
Publicación de la D.N.S.FF.AA.
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ble y signos de hemorragia interna (shock hipovo-
lémico), que requiere nefrectomía de urgencia (1).
La principal complicación de los AML, que pue-
de ser de extrema gravedad, es el sangrado. La
existencia de vasos anormales dentro de la lesión
(aneurismas) explica la predisposición a las hemo-
rragias dentro del tumor y en el retroperitoneo. Los
AML mayores de 4 cm pueden presentar hemorra-
gias espontáneas en un 50-60% de los casos (2).
En el caso de esta paciente se destaca el tamaño
del AML, su presentación con dolor y tumoración
palpable a pesar de lo cual no se detectó hemo-
rragia tumoral como complicación.
El diagnóstico de AML renal es imagenológico por
TC o Resonancia Magnética (RM) y se basa en
la presencia de grasa en el tumor. Con excepción
del lipoma perirrenal y del liposarcoma, la presen-
cia de grasa en un tumor renal no calcicado, es
altamente especíco de AML.
La ecografía abdominal ha incrementado la detec-
ción de los tumores renales asintomáticos, siendo
el angiomiolipoma y el carcinoma renal los más
frecuentemente detectados. El angiomiolipoma se
ve como una masa hiperecogénica bien delimita-
da. Esta hiperecogenicidad se debe a la interface
acústica entre el tejido graso y el músculo liso, lo
cual hace del angiomiolipoma el más ecodenso
de los tumores renales. Pueden presentar áreas
hipoecogénicas en caso de necrosis o hemorra-
gia antigua.Tanto el carcinoma de células renales
(CCR) como el AML pueden presentar caracterís-
ticas ecográcas similares. Las lesiones renales
ecogénicas deben estudiarse en forma comple-
mentaria con TC o RM a n de denir la presencia
de grasa intratumoral. Es excepcional la presen-
cia de grasa en el CCR (3).
En la TC el AML se presenta como un tumor he-
terogéneo, con contenido de densidad grasa y de
partes blandas, que incrementa en forma varia-
ble con el contraste de acuerdo a su contenido de
músculo liso y vasos. La detección de pequeñas
cantidades de grasa requiere un criterio diagnós-
tico estricto, con un umbral de atenuación de me-
nos 20 UH o menor.
Dado que el angiomiolipoma puede crecer exofí-
ticamente, es frecuente su extensión al espacio
perirrenal, quedando siempre un pequeño defecto
en el parénquima renal en su lugar de origen. La
demostración de una muesca en el parénquima
renal, la presencia de vasos dilatados o aneuris-
máticos y la multiplicidad de las lesiones colabo-
ran en el diagnóstico tomográco de AML (3,4).
Si la TC no es diagnóstica, se debe recurrir a la
RM, utilizando secuencias dinámicas con contras-
te y técnica de supresión grasa (3). La resonancia
magnética (RM) está indicada en aquellos casos
en los cuales existe la duda de la presencia de
grasa intratumoral ya que ésta puede ponerse en
evidencia con la técnica de supresión grasa, o
cuando la TC con contraste intravenoso estuviera
contraindicada. Otras indicaciones de la RM son
un tumor voluminoso y/o con trombo en la vena
renal o cava en que los cortes sagitales permi-
ten el diagnóstico de extensión y relaciones con
órganos vecinos. El diagnóstico diferencial de un
AML renal cuando posee gran tamaño es con el
liposarcoma. Ambas son masas retroperitoneales
con contenido graso. En ocasiones, sus aparien-
cias son muy similares, e inclusive su diagnóstico
histológico presenta dicultades. Sin embargo, su
diferenciación es importante ya que el pronóstico
y tratamiento son diferentes.
Comparativamente, el liposarcoma nace en la
grasa retroperitoneal, incluyendo la grasa pe-
rirrenal, dentro de la fascia de Gerota, asociados
frecuentemente a la cápsula renal y por ello lla-
mados liposarcomas capsulares. Cuando crecen
desplazan, comprimen y distorsionan el riñón,
pero no invaden el parénquima renal adyacente.
Por otra parte, el angiomiolipoma contiene vasos
aumentados de tamaño, que sólo pueden ser
vistos en las TC contrastadas, mientras que los
liposarcomas bien diferenciados son relativamen-
te avasculares y los vasos presentes no están
agrandados, siendo éste un signo auxiliar para el
diagnóstico. También debe considerase como sig-
no auxiliar el hecho de la multiplicidad de lesiones
encontradas en el AML (4).