
LA IATROGENIA DEL SABER MEDICO
Eq.S.O.M. (Psic.) David M. Karp
Y de esta forma se termina satisfaciendo tanto el
deseo "mágico" de cura del paciente, como el deseo de
curar por parte del médico.
La religión y la medicina pierden su fuerza por la
incredulidad, y la adquieren por la fe.
Aristarco (Grecia N160 AC-?).
Investiguemos aquella situación donde el médico
trata con un paciente, con una familia y una patología.
CENTREMONOS EN EL PACIENTE
Él, con su enfermedad, va a ser el "detonante" de
toda la problemática que deberá ser resuelta por los
demás ya que el enfermo convalece o agoniza.
Al igual que "la muestra" en el Truco, el paciente, a
partir de su enfermedad otorgará significado a una
serie de situaciones dentro del grupo familiar en que él
se encuentra enfermo.
Tomemos en cuenta que aquellos aspectos que
tenía a cargo el enfermo dentro del grupo familiar, en
estos momentos "No hay quién se haga cargo". La
situación del enfermo como consecuencia de su estado
personal le impide seguir asumiendo roles vinculados
con su autovalidez, requiere que le sean aportados
más cuidados, entonces al núcleo familiar se le crean
nuevas obligaciones.
Esas responsabilidades les exigen al familiar en lo
personal dedicación, dinero, tiempo; en lo grupal,
asumir la nueva demanda en el cuidado del enfermo.
Se requiere un cambio de actividades y roles
debiéndose elaborar por parte del grupo familiar la
ansiedad que todos esos cambios implican - lo que no
siempre es posible.
Entre todo el bagaje de problemas que el enfermo
está incapacitado de asumir y resolver, deberemos
recordar los referentes a los aspectos socioafectivos
que "alguien" deberá hacerse cargo.
Con respecto a la familia deberemos tomar en
cuenta que al analizar a los grupos familiares se
observa que el hoy enfermo, mientras conservaba su
salud satisfacía las necesidades del grupo, permitía
establecer con él un buen vínculo afectivo, el cual pasa
a ser frustraste a partir de su enfermedad en el
momento que deja de satisfacer las demandas y los
deseos de los demás. Pasa a ser un vínculo negativo
en donde la hostilidad - manifiesta o no - es
permanentemente realimentada debido a que, se
producen aumentos en la conflictividad entre el grupo
familiar, y el enfermo.
El problema detonante o crítico es casi siempre "la
división de las responsabilidades" por las diferencias
generadas en el reparto no equitativo del trabajo o de
las exigencias económicas que el cuidado del enfermo
trae aparejado. Se crean tensiones, controversias,
disgustos, o alejamientos dentro del grupo familiar.
La nueva situación intrafamiliar es vivida bajo
distintas formas de violencia por cada uno de sus
integrantes. Cada uno está dispuesto "a aportar" al
cuidado del enfermo en la medida en que ha podido
elaborar y asumir el vínculo con el ser querido. Entre
otras cosas, los hijos ven en la problemática de su
padre o de su madre, la posibilidad de que en el futuro
también ellos se encuentren en la misma situación.
Un miembro de un grupo, siguiendo el proceso
natural de división del trabajo, se hace responsable de
los aspectos negativos o atemorizantes de la tarea del
cuidado del enfermo, (su cuidador) en un acuerdo tácito
en el que se compromete tanto él como los otros
miembros de la familia, a encarar así el problema. Este
miembro será encargado de mantener lejos del resto
de los familiares toda problemática del enfermo,
debiéndose ocupar él mismo de resolver casi todos los
problemas. Para la familia el problema queda reducido
al enfermo y a su cuidador. Ambos en tanto que son el
problema, resultan segregados del ámbito familiar, ya
que cada contacto con el familiar-cuidador remite
siempre a la situación del enfermo, al conocido " vos
sabes que se necesitaría... y yo ya no puedo", y se
pasa a evitar tanto al enfermo como a su cuidador. La
presión grupal hace que la angustia y la agresividad
que éste rol genera al cuidador sólo pueda ser dirigida
hacia una persona, el causante y culpable de todo: el
enfermo.
La dinámica intrafamiliar podría buscar otra
solución, pero permanentemente tropieza con su propia
incapacidad de redistribuir la tarea del cuidado del
enfermo ya que esto implicaría una redistribución de las
ansiedades y angustia que el enfermo genera y que ya
han sido depositadas en el cuidador. Respuestas tales
como " Yo no puedo, no tengo lugar en mi casa" o " no
puedo dedicarle el tiempo que necesita, tengo que
alimentar a mi familia" o " vos que sos la soltera tenés
menos responsabilidades", etc.
El enfermo no puede hacerse cargo, la familia no
puede hacerse cargo, el cuidador ya no puede hacerse
cargo...
¡El médico y su saber acuden al rescate
de toda la situación!
No basta que el médico haga por su parte cuanto
debe hacer, si por la suya no concurren
al mismo objeto el enfermo, los asistentes
y demás circunstancias exteriores.
Hipócrates
Todo problema se resuelve a través de la famosa
frase " el médico dijo que...".
Es más, cuando intrafamiliarmente se discute algún
problema, citar al saber médico es una forma de dar
por terminado la discusión o resolver el problema.
Y, a pesar que el médico lo desconozca, se esta
haciendo cargo de la angustia familiar, resolviendo los
problemas familiares. Tanto el paciente como su
familia, gracias a su saber, inconscientemente lo han
colocado en el lugar del saber omnipotente, desde el
cuál una palabra u otra podrán decidir una serie de
situaciones que ni el mismo médico llega a imaginarse
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