disponible en: https://www.eldiariomedico.com.uy/diarios/a27/ diario%20medico%20274.pdf [Consulta 27/03/2025].
(16) Soiza Larrosa A. “¿Tuvo chance de sobrevivir el escritor uruguayo José Enrique Rodó? Su muerte en Palermo, Sicilia en 1917”. Revista Histopía. Publicación de Filosofía e Historia Universal. Buenos Aires 2022; III(18):35-36. Disponible en: https://drive.google. com/file/d/12PHRITduBCQBSe9CxKoz3IeWeuKu aDlt/view [Consulta 06/12/2024].
(17) Comisión Nacional de Caridad y Beneficencia Pública. Sus establecimientos y Servicios en 1905. Montevideo: Escuela Nacional de Artes y Oficios, 1907, p. 322.
(18) Turenne A. Historia de la Facultad de Medicinade Montevideo. Vida, pasión y muerte de la Cátedra de Homeopatía. Arch. Urug. Med. Cir. Espec., 1946; 28:427-455. 576-597.
CONTRIBUCIONES AL MANUSCRITO:
(a) Concepción, diseño, adquisición de datos, análisis de resultados, redacción y aprobación de la versión final.
NOTA: este artículo fue aprobado por el Comité Editorial.